Karl Marx a Ferdinand Freiligrath 
en Colonia 
París, 31 de julio de 1849 

31 de julio. 
¡Querido Freiligrath! 

Te confieso que la conducta de L[assalle] me asombra en grado sumo. Yo 
me había dirigido personalmente a él, y como en un momento dado yo mismo 
le presté dinero a la condesa, y, por otro lado, conozco el afecto que L. me 
tiene, estaba muy lejos de prever semejante compromiso. Por el contrario, 
yo le había recomendado la máxima discreción. Prefiero el mayor de los 
apuros a una mendicidad pública. Por eso le he escrito. 

La historia me enfurece de manera indecible. 

Hablemos de política, pues eso aparta de esta basura privada. En Suiza, 
la complicación se agrava cada vez más, y ahora se suma, del lado italiano, 
Saboya. Parece que Austria tiene el plan de, en caso de necesidad, 
resarcirse en Italia de lo de Hungría. Una incorporación austríaca 
de Saboya rompería, empero, el cuello al actual gobierno francés, si 
la tolerase. La mayoría de la cámara francesa se halla en plena 
descomposición. La derecha se escinde en los filipistas puros, en los 
legitimistas que votan con los filipistas y en los legitimistas puros, que 
en los últimos días han votado con la izquierda. El plan de Thiers y 
compañía es hacer de Luis Napoleón un cónsul por diez años, hasta la 
mayoría de edad del conde || de París, quien deberá entonces ocupar su 
lugar. Si la asamblea, como es casi seguro, restablece los droits 
sobre las bebidas, se echará encima a todos los viticultores. Cada una 
de sus medidas reaccionarias le arranca una nueva parte de la 

población. 

Pero lo principal en este momento es Inglaterra. No hay que engañarse 
en cuanto al llamado partido de la paz, cuyo jefe reconocido es Cobden. 
Tampoco hay que engañarse acerca del “entusiasmo desinteresado” de 
los ingleses por Hungría, que, a lo largo y ancho del país, organiza 
meetings. 

El partido de la paz no es más que un disfraz del partido del libre comercio. 
El mismo contenido, el mismo fin, los mismos jefes. Así como los librecambistas 
atacaron a la aristocracia en su base material en el interior, aboliendo 

las leyes de cereales y de navegación, así la atacan ahora en su política 
exterior, en su entramado y ramificación europeos, tratando de romper 
la Santa Alianza. Los librecambistas ingleses son burgueses radicales 
que quieren romper radicalmente con la aristocracia para dominar sin 
trabas. Lo que pasan por alto || es que, de este modo, malgré eux, llevan 
al pueblo a la escena y al poder. Ninguna explotación de los pueblos 
por la guerra medieval, sino puramente por la guerra comercial: he ahí 
el partido de la paz. La intervención de Cobden en el asunto húngaro 
tenía un punto de apoyo inmediatamente práctico. En este momento, 
Rusia busca contraer un empréstito. Cobden, el representante de la 
burguesía industrial, prohíbe este negocio a la burguesía monetaria, 
y en Inglaterra la industria domina sobre el banco, mientras que en 
Francia el banco domina sobre la industria. 

Cobden ha librado contra los rusos una batalla más temible que Dembinski 
y Görgey. Ha puesto al descubierto el estado lamentable de sus finanzas. 
Es, dice él, the most wretched nation. Las minas siberianas reportan 
anualmente al Estado sólo 700.000 libras esterlinas; el impuesto sobre 
el aguardiente le reporta diez veces más. La reserva de oro y plata en 
los sótanos del banco de Petersburgo asciende, ciertamente, a 14.000.000 
de libras esterlinas, pero sirve como reserva metálica para una circulación 
de papel de 80.000.000 de libras esterlinas. Si el emperador recurre, 
pues, a los sótanos del banco, deprecia el papel moneda, provoca una 
revolución en la propia Rusia. || El coloso absolutista no puede, por tanto, 
moverse, exclama el orgulloso burgués inglés, sin nuestro pump ¡y no prestamos! 
Libramos, por la vía puramente burguesa, una vez más la guerra de la 
burguesía contra el absolutismo feudal. El becerro de oro es más poderoso 
que todos los demás becerros que ocupan los tronos del mundo. Naturalmente, 
en lo tocante a Hungría, los librecambistas ingleses tienen también un interés 
directo. En lugar del presente bloqueo austríaco, tratado comercial y una 
especie de libre comercio con Hungría. El dinero que ahora, de hecho, 
hacen llegar en secreto a los húngaros, están seguros de recuperarlo 
“con ganancia e intereses” a través del comercio. 

Esta actitud de la burguesía inglesa frente al despotismo continental 
es la inversión de la campaña que libraron contra Francia de 1793 a 1815. 
No se puede conceder suficiente importancia a este desarrollo. 

Recibe los mejores saludos de mi parte y de mi esposa para ti y para la tuya 

Tuyo 
K. Marx