. ..El mismo día que le escribí a Marx (desde Kaiserslautern) llega- ron noticias de que Hamburgo había sido ocupada por los prusianos y que, en consecuencia, habían sido cortadas las comunicaciones con Pa- rís. De modo que no pude despachar la carta y fui a lo de Willich. En Kaiserslautern yo me había desvinculado totalmente de la llamada revo- lución; pero cuando llegaron los prusianos no pude resistir el deseo de mezclarme en la guerra. Willich era el único oficial que servía para al- go, por lo cual lo entrevisté y me convertí en asistente suyo. Estuve en cuatro encuentros, de los cuales dos fueron bastante importantes, espe- cialmente el que tuvo lugar en Rastatt, y descubrí que el tan cacareado coraje de arrojarse a la batalla es la más común de las cualidades que cualquiera pueda poseer. El silbido de las balas es cosa pequeña, y a pesar de gran dosis de cobardía no llegué a ver, en toda la campaña, una docena de personas que se comportasen cobardemente durante la

CORBESPONDENCIA 29

lucha. Pero en cambio había mucha “valiente estupidez”. Para terminar, me fue bien en todas partes, y al fin de cuentas es bueno que estuviera presente alguno de la Neue Rheinische Zeitung, porque estaba toda la canalla democrática de Baden y el Palatinado, y se están jactando de todas las acciones heroicas que jamás cumplieron. Hubiéramos vuelto a oír la misma historia: los caballeros de la Neue Rheinische Zeitung son de- masiado cobardes para luchar. Pero de todos los caballeros democráticos, Kinkel y yo fuimos los únicos que peleamos. Kinkel se alistó en nuestro cuerpo como mosquetero y se comportó bastante bien; en el primer en- cuentro en que tomó parte una bala le rozó la cabeza y fue tomado prisionero.

Una vez que nuestro cuerpo hubo cubierto la retirada del ejército de Baden, nos encaminamos, 24 horas después que todos los otros, hacia Suiza, y ayer llegamos aquí, a Vevey.

Ye Engels hace un excelente y detallado relato de la insurrección de 1849 en Baden y el Palatinado, en su scrie de artículos sobre Die Deutsche Reichsverfassungskampagne (La campaña por una Constitución alemana).

El 18 de mayo de 1849, Marx recibió la orden de su expulsión de Colonia, y el 19 de mayo apareció —impreso en rojo— el último número de la Neue Rheinische Zeitung. Después de abandonar Colonia, Marx y Engels fueron primero a Baden y luego al Palatinado, donde se con- vencieron de que las organizaciones revolucionarias no habían hecho ningún preparativo militar en esos distritos, que se suponía afectados por el levantamiento. La frontera no estaba custodiada, ni se habían tomado medidas para extender la insurrección. Los líderes del movi- miento eran demócratas pequeñoburgueses que predominaban en los “Comités de salud pública” y en los “Gobiernos provisionales”, pero no hacían otra cosa que hablar. Marx fue a París porque allí se esperaba acontecimientos decisivos. Engels se quedó y tomó parte en la guerra. Así fue cómo pudo observar en la práctica a la pequeña burguesía en su papel en la revolución, volcando los resultados de sus experiencias en los artículos antes mencionados. Ahí escribe lo siguiente sobre la pequeña burguesía:

“La historia de todos los movimientos políticos desde 1830, tanto en Alemania como en Francia e Inglaterra, invariablemente nos muestra a esta clase hablando fuerte, formulando ruidosas protestas e incluso empleando a veces frases extremas, tan largas cuanto pue- dan hacerlas sin riesgo; nerviosos, cautos y conciliadores tan pronto como se acerca el menor peligro; asombrados, ansiosos, vacilantes, tan pronto como el movimiento que ellos mismos excitaron es toma- do ¡y en serio! por otras clases; traicionando a todo el movimiento en aras de su existencia pequeñoburguesa, tan pronto como llega a la toma de las armas y a la lucha; y finalmente, gracias a su in- decisión, siempre bien defraudados y maltratados una vez que ha triunfado el partido reaccionario...”

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Pero, detrás del grueso de la pequeña burguesía hay otras clases y grupos que se manificstan con mayor energía: el proletariado y el sector más avanzado de la pequeña burguesía.

“Estas clases, con el proletariado de las grandes ciudades a la cabeza, tomaron las ruidosas promesas en favor de la Constitución nacional más en serio de lo que querían los agitadores pequeñobur- gueses. Si la pequeña burguesía, como lo juraba a cada minuto, estaba dispuesta a sacrificar 'su propiedad y su sangre” por la Cons- titución nacional, los obreros —y en muchos distritos también los campesinos— estaban listos para hacer lo mismo, con la condición —perfectamente conocida por todos los partidos, aunque no mencio- nada— de que, una vez conquistada la victoria, la pequeña burgue- sía tendría que defender esa misma Constitución nacional en contra de esos mismos proletarios y campesinos.”

Al resumir los resultados de las luchas políticas de esos años de revclución, escribía Engels en 18506:

“Ahora que [la campaña en favor de una Constitución nacional] se ha perdido, la única posibilidad de victoria reside en la monar- quía feudal burocrática levemente constitucionalizada, o bien en una revolución genuina. Y la revolución ya no puede ser llevada a cabo en Alemania a menos «que culmine en el predominio com- pleto del proletariado.”

También en el Mensaje del Comité Central de la Liga de los Co- munistas a sus miembros, de marzo de 1850, figura un excelente análisis de las experiencias de las luchas revolucionarias.

Engels volvió sobre el problema de la democracia pequeñoburguesa y su papel en la revolución, en una carta a Bebel, del 11 de diciembre de 1884 (núm. 193 en este volumen).

Willich, August (1810-1878). Ex oficial prusiano de artillería. Re- publicano convencido, se retiró del servicio en 1846. Tomó parte activa en la revolución de 1848-1849. Después del aplastamiento de la revuelta, emigró a Londres. Junto con Karl Schapper fue el líder de la fracción de “izquierda” de la Liga Comunista. A fin de ganarse la vida apren- dió el oficio de carpintero. Viajó a Norteamérica en 1853. Al principio trabajó allí como carpintcro y en 1858 se hizo periodista. Durante la guerra civil del Norte contra el Sur (1861-1885) peleó del lado de los norteños, distinguiéndose y llegando a general. Después de la guerra ingresó en la administración pública y ocupó elevados cargos en Cinci- nnati. En 1870 volvió por un tiempo a Alemania. Murió en Estados Unidos. En su nota final a las Revelaciones sobre el proceso a los co- munistas de Colonia, escribe Marx: “En la guerra civil de Norteamérica, Willich demostró ser algo más que un visionario”. (Ver también la carta 31 y la nota.)

KinkeE1, Gottfried (1815-1882). Escritor y pocta alemán, demócrata burgués que tomó parte en la revolución de 1848. Arrestado y senten- ciado a prisión perpetua en una fortaleza, logró evadirse. Como refu- giado en Londres, desempeñó un papel ridículo y fue uno de los princi- pales intrigantes contra Marx entre los refugiados enzarzados en rencillas fraccionistas y mutuas calumnias, en lugar de dedicarse al trabajo revo- lucionario serio, por lo cual cayeron en el estancamiento.