Friedrich Engels a Emil Blank  
en Londres  
París, 28 de marzo de 1848

Querido Emil:  
Hoy he recibido las cuatro primeras mitades de los billetes de 5 libras y te ruego me envíes inmediatamente las otras mitades, pues tengo que marcharme lo antes posible. Te agradezco mucho tu buena disposición para ayudarme con prontitud en esta emergencia. Tu abono a la Rheinische Zeitung está registrado.

Por lo que respecta a los partidos de aquí, en rigor hay tres grandes, sin contar los pequeños (legitimistas y bonapartistas, que se limitan a intrigar, meras sectas sin influencia en el pueblo, en parte ricos, pero sin ninguna esperanza de victoria). Estos tres son: primero, los vencidos del 24 de febrero, es decir, los grandes burgueses, los especuladores de la Bolsa, banqueros, fabricantes y grandes comerciantes, los viejos conservadores y liberales. Segundo, los pequeños burgueses, el estamento medio, la masa de la Guardia Nacional que el 23 y 24 de febrero se puso del lado del pueblo, los «radicales sensatos», los hombres de Lamartine y de Le National. Tercero, el pueblo, los obreros parisinos, que ahora mantienen ocupado París con fuerza armada.

Los grandes burgueses y los obreros se enfrentan directamente. Los pequeños burgueses desempeñan un papel intermediario, pero muy miserable. Estos últimos, sin embargo, tienen la mayoría en el gobierno provisional (Lamartine, Marrast, Dupont de l’Eure, Marie, Garnier-Pagès y a veces también Crémieux). Ellos, y con ellos el gobierno provisional, vacilan mucho. Cuanto más tranquilo está todo, más se inclinan el gobierno y el partido pequeñoburgués hacia la gran burguesía; cuanto más agitado está, más se unen de nuevo a los obreros. Así, recientemente, cuando los burgueses volvían a haberse vuelto terriblemente insolentes y emprendieron incluso una marcha de 8.000 guardias nacionales al Ayuntamiento para protestar contra un decreto del gobierno provisional y, en particular, contra las enérgicas medidas de Ledru-Rollin, lograron realmente amedrentar a la mayoría del gobierno y sobre todo al blando Lamartine, hasta el punto de que éste desautorizó públicamente a Ledru. Pero al día siguiente, el 17 de marzo, 200.000 obreros marcharon al Ayuntamiento, declararon su confianza incondicional en Ledru-Rollin y obligaron a la mayoría del gobierno y a Lamartine a retractarse. Así que, por el momento, vuelven a predominar los hombres de La Réforme (Ledru-Rollin, Flocon, Louis Blanc, Albert, Arago). De todo el gobierno, ellos son los que mejor representan aún a los obreros, y son comunistas sin saberlo. Por desgracia, el pequeño Louis Blanc se está cubriendo de ridículo con su vanidad y sus planes descabellados. Dentro de poco sufrirá un ridículo espantoso. Pero Ledru-Rollin se conduce muy bien.

La mayor desgracia es que el gobierno, por una parte, tiene que hacer promesas a los obreros y, por otra, no puede cumplir ninguna porque no tiene el valor de procurarse los medios de dinero necesarios mediante medidas revolucionarias contra los burgueses: fuertes impuestos progresivos, impuestos sobre la herencia, confiscación de la propiedad de todos los emigrados, prohibición de la exportación de dinero, banco estatal, etc. Se deja que los hombres de La Réforme prometan, y luego se les pone en la imposibilidad de cumplir lo prometido mediante acuerdos sumamente insulsos y conservadores.

En la Asamblea Nacional entra ahora un elemento nuevo: los campesinos, que constituyen las ¾ partes de la nación francesa y están por el partido de Le National, los pequeños burgueses. Es muy probable que este partido triunfe, que los hombres de La Réforme caigan y entonces haya de nuevo una revolución. También es posible que los diputados, una vez en París, se den cuenta de cómo están las cosas aquí y de que sólo los hombres de La Réforme son sostenibles a la larga. Pero esto no es probable.

El aplazamiento de las elecciones por 14 días es asimismo una victoria de los obreros parisinos sobre el partido burgués.

Los hombres de Le National, Marrast y comparsa, se portan, por lo demás, muy mal. Viven a lo grande y procuran a sus amigos palacios y buenos puestos. Los de La Réforme son completamente distintos. He estado un par de veces con el viejo Flocon; el tipo vive como antes, en una mala vivienda, en el quinto piso, fuma tabaco ordinario en una vieja pipa de barro y sólo se ha comprado una bata nueva. Por lo demás, lleva un modo de vida tan republicano como cuando era redactor de La Réforme, y sigue siendo igual de amistoso, cordial y franco. Es uno de los tipos más valientes que conozco.

Hace poco he comido en las Tullerías, en las habitaciones del príncipe de Joinville, con el viejo Imbert, que fue refugiado en Bruselas y ahora es gobernador de las Tullerías. En las estancias de Luis Felipe están ahora los heridos tendidos en las alfombras, fumando pipas cortas. En la sala del trono han arrancado y destrozado los retratos de Soult y Bugeaud, y el de Grouchy está hecho trizas.

En este momento pasa, entre los sones de la Marsellesa, el cortejo fúnebre de un obrero fallecido a consecuencia de sus heridas. Por lo menos 10.000 guardias nacionales y pueblo armado lo acompañan, y los jóvenes petimetres de la Chaussée d’Antin tienen que acompañar el cortejo como guardias nacionales montados. Los burgueses echan espumarajos de que se rindan a un obrero semejantes honras fúnebres.

Tuyo  
F.E.  
París, 28 de marzo de 1848.

Karl Marx y Friedrich Engels a Adalbert von Bornstedt  
en París  
París, 1 de abril de 1848

Copia

A la nota depositada hoy por la mañana en casa de Marx por los señores Bornstedt y demás, sirva lo siguiente de respuesta:

1. A Marx no se le ocurre en absoluto responder ante nadie por artículo periodístico alemán alguno.  
2. A Marx no se le ocurre en absoluto responder ante un comité ni ante una diputación de la Sociedad Democrática Alemana, con la que no tiene nada que ver.  
3. Si los señores Bornstedt y Herwegh personalmente, y no como miembros de comité o sociedad alguna, exigen explicaciones, al señor Bornstedt ya se le ha dicho una vez en privado y una vez en público a quién han de dirigirse.  

París, 1 de abril de 1848  
22, rue neuve Saint Augustin  
Señores Bornstedt y demás.

Al señor  
señor Bornstedt