Friedrich Engels a Karl Marx
en París
Bruselas, 8-9 de marzo de 1848

¡Querido Marx!
Espero tener mañana una carta tuya.

Aquí todo está tranquilo. El domingo por la noche, Jott[rand] contó la historia contigo y tu mujer en la Association Démocratique. Llegué demasiado tarde para oírla, y solo escuché aún algunas furiosas observaciones flamencas de Pellering. También Gigot habló y volvió sobre el asunto. En la Emancipation] publicó Lubliner un artículo al respecto. Los abogados aquí están furiosos; Maynz quiere que se persiga judicialmente el asunto y que tú te constituyas en partie civile, por la violación de domicilio, etc. También Gig. debe presentar querella. Sería muy bueno que se hiciera, aunque el gobierno ha hecho saber que se destituiría al tipo. Castiau fue provisto ayer por Maynz de las actas necesarias para interpelar al respecto; creo que el asunto se presentará mañana o pasado mañana. El caso ha causado gran sensación y ha contribuido mucho a aplacar el odio a los alemanes.

El domingo pasado, a las 11 de la mañana, llevaron a Lupus a la estación y lo despacharon a Valencfiennes], de donde ha escrito y donde aún estará. No compareció ante ningún tribunal. ¡Ni siquiera lo pasaron por su casa para que recogiera sus cosas!

A mí no me han hecho nada. Según las frases que han dejado caer esos tipos, temen expulsarme porque entonces me dieron un pasaporte, cosa que podría hacérseles valer en su contra.

El asunto de Colonia es desagradable. Los 3 mejores están presos. He hablado con un participante activo en el asunto. Querían
lanzarse al ataque, pero en lugar de procurarse armas, que eran fáciles de obtener, se dirigieron al ayuntamiento, desarmados, y se dejaron rodear. Se afirma que la mayor parte de la tropa estaba a su favor. La cosa se inició de un modo irracionalmente torpe; si los informes de ese tipo son correctos, habrían podido atacar sin problemas y en 2 horas habrían acabado. Pero todo se planeó de una manera terriblemente torpe.

Nuestros viejos amigos de Colonia parecen haberse contenido mucho, aunque habían decidido sumarse al levantamiento. El pequeño D'E[ster],

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D[aniels], B[ürgers], estuvieron allí un momento, pero se marcharon enseguida, aunque el pequeño Dr. era precisamente necesario en el concejo municipal.

Las noticias de Alemania son, por lo demás, magníficas. En Nassau una revolución consumada; en Múnich, los estudiantes, pintores y obreros en plena insurrección; en Kassel, la revolución a las puertas; en Berlín, miedo y vacilación sin límites; en toda la Alemania occidental, proclamadas la libertad de prensa y la guardia nacional; por de pronto, eso basta.

¡Si al menos F[ederico] G[uillermo] IV se mantuviera obstinado! Entonces todo estaría ganado y en un par de meses tendremos la revolución alemana. ¡Si tan solo se aferrara a sus formas feudales! Pero el diablo sabe lo que hará este individuo caprichoso y chiflado.

En Colonia, toda la pequeña burguesía está por la adhesión a la república francesa; los recuerdos de 1797 predominan por el momento.

Tedesco sigue preso. No sé cuándo comparecerá ante el tribunal.

A causa de tu historia ha partido un artículo fulminante para el N[orthern] S[tar].

El domingo por la noche, en la sesión de la Asociación Democrática, calma notable. Se acordó una petición a las Cámaras por la disolución inmediata y nuevas elecciones según el nuevo censo. El gobierno no quiere disolver, || pero tendrá que hacerlo. Mañana por la noche se adoptará la petición y se firmará séance tenante. — La petición de Jottr. al alcalde y al concejo municipal ha recibido una respuesta muy cortésmente denegatoria.

De la calma que aquí reina no tienes ni idea. Ayer por la noche, carnaval, como de costumbre; de la república francesa apenas se habla ya. Los periódicos franceses se consiguen en los cafés casi sin dificultad ni espera. Si no se supiera que [las cosas] tienen que marchar, tant bien que mal, se creería que aquí todo ha terminado.

El domingo, Jottrand —en su furia por tu persecución— pronunció un discurso realmente bueno; las sévices de Rogier lo han llevado a reconocer el antagonismo de clase. Puso verde a los grandes burgueses y se metió en detalles —ciertamente ba[stante] triviales e ilusorios, pero de todos modos económicos— para demostrar a la pequeña burguesía que [una] clase obrera bien pagada y que consuma mucho es, en una república, mejor clientela para ellos que una corte y una aristocracia poco numerosa. Completamente à la O'Connor.

Se ha pasado la hora de echar esta carta al correo — concluiré mañana.
Jueves. Ninguna novedad — he visto tu artículo en la Réforme

— en Inglaterra también hay alboroto, tant mieux.

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Si a la llegada de esta no hubieras escrito aún, escríbeme enseguida.

En este momento, por pura ironía, llega mi equipaje de París — ¡me cuesta 50 francos!, con aduana, etc.

5 Adiós
Tuyo
Engels.

13 rue Neuve
Chaussée de Louvain, 9 de marzo.

10 El comisario-adjunto de policía que fue a tu casa ya debe de haber sido destituido.
El asunto ha causado gran indignación aquí entre los pequeños burgueses.

I Monsieur Charles Marx

aux soins de Madame Gsell

75, Boulevard Beaumarchais
15 París I

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