Friedrich Engels a Karl Marx  
en Bruselas  
París, 14 de enero de 1848  

Querido Marx:  

Si no te he escrito ha sido porque hasta hoy no he podido echarle el guante al maldito Louis Blanc. Decididamente, está poniendo mala voluntad en ello. Pero lo atraparé: voy todos los días o lo acecho en el café. Con el padre Flocon, en cambio, sí se puede hacer algo. Está encantado con la manera en que la _Brüsseler Zeitung_ y el _Northern Star_ han defendido la _Réforme_ contra el _National_. Ni siquiera las críticas contra L. Bl. y Ledru lo han hecho vacilar; y tampoco mi declaración de que ahora en Londres nos hemos decidido a presentarnos públicamente como comunistas. Él, naturalmente, hizo valer bonitas cosas: ustedes tienden al despotismo, matarán la revolución en Francia, tenemos once millones de pequeños campesinos que son al mismo tiempo los propietarios más rabiosos, etc., aunque también despotricaba contra los campesinos — pero, en fin, dice, nuestros principios son demasiado cercanos entre sí para que no debamos marchar juntos; en cuanto a nosotros, los apoyaremos tanto como esté en nuestro poder, etc.  

La historia con Mosi me ha divertido enormemente, aunque me fastidió que saliera a la luz. En Bruselas lo sabían, aparte de ti, solo Gigot y Lupus… y Born, a quien se lo conté una vez en París, en estado de embriaguez.  
En fin, da igual. ¡Moses amenazando con pistolas, exhibiendo sus cuernos por todo Bruselas, y encima en casa de Bornstedt! Debió de ser de lo más costoso. La invención de Ferd. Wolff con el protocolo me ha hecho morirme de risa… ¡y el Moses se lo cree! Por lo demás, si el burro insiste en su grotesca mentira de la violación, puedo obsequiarle con detalles anteriores, simultáneos y posteriores, que le harán perder oído y vista. ¡Pues esa burra de Balaam me hizo el pasado julio, aquí en París, una declaración de amor en toda regla, mezclada con resignación, y me confió los secretos más íntimos de su vida conyugal! Su furia contra mí es puro amor despechado. Por lo demás, en Valenciennes pensé en Moses solo en segunda instancia; en primera, quise vengarme de las vilezas que ella había cometido contra Mary.  

El vino fuerte se reduce a media botella de Burdeos. Es solo una lástima que el cornudo Sigfrido no haya hecho constar públicamente su desdichado estado en la asociación obrera. Por lo demás, está en libertad de tomarse el desquite con todas mis amantes actuales, pasadas y futuras, y le recomiendo para ello: 1) a la giganta flamenca que vive en el primer piso de mi antigua vivienda, 87 chaussée d’Ixelles, y se llama señorita Joséphine, y 2) a una francesa, Mlle Félicie, que llegará a Bruselas el domingo 23 del corriente en el primer tren de Colonia, para proseguir viaje a París. Sería lástima que no tuviera éxito con ninguna de las dos. Haz el favor de comunicarle estas referencias, para que reconozca mi franqueza. Le daré juego limpio.  

Heine está a punto de irse a pique. Hace 14 días estuve con él, estaba en cama y había sufrido un ataque de nervios. Ayer estaba levantado, pero en un estado sumamente lastimoso. Ya no puede andar tres pasos; se desliza apoyándose en las paredes, del sillón a la cama y viceversa. A ello se suma el ruido en su casa, que lo vuelve loco: carpinteros, martillazos, etc. También está algo decaído de ánimo. Heinzen quiso visitarlo, pero no fue recibido.  

Ayer estuve también en casa de Herwegh. Él y su familia tienen la gripe y reciben muchas visitas de viejas. Me dijo que el segundo tomo de L. Blanc queda completamente eclipsado por el enorme éxito del segundo tomo de Michelet. Yo aún no he leído ninguno de los dos, porque, por falta de dinero, no he podido abonarme al gabinete de lectura. Por lo demás, el éxito de Michelet solo se explica por su suspensión y su carácter burgués.  

Con la Liga las cosas van aquí de manera miserable. Jamás me había topado con semejante modorra y envidias mezquinas entre estos tipos. El weitlingianismo y el proudhonianismo son ciertamente la expresión más completa de las condiciones de vida de estos burros, y por eso no hay nada que hacer. Los unos son auténticos straubingerianos, viejos bribones; los otros, pequeños burgueses en ciernes. Una clase que vive de deprimir el salario de los franceses, como los irlandeses, es totalmente inútil. Ahora hago un último intento; si esto no tiene éxito, me retiro de esta especie de propaganda. Esperemos que los papeles de Londres lleguen pronto y reanimen un poco el asunto; entonces aprovecharé el momento. Como estos tipos no ven hasta ahora resultado alguno del congreso, naturalmente se desanimarán por completo. Estoy en contacto con algunos nuevos obreros que me han presentado Stumpf y Neubeck, pero no se puede decir qué se podrá hacer de esto.  

Dile a Bornstedt: 1) Que no se presente ante los obreros de aquí con tanta rigidez comercial al tratar sus suscripciones, de lo contrario los perderá a todos; 2) el agente que le ha proporcionado Moses es un lamentable calzonazos y muy vanidoso, pero el único que todavía se presta a ocuparse de ello y quiere hacerlo; que, por tanto, no lo ofenda. El tipo también se ha esforzado, pero no puede poner dinero, cosa que, por lo demás, ya ha hecho. De lo que le entra tiene que cubrir los gastos que le ocasionan la correspondencia, etc. 3) Si envía algunos números sueltos, que nunca sean más de 10 a 15 ejemplares de un mismo número, y a ser posible por portador. Los paquetes pasan por el ministerio Duchâtel, donde hay que recogerlos con pérdida de tiempo, y donde el ministerio cobra un terrible sobreporte para arruinar este comercio. Un paquete así cuesta de 6 a 8 francos, ¿y qué se puede hacer si lo reclaman? Esselens, en Lieja, quería poner un guarda convoy que se encargara de ello; escribe, pues, a Lieja para que se organice eso. 4) Los números que aún estaban aquí se han enviado por portador al sur de Alemania. Si se presenta la ocasión, que Bornstedt envíe algunos números nuevos para hacer propaganda en cafés, etc. 5) Bornstedt recibirá en estos días un artículo y la historia de las finanzas prusianas. Pero tú tienes que revisar lo de las comisiones de 1843 y modificar lo necesario, pues está escrito a partir de recuerdos muy confusos.  

Si la historia con Mosi lleva a que lo ataques en la _Brüsseler Zeitung_, me alegrará mucho. Cómo sigue ese individuo en Bruselas me resulta incomprensible. Ahí tienes otra ocasión para exiliarlo a Verviers. Lo de la _Réforme_ se encargará.  

Tuyo  

París, 14 de enero de 1848.  
Al señor Philippe Gigot  
8 rue Bodenbroeck  
Bruselas.