París, 23-24 de noviembre de 1847

Querido Marx:

Hasta esta noche no se ha decidido que vengo. Así que el sábado por la tarde en Ostende, Hôtel de la Couronne, justo enfrente de la estación de ferrocarril, junto al Bassin, y el domingo por la mañana cruzando el agua. Si venís en el tren que sale entre las 4 y las 5, llegaréis aproximadamente al mismo tiempo que yo.

Si el domingo, contra lo esperado, no saliera ningún vapor correo hacia Dover, escríbemelo de inmediato. Es decir, como recibes esta carta el jueves por la mañana, debes informarte enseguida y, si hay que escribir, echar la carta esa misma noche —creo que antes de las cinco— en el correo central. Así que, si tienes algo que cambiar en la cita, aún hay tiempo. Si el viernes por la mañana no tengo carta, cuento con encontrarte a ti y a Tedesco el sábado por la noche en la Couronne. Luego nos quedará tiempo de sobra para discutir; este Congreso debe ser decisivo, pues esta vez lo tendremos todo a nuestro favor.

Hace ya mucho que no puedo comprender en absoluto por qué no le has prohibido a Moses sus chismes. Aquí me está armando una confusión del demonio y las réplicas más interminables entre los obreros. Se han perdido sesiones enteras de los círculos por ese motivo, y en las comunidades ni siquiera es posible hacer algo a fondo contra esa «insulsa» tontería, especialmente antes de las elecciones no se podía ni pensar en ello.

A L. Blanc pienso verlo todavía mañana. Si no, en cualquier caso lo veo pasado mañana. Si no puedo comunicarte algo ya al pie [de esta carta], oirás lo demás el sábado.

Por lo demás, Reinhardt me había dicho tonterías sobre el número de ejemplares vendidos: no 37, sino 96 se habían vendido hoy hace ocho días. Ese mismo día le llevé yo mismo tu libro a L. Blanc. Todos los ejemplares estaban distribuidos, sólo Lamartine (que no está aquí), L. Bl. y Vidal no, porque no se encuentra su dirección. Lo he hecho llevar a la prensa. —Por lo demás, la distribución por Franck ha sido realmente espantosa.

Procura al menos que Moses no haga ninguna tontería durante nuestra ausencia. Así que, au revoir.  
Tuyo  
Martes por la noche  
Vale.

Reflexiona un poco sobre la profesión de fe. Creo que lo mejor que podemos hacer es suprimir la forma de catecismo y titular la cosa: Manifiesto Comunista. Puesto que en él hay que narrar más o menos historia, la forma actual no sirve en absoluto. Traigo conmigo el de aquí, que yo he hecho; es simplemente narrativo, pero está redactado de manera miserable, con una prisa terrible. Empiezo: ¿Qué es el comunismo? y luego, directamente, el proletariado: historia de su origen, diferencia con los obreros anteriores, desarrollo del antagonismo entre el proletariado y la burguesía, crisis, consecuencias. Entremedias, toda clase de cosas secundarias, y finalmente la política de partido de los comunistas, en la medida en que corresponde al público. El [texto] de aquí aún no ha sido presentado del todo para su confirmación, pero creo que, salvo algunas pequeñísimas minucias, se puede hacer de manera que al menos no contenga nada opuesto a nuestros puntos de vista.

Miércoles por la mañana. Acabo de recibir tu carta, contestada en lo que antecede. Estuve con L. Bl. Con él tengo una extraña mala suerte: está de viaje, tal vez regrese hoy. Mañana y, en caso necesario, pasado mañana vuelvo a ir. —El viernes por la noche no puedo estar aún en Ostende, porque el dinero no lo tengo reunido hasta el viernes.

Tu primo Philips ha estado hoy por la mañana en mi casa.

Born hará el discurso bastante bien si tú le das un buen repaso. Está bien que los alemanes estén representados por un obrero. Pero a Lupus hay que quitarle absolutamente la modestia exagerada. El buen muchacho es uno de los pocos a los que hay que poner en primer plano. ¡A Weerth, por el amor de Dios, no como representante! ¡Uno que siempre fue demasiado perezoso hasta que el éxito efímero del congreso lo lanzó! Y que además quiere hacerse el independent member. Hay que retenerlo en su esfera.