en Zalt-Bommel  
Bruselas, 28-30 de septiembre de 1847  

I. Martes 28 de Septbre.  
Querido Marx:  

En estos días ha ocurrido aquí una historia de lo más curiosa.  
Todos los elementos descontentos con nosotros y con nuestro modo de actuar entre los alemanes de por aquí han formado una coalición para derribarte a ti, a mí y, en general, a los comunistas, y para hacer la competencia a la Asociación de Trabajadores. Bornstedt está sumamente malcontento; la especie, salida de Otterberg, transmitida y reforzada por Sandkuhl y explotada por Crüger y Moras, de que nosotros no hacíamos más que utilizar a B[ornstedt], lo ha enfurecido contra todos nosotros; Moras y Crüger, que andan por ahí gimiendo de que los tratamos con altanería, lo han azuzado aún más. Seiler está enojado por los imperdonables desaires que sufrió al fundarse la Asociación de Trabajadores y por la buena marcha de la Asociación, que desmiente todas sus profecías. Heilberg busca una venganza estrepitosa, aunque incruenta, por las groserías de que ha sido objeto y que sigue recibiendo a diario. Bornstedt echa también espumarajos porque no ha podido comprar, por medio de los libros y mapas regalados, la posición de demócrata influyente, el título de miembro honorario y la colocación de su busto en la Asociación, sino que, por el contrario, su propio cajista lo someterá mañana a votación como a un hombre de lo más ordinario. Le irrita también que él, el aristocrático *homme d'esprit*, encuentre entre los trabajadores muchas menos ocasiones de burlarse de lo que se había prometido. Además, Moras está enojado porque no ha ganado a la *Brüsseler Zeitung* para Heinzen. En fin, todos estos elementos heterogéneos se unieron para un golpe que debía relegarnos a todos a un papel secundario frente a Imbert y los demócratas belgas, y hacer surgir una sociedad mucho más grandiosa, más universal que nuestra miserable Asociación de Trabajadores. Todos estos señores ardían en deseos de tener alguna vez la iniciativa en algo, y esos canallas cobardes habían encontrado sumamente oportuno el momento de tu ausencia. Pero se habían || vergonzosamente equivocado.  

Decidieron, pues, en el más absoluto secreto, organizar una velada cosmopolita-democrática y proponer allí, sin ninguna preparación, una sociedad a la manera de los Fraternal Democrats, junto con meetings obreros, etc. etc. Formaron una especie de comité, al que *pro forma* atrajeron a Imbert, quien les resultaba del todo inofensivo. Después de toda suerte de rumores vagos, no fue hasta el domingo por la noche cuando supe algo positivo por B[ornstedt] en la Asociación, y el lunes ya era la cena. De Bornstedt no había manera de sacar detalles, salvo que acudirían Jottrand, el general Mellinet, Adolf Bartels, Kats, etc., polacos, italianos, etc. Aunque no sospechaba nada de toda la coalición (hasta el lunes por la mañana no me enteré de que Bornstedt estaba algo picado y de que Moras y Crüger se lamentaban e intrigaban; de Seiler y Heilberg no sospechaba nada), el asunto me olió a chamusquina. Pero había que ir, por los belgas y para que, en la pequeña Bruselas, no ocurriera nada democrático en lo que nosotros no estuviésemos involucrados. Mas había que procurarse un partido. Wallau y yo llevamos, pues, la cosa adelante, la apoyamos con fuerza, y en seguida se encontraron cerca de treinta dispuestos a ir. El lunes por la mañana me dijo Lupus que, aparte del presidente de honor, el viejo Mellinet, y del presidente efectivo Jottrand, debían tener dos vicepresidentes, de los cuales uno sería Imbert y el otro un alemán, a ser posible un trabajador. Wallau, desgraciadamente, era imposible porque no habla francés. Así se lo había dicho Bornstedt. Él, Lupus, había respondido que entonces debía ser yo. Le dije a Lupus que lo fuese él, pero se negó en redondo. Yo tampoco quería, porque parezco terriblemente joven, pero al final pensé que, para todas las eventualidades, lo mejor era que yo lo aceptase.  

Llegamos por la noche. Bornstedt se hacía el muy || ignorante, como si aún no estuviera nada arreglado, solo los cargos (*toujours à l'exception de l'Allemand*) y algunos oradores inscritos, de los cuales, aparte de Crüger y Moras, no pude averiguar ningún nombre; andaba de un lado para otro a cada momento con lo del arreglo del local, corría de este a aquel, trapicheaba, intrigaba, adulaba con todas sus fuerzas. No vi, sin embargo, ningún síntoma de intriga especial; eso solo se reveló más tarde. Estábamos en el *Estaminet Liégeois*, Place du Palais de justice. Cuando llegó la elección de cargos, B[ornstedt], contra todo lo convenido, propuso a Wallau. Este se hizo recusar por Wolff (Lupus) y me propuso a mí, lo cual salió adelante con brillantez. Con esto toda la intriga se vino abajo y se fue al traste. Perdieron entonces los estribos y se traicionaron. Después de Imbert, que hizo brindis por los *martyrs de la liberté*, yo pronuncié un brindis en francés *au souvenir de la révolution de 1792* y por el aniversario ulterior del 1.° de vendimiario del año I de la república. Después de mí, Crüger pronunció un ridículo discurso en el que se quedó atascado y tuvo que sacar su manuscrito. Luego Moras leyó una perorata en la que no se trataba casi más que de su insignificante persona. Ambos en alemán. Sus brindis fueron tan confusos que ya no los recuerdo en absoluto. Luego Pellering, en flamenco; el abogado Spilthoorn, de Gante, en francés, *au peuple anglais*; después, para mi mayor asombro, la araña jorobada de Heilberg, con un largo y empalagoso discurso escolar en francés, en el que 1) se pavoneaba como *Rédacteur de l'Atelier démocratique*; 2) declaraba que Él, maximus Heilberg, persigue desde hace varios meses — *mais cela doit se dire en français: L'association des ouvriers belges, voilà le but que Je poursuis depuis quelques mois (c. a. d. depuis le moment où J'ai daigné prendre connaissance du dernier chapitre de la Misère de la philosophie)*. Por tanto, Él, y no Kats y los demás belgas. «*Nous entrerons dans la carrière* || *quand nos aînés n'y seront plus*», etc. Él llevará a cabo lo que Kats y Jottrand no pudieron. 3) proponía fundar una *fraternal democracy* y reorganizar los meetings; 4) encargar a la mesa elegida la organización de ambas cosas. — ¡Qué confusión, pues! ¡Primero, mezclar la historia cosmopolita con meetings belgas sobre asuntos belgas, y segundo, transmitir esta propuesta, en lugar de dejarla completamente caer porque ya les había salido todo mal, a la mesa ya existente! Y si pensaba que yo me marchaba, ¿no tenía que saber que no cabía pensar en absoluto en meter a nadie más en la mesa que a ti? Pero el majadero ya tenía su discurso listo y escrito, y su vanidad no le permitía dejar caer nada en lo que pudiera tomar la iniciativa en algo. La cosa salió adelante naturalmente y, con el entusiasmo, ciertamente muy facticio pero no por ello menos ruidoso, no había manera de pensar en arreglar mejor la confusa propuesta. Luego habló A. Bartels (Jules no estaba), y a continuación Wallau pidió la palabra. Pero cuán grande fue mi asombro cuando, de repente, B[ornstedt] se adelantó de un salto y, con gran celo, pidió la palabra para Seiler por estar ya antes inscrito como orador. S[eiler] la obtuvo y soltó un discurso interminablemente largo, charlatán, necio, ridículo y empalagoso, realmente vergonzoso (en francés), en el que dijo espantosos disparates sobre los *pouvoirs législatif, administratif et exécutif*, dio a los demócratas toda suerte de sabios consejos (como también Heilberg, que desvarió las cosas más maravillosas sobre *instruction et question de l'enseignement*), en el que S[eiler] se pavoneó además como *en grand homme*, hablando de sociedades democráticas *auxquelles j'ai participé et que j'ai peut-être même dirigées* (literalmente), y por último metió también || debidamente a su noble mesa, con las *dernières nouvelles arrivées de Paris*, etc. En resumen, fue espantoso. Luego hablaron todavía varios más, un burro suizo, Pellering, Kats (muy bien), etc., y a las diez Jottrand (que se moría de vergüenza por los alemanes) cerró la sesión. De repente, Heilberg reclamó silencio y anunció: ¡el discurso de Weerth en el Congreso librecambista aparecerá mañana en un suplemento del *Atelier*, *qui se vendra séparément*!!! También Zalewski gruñó algo aún *sur l'union de cette malheureuse Pologne et de cette grande, noble et poétique Allemagne* — en fin, todos se fueron a casa muy tranquilos pero muy malcontentos. —  

Jueves 30 de Sept. Desde que escribí lo anterior, han ocurrido toda clase de novedades y se han decidido bastantes cosas. El martes por la mañana, cuando toda la intriga me resultó clara, me puse a recorrer los sitios y a contrarrestarla; aún esa noche, a las 2 de la madrugada, fui corriendo a ver a Lupus al despacho: ¿no habría que hacer que se votara la expulsión de B[ornstedt] de la Asociación de Trabajadores? El miércoles anduve por todas partes, pero todos decían que no lo lograríamos. El miércoles por la noche fui a la Asociación, B[ornstedt] estaba ya allí; se mostraba equívoco, hasta que por fin Thomis trajo el nuevo periódico: mi artículo contra Heinzen, que yo había llevado ya el lunes a su casa y, como no estaba allí (a las 2 de la tarde), había dejado en la imprenta, no aparecía. Le pregunté, y dijo que no había habido sitio. Le recordé lo que tú habías acordado con él. Lo negó; esperé hasta que Wallau estuvo allí, quien me dijo que sitio suficiente sí había habido, pero que el martes B[ornstedt] había mandado a buscar el artículo a la imprenta y no lo había vuelto a enviar. Fui a ver a B[ornstedt] y se lo conté de manera muy grosera. Intentó salvarse mintiendo. Volví al acuerdo, que él negó otra vez, excepto en lo de una charla completamente general. Le dije unas cuantas groserías —Crüger, Gigot, Imbert, etc. estaban sentados allí— y pregunté: ¿Quiere usted dar el artículo el domingo, *oui ou non*? —Sobre eso tenemos que hablar primero. —No hablo en absoluto con usted de eso. — Y con eso lo dejé plantado. La sesión comenzó. B[ornstedt] apoyó la cabeza en su || codo y me miró con singular seguridad de vencedor. Yo lo miré a mi vez y esperé. Se levantó el señor Thomis, que, como sabes, había pedido la palabra. Sacó del bolsillo un discurso escrito y leyó una serie de las más curiosas embestidas contra nuestro simulacro de combate. Eso duró un rato, pero como *cela ne finissait pas*, se produjo un murmullo general, una masa reclamó la palabra y Wallau llamó a Th[omis] al orden. Este, Th[omis], leyó luego seis palabras disparatadas sobre la cuestión y se retiró. Entonces se levantó Heß y nos defendió bastante bien. Luego Junge. Luego el Wolff de París, que se quedó atascado tres veces, pero fue muy aplaudido. Luego otros más. Wolff había traicionado que nosotros solo nos oponíamos *pro forma*. Tuve, pues, que salir a la palestra. Hablé —*à la grande déconfiture de Bst.*, que había creído que yo estaba demasiado ocupado con la querella personal— hablé, pues, del lado revolucionario del sistema proteccionista, ignorando naturalmente del todo al señor Thomis, y propuse una nueva cuestión. Aceptada. — Pausa. — B[ornstedt], muy conmocionado por mi vehemencia frente a él, por la total defección de Thomis (*il y avait du Bstdt dans son discours*) y por la vehemencia con que yo había hablado finalmente, B[ornstedt] vino a mí: Pero, querido hijo, es usted de una pasión terrible, etc. En resumen, que yo debía firmar el artículo. —

No. — Entonces deberíamos al menos ponernos de acuerdo sobre una breve nota introductoria de la redacción. — Bien, à demain, à onze heures au café Suisse. — Luego vino la admisión de Bst, Crüger, Wolff. Heß se levantó primero y dirigió 2 preguntas a Bst. acerca de la reunión del lunes. Bst. se zafó mintiendo, y Heß fue lo bastante débil como para declararse satisfait. Junge arremetió personalmente contra Bst., por su conducta en la sociedad y por haber presentado a Sandkuhl bajo nombre falso. Fischer intervino con mucha energía contra Bst., sin previo acuerdo, pero muy bien. Y varios más. En suma, el señor von Bornstedt, ebrio de victoria, || tuvo que pasar formalmente entre los obreros por baquetas. Fue ignominiosamente maltratado y quedó tan foudroyirt —él, que naturalmente se creía comprado por completo con sus regalos de libros—, que sólo pudo responder de forma evasiva, débil, con concesiones —pese a que Wallau estaba fanáticamente de su parte, presidió de manera miserable y en todo momento le permitió interrumpir a los oradores—. Todo estaba aún en duda cuando Wall, hizo salir a los propuestos y procedió a la votación. Crüger, propuesto por mí como persona sumamente inocua que no puede perjudicar a la sociedad, y apoyado por Wolff purement et simplement, salió elegido. En el caso de Bst., Wall, intervino a su favor con un largo y vehemente discurso. Entonces intervine yo, expuse toda la intriga, en lo que concernía a la sociedad, destrocé una tras otra las evasivas de Bst. y finalmente declaré: el B. ha intrigado contra nosotros, ha querido hacernos la competencia, pero nosotros hemos vencido y por eso podemos ahora admitirlo en la sociedad. Durante el discurso —fue el mejor que he pronunciado jamás— fui interrumpido con mucha frecuencia por aplausos; especialmente cuando dije: estos señores creían tenerlo todo ganado aún porque yo, su vicepresidente, me voy, pero no pensaban que hay uno entre nosotros al que el puesto corresponde de pleno derecho, uno que es el único que puede representar aquí, en Bruselas, a los demócratas alemanes, y ese es Marx: entonces se aplaudió terriblemente. En fin, después de mí no habló nadie más, y por eso no se le concedió a Bst. el honor de echarlo a patadas. Él estaba ante la puerta y lo oía todo. Yo habría preferido decirlo estando él aún presente en la sala, mais il n'y avait pas moyen, porque yo tenía que reservarme para el último coup y Wall, interrumpió la discusión. Pero él, al igual que Wolff y Crüger, oyó cada palabra. Frente a él, Wolff fue adoptado de manera casi brillante. — En fin, en la sesión de ayer, Bst, Crüger pp. sufrieron tal afrenta || que, honorablemente, no pueden volver a aparecer por la sociedad y tienen bastante para mucho tiempo. Pero vendrán de todos modos; el descarado Bst. se ha vuelto tan caduc por nuestra aún mayor desvergüenza, por el fracaso total de todos sus cálculos, por nuestra apasionamiento, que ya no sabe hacer nada más que —correr por Bruselas lloriqueando por todas partes su ignominia—

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le dernier degré de l'abaissement. Regresó a la sala enfurecido, pero impotente, y cuando yo me despedí de la sociedad y fui despedido con todos los honores imaginables, se marchó echando espumarajos. Durante la discusión sobre él estaba presente Bürgers, que se encuentra aquí desde anteayer por la noche. — Nuestros obreros se han comportado de manera espléndida en todo este asunto; los 26 libros y 27 mapas regalados no fueron mencionados con una sola palabra, Bst. fue tratado por ellos con la mayor frialdad y desconsideración, y cuando hablé y llegué a la conclusión, estaba en mi mano hacerlo caer con una mayoría enorme. El propio Wall. lo admite. Pero nosotros lo tratamos peor, lo admitimos con ignominia y afrenta. El asunto ha causado una impresión excelente en la sociedad; por primera vez han desempeñado un papel, han dominado un meeting, pese a todas las intrigas, y han devuelto a sus límites a un tipo que quería crearse una posición frente a ellos. Sólo algunos commis pp. están malcontentos, la masa está entusiasta por nosotros. Han sentido lo que son cuando están asociados.

Esta mañana fui al Café Suisse, y quien no vino fue Bst. — Pero Weerth y Seiler me encontraron, acababan de hablar con Bst., y Seiler era la sumisión y la insinuación en persona. Yo lo dejé, naturalmente, de lado. La sesión de ayer fue por lo demás tan dramática, se organizó y se intensificó de manera tan espléndida, que el Wolff de París se ha convertido momentáneamente en hombre de partido por puro sentimiento estético. Hoy estuve también en casa de A. Bartels y le expliqué que la sociedad alemana no es responsable en absoluto de lo ocurrido el lunes, que Crüger, Bst, Moras, Seiler, || Heilberg pp. ni siquiera eran miembros, y que todo el asunto organizado à l'insu de la sociedad alemana tenía más bien por objeto la creación de una competencia contra ella. Una carta del mismo contenido, firmada por todos los miembros del comité, se enviará mañana también a Jottrand. A casa de Imbert iré mañana con Lupus. Además, he escrito lo siguiente a Jottrand acerca del puesto que queda vacante en el comité organizador de los Fraternal Democrats de Bruselas a causa de mi partida:

Monsieur — Obligado a dejar Bruselas por algunos meses, me encuentro en la imposibilidad de desempeñar las funciones que la reunión del 27 de este mes tuvo a bien conferirme. — Le ruego, pues, que convoque a un demócrata alemán residente en Bruselas para que asista a los trabajos de la comisión encargada de organizar una sociedad democrática universal. — Me permitiré proponerle a aquel entre los demócratas alemanes de Bruselas que la reunión, si él hubiese podido asistir, habría nombrado para el cargo que en su ausencia se me ha honrado en conferirme. Hablo del Sr. Marx que, en mi íntima convicción, tiene el más fundado derecho a representar a la demo-

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cracia alemana en la comisión. No sería, pues, el Sr. Marx quien me reemplazaría en ella, sino más bien yo quien en la reunión reemplacé al Sr. Marx. Acepte pp. pp.

Yo había acordado previamente con Jottrand que le comunicaría mi partida por escrito y te propondría a ti para la comisión. Jott. también está de viaje, y regresa dentro de 14 días. Si de todo este asunto no sale nada, que es lo que creo, entonces la propuesta de Heilberg es la que fracasará; si sale algo, somos nosotros los que hemos llevado la cosa a buen puerto. En cualquier caso, hemos ganado que tú, y después de ti yo, seamos reconocidos como representantes de los demócratas alemanes en Bruselas y, por lo demás, toda la intriga ha caído terriblemente en el fango.

Esta noche hubo sesión de la comunidad. Yo presidí. Con excepción de Walk, quien por lo demás se dejó convencer y cuya actuación de ayer encuentra ciertamente diversos motivos de excusa, || que yo también le reconocí, con esa excepción, pues, el entusiasmo por el asunto de Bst. fue unánime. Los tipos empiezan a sentirse a sí mismos. Por fin han actuado una vez como sociedad, como poder frente a otras gentes, y el que todo marchase tan espléndidamente sobre ruedas, el que hayan vencido de manera tan completa, los enorgullece enormemente. Junge nada en el séptimo cielo, Riedel no cabe en sí de gozo, incluso el pequeño Ohnemans triunfa como un fighting cock. Por lo demás, repito que este asunto ha dado y seguirá dando un impulso formidable a la sociedad hacia dentro y hacia fuera. Tipos que normalmente no abren el pico han atacado a Bst. Y hasta la intriga nos ha ayudado: en primer lugar, Bst. ha difundido por todas partes que la sociedad democrática alemana de trabajadores había organizado el meeting, y en segundo lugar, nosotros hemos desautorizado todo eso, y por ambas cosas la sociedad se ha convertido en tema de conversación entre los demócratas belgas por doquier y pasa por ser un poder sumamente significativo, plus ou moins mystérieux. La démocratie allemande devient très forte à Bruxelles, dijo Bartels esta mañana.

Por lo demás, tú figuras también en la carta del comité a Jottrand. Gigot firmará: Secretario durante la ausencia de Marx.

Resuelve ahora tus asuntos de dinero lo más rápido posible y regresa aquí. Me arden los pies, quiero marcharme y tengo que esperar primero el curso de estas intrigas. Ahora no puedo irme en absoluto. Cuanto antes vengas, tanto mejor. Sólo arregla primero tus asuntos de dinero. Yo permaneceré en mi puesto todo lo que pueda en cualquier caso; si c'est possible, hasta que tú vengas. Pero precisamente por eso es deseable que vengas pronto.

Tuyo

Engels. I

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