Bruselas, 8 de agosto de 1847

¡Querido Herwegh!

Me apresuro a acusarte recibo de tu carta. De ella solo he sacado en limpio lo que ya sabía de antemano: que todo ello no es más que un miserable chismorreo. Solo deseaba esas pocas líneas tuyas para poder mostrarle a Engels, negro sobre blanco, de qué naturaleza es el chismorreo pequeñoburgués alemán en París. Te aseguro que, desde mi alejamiento de París y a pesar de todas mis precauciones para hacerme inhallable e inaccesible, estas viejas comadres me han perseguido siempre con semejantes simplezas. Solo mediante la mayor grosería puede uno mantener a estos necios a distancia.

Solo lamento haberte importunado con esta materia en tu ermita. — Característico sigue siendo para estas viejas comadres el que quisieran encubrir y edulcorar toda lucha real de partido, mientras que, en cambio, tienen el viejo chismorreo y la instigación alemanes por actividad revolucionaria. Les malheureux! || Aquí en Bruselas, al menos, no tenemos esta miseria.

La legación prusiana de aquí ha perseguido y observado atentamente a Bornstedt, para atraparlo en algún pecado. Por fin lo ha logrado. Lo ha denunciado y le ha echado encima tres procesos. 1) Uno fiscal, por una contravención de la ley del timbre; 2) uno político, porque en su periódico dijo que había que matar a golpes a Louis Philippe; 3) un proceso por calumnia de un grande belga, el señor Osy, a quien B. ha acusado, y con razón, de usura de cereales.

Los tres procesos no tienen aquí importancia alguna, y su más seguro resultado es poner en ridículo a la legación prusiana, ya de por sí poco respetada. ¿Qué le importan a ella Louis Philippe, Osy y la ley belga del timbre?

El juez de instrucción mismo declaró que todos estos || procesos eran pour le roi de Prusse. En cambio, al “Brüsseler Zeitung”, que a pesar de sus muchas debilidades siempre tiene algo meritorio y que precisamente ahora habría podido mejorar, después de que B. se ha declarado dispuesto a todo frente a nosotros, lo amenaza una repentina ruina pecuniaria. ¡Cómo se han comportado los nobles teutones en esta historia! Los libreros han estafado a B., porque él no puede perseguirlos judicialmente. La oposición de todos los matices, en lugar de hacer lo más mínimo, sea literaria o pecuniariamente, encontró más cómodo escandalizarse con el nombre de Bornstedt. ¿Y acaso les faltará jamás a estas gentes pretextos para no hacer nada? Una vez no sirve el hombre, otra la mujer, otra la tendencia, otra el estilo, otra el formato, o también la difusión va unida a más o menos peligro, etc., etc. Las palomas asadas han de volarles a la boca a estos señores. Si hay un solo periódico de oposición libre de censura, con || el cual el gobierno tropieza grandemente, cuyo redactor, por la consecuencia misma de la empresa, se muestra complaciente a todo lo progresista, ¿no habría que explotar ante todo esta oportunidad y, si no se encuentra el periódico suficiente, hacerlo suficiente? Pero no, nuestros alemanes tienen siempre mil proverbios de sabiduría en la manga, para mostrar por qué han de dejar pasar la ocasión sin aprovecharla. Una ocasión de hacer algo solo los pone en aprietos.

Con mis manuscritos ocurre poco más o menos como con la Brüsseler Zeitung, y a cuento de ello me escriben estos asnos un día sí y otro también, preguntándome por qué no mando imprimir nada y echándome incluso en cara que es preferible haber escrito en francés a no haber escrito nada. Aún nos costará largo tiempo expiar el haber nacido teutones.

Adiós. Saluda a tu mujer y recibe tú cordiales saludos, de mi mujer y míos.

Encontrarás en París, todavía con retraso, un registro de erratas de mi mamarracho francés. Algunos pasajes resultan incomprensibles sin él.

En cuanto tengas una hora libre y nada mejor que hacer, escríbele a tu

Marx