Querido Marx:

El adjunto folletillo me lo ha entregado esta mañana Junge; Ev[erbeck] lo llevó hace unos días a su casa. Yo lo examiné y declaré que era de Mosi, y se lo demostré a J. punto por punto. Esta noche he visto a Ev., ha confesado que lo había traído él, y después de que yo despedazase el asunto como se merece, ha resultado que Él mismo, E., es el autor de tan pulcro engendro. Lo escribió, según afirma, en los primeros meses de mi estancia aquí. La primera embriaguez en que lo pusieron las novedades que yo le comuniqué lo entusiasmó para ello. Así son estos chicos. Mientras se reía de Hess, que se adorna con plumas ajenas que no le sientan bien, y prohibía a los straubingers que le pasaran a Grün lo que yo les exponía, para que éste no hiciera lo mismo, él se sienta y hace —con la mejor intención del mundo, como siempre— exactamente lo mismo, sin un ápice de diferencia. Moisés y Grün no habrían echado a perder más las cosas que este curandero popular de la gonorrea. Naturalmente, primero me burlé un poco de él y finalmente le prohibí volver a laxar semejante bazofia. Pero eso se le ha metido a Volki en los huesos. La semana pasada me siento y escribo, en parte por disparate, en parte porque necesito dinero a toda costa, una carta de agradecimiento anónima, plagada de obscenidades, para Lola Montes. El sábado le leo algunos pasajes, y esta noche me cuenta con su habitual bonhomía que esto le ha inspirado una producción similar, que ya ha hecho al día siguiente sobre el mismo asunto y entregado a Maurer para su revista incógnita (aparece realmente en secreto y solo para la redacción, bajo la censura de Mad. Maurer, que ya ha tachado un poema de Heine). ¡Me lo comunica ya ahora, para salvar su honestidad y no cometer plagio! Esta nueva obra maestra de este escritor empedernido y alquitranado será naturalmente una pura traducción de mi ingenio en estilo solemne y desbordante. Esta última muestra de intestino corto, aunque por lo demás importa un comino, muestra sin embargo cuán urgentemente necesario es que o bien tu libro,

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o bien nuestros manuscritos, aparezcan lo más rápido posible. Estos tipos comparten todos la pena de que ideas tan magníficas permanezcan ocultas al pueblo por tanto tiempo, y al final no conocen otro medio de quitarse este peso del corazón que cagar ellos mismos todo aquello que creen haber digerido pasablemente. Así que no dejes escapar al de Bremen. Si no contesta, escribe otra vez. Acepta lo menos posible, en caso de necesidad. Estos manuscritos pierden cada mes que pasan almacenados de 5 a 10 francos por pliego en valor de cambio. Un par de meses más, la Dieta prusiana en discusión, la querella bien entablada en Berlín, y Bauer y Stirner ya no serán vendibles a 10 francos el pliego. En un escrito de ocasión como éste se llega poco a poco a un || punto en el que los altos honorarios, como exigencia del pundonor de escritor, deben dejarse completamente de lado.

He estado cosa de 8 días en casa de B[ernays] en Sarcelles. Él también hace tonterías. Escribe en la Berliner Zeitungs-Halle y se alegra como un niño de que sus presuntas expektoraciones comunistas contra los burgueses se impriman allí. Naturalmente, la redacción y la censura dejan en pie lo que va solo contra los burgueses y tachan las pocas alusiones que también a ellos podrían resultarles desagradables. Despotrica contra el sistema de jurados, la «libertad de prensa burguesa», el sistema representativo, etc. Yo le explico que eso significa trabajar literalmente para el rey de Prusia e indirectamente contra nuestro partido —conocida exaltación del corazón ardiente, imposibilidad de conseguir algo—; le declaro que la Zeitungs-Halle es pagada por el gobierno; negativa obstinada, apelación a síntomas que para todo el mundo, solo para la sensible población de Sarcelles no, hablan precisamente en favor de mi afirmación. Resultado: el entusiasmo cándido, el corazón ardiente no puede escribir contra su convicción, no puede concebir una política que trate con miramientos a la gente a la que hasta ahora ha odiado a muerte. «¡No es mi género!», eterna ultima ratio. He leído x artículos de estos fechados en París; son de lo más en interés del gobierno y en el estilo del verdadero socialismo. A los B. los doy casi por perdidos y ya no me meto en esas cuitas familiares, magnánimas y repugnantes, en las que él hace de héroe del dévouement, de la entrega infinita. Il faut avoir vu cela. Huele como cinco mil colchones de plumas sin airear, acrecentado por los incontables pedos —procedentes de la cocina vegetal austríaca— que allí se ventosean. Y aunque este tipo se desgarrase diez veces de esa pandilla y viniera a París, diez veces volvería a escaparse corriendo. Ya puedes figurarte todas las pamplinas moralizantes que todo esto le mete en la cabeza. La familia mode composé en la que vive lo convierte en un filisteo completo y estrecho. A mí no volverá a pillarme en su boutiquey tampoco sentirá por ahora ninguna añoranza por mí, individuo sin sentimientos.

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Recibirás el folleto sobre la constitución lo antes posible. Lo escribiré en hojas sueltas para que puedas intercalar y omitir. Si hay perspectivas de que Vogler pague algo, pregúntale si quiere tomar la broma de Lola Montes —unas 17-2 pliegos—, pero no hace falta que digas que el asunto es mío. Contéstame sin falta sobre esto, si no lo intentaré en Bellevue. Habrás leído en Débats o en Constitutionnel que Schufferle Schlaepfer en Herisau ha sido incapacitado por el Gran Consejo, a causa de quejas de Wurtemberg, para seguir imprimiendo material revolucionario; él mismo lo ha confirmado en cartas aquí y ha rechazado todos los envíos. Así que una razón más para agarrarse al de Bremen. Si con él no hay absolutamente nada que hacer, solo queda la «Verlagsbuchhandlung» || en Bellevue, cerca de Constanza. Au reste, si el colocar nuestros manuscritos colisiona con colocar tu libro, manda al diablo, en nombre de Dios, los manuscritos y arrínconalos, porque es mucho más importante que aparezca tu libro. Nosotros dos, en nuestros trabajos, rascamos bien poco.

Quizá hayas leído en la Kölnische Zeitung de ayer (lunes) un artículo bonachón sobre la historia del escándalo de Martin du Nord. Este artículo es de Bs —de vez en cuando hace la corresponsalía de Börnstein.

La policía de aquí está ahora muy maliciosa. Parece que quieren a toda costa hacer salir a rastras una revuelta o una conspiración masiva con motivo de la hambruna. Primero esparcen toda clase de impresos y fijan carteles incendiarios, y ahora incluso han fabricado y esparcido máquinas incendiarias, pero que no estaban prendidas, para que el tendero pueda reconocer toda la magnitud de la diabólica maldad. A esto han añadido la bella historia de los communistes matérialistes, han arrestado a un montón de tipos, de los cuales A conoce a B, B a C, C a D, etc., y ahora, sobre la base de este conocimiento y de algunas afirmaciones de testigos, convierten a toda esa masa de tipos, en su mayoría desconocidos entre sí, en una «banda». El proceso de esta «banda» pronto tendrá lugar, y si a este nuevo sistema se añade la vieja complicité morale, se podrá condenar con la mayor facilidad a cualquier individuo que se quiera. Cela sent son Hébert. De esta manera, nada es más fácil que condenar sin más también al père Cabet.

Ven, si es de algún modo posible, en abril aquí. Hasta el 7 de abril me mudo —todavía no sé adónde— y por esa misma época tendré también algo de dinero. Podríamos entonces pasar un tiempo juntos bebiendo y de lo más divertido. Puesto que la policía ahora está realmente asquerosa (aparte del sajón del que te escribí, también han echado a mi viejo adversario Eisermann, ambos se han quedado aquí, cf. K. Grün en la Kölnische Zeitung), lo mejor es ciertamente que uno siga el consejo de Bstein. Intenta en el consulado francés

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conseguir un pasaporte sobre la base de tu emigración; si eso no funciona, entonces veremos qué se puede arreglar aquí —seguro que hay todavía algún diputado conservador que se deje mover por sexta mano. Tú tienes que salir absolutamente de una vez del aburrido Bruselas y venir a París, y el deseo de beber contigo es también por mi parte muy grande. O mauvais sujet, o maestro de escuela, eso es todo lo que uno puede ser aquí; mauvais sujet entre cuerdas libertinas y cela vous va fort mal quand vous n'avez pas d'argent — o maestro de escuela de Ev., Bs. y consortes. O dejarse dar sabios consejos por los jefes de los radicales franceses, que luego uno tiene que defender contra los otros burros, para que no se pavoneen demasiado orgullosos en su fofa germanidad. Si yo tuviera 5.000 francos de renta, || no haría más que trabajar y divertirme con mujeres hasta reventar. Si no existieran las francesas, la vida en general no valdría la pena. Mais tant qu'il y a des grisettes, va! Cela n'empêche pas que de vez en cuando a uno no le guste hablar sobre un tema decente o disfrutar de la vida con un poco de refinamiento, y ambas cosas son imposibles con toda la pandilla de mis conocidos. Tú tienes que venir.

¿Has visto la Révolution de L. Blanc? Una mezcla alocada de atisbos correctos y de desvaríos sin límites. Yo solo he leído la mitad del primer tomo, en Sarcelles. Ça fait un drôle d'effet. Apenas lo ha sorprendido a uno con una intuición agradable, al instante le suelta encima las más espantosas locuras. Pero L. Bl. tiene bastante buen olfato, y no va sobre ninguna mala pista, pese a toda su locura. Sin embargo no llegará más lejos de donde ya está, «un hechizo lo retiene abajo», la ideología.

¿Conoces a Ach. de Vaulabelle, Chute de l'Empire, Hist. des deux Restaur.? Aparecido el año pasado, un republicano del National, y perteneciente al modo de escribir historia de la vieja escuela —antes de Thierry, Mignet, etc.—. Ilimitada falta de comprensión de las relaciones más ordinarias —incluso Capefigue en sus Cent Jours es infinitamente mejor en eso—, pero interesante por las inmundicias borbónicas y aliadas que él enumera todas juntas, y por la exposición y crítica bastante exactas de los facta, siempre que sus intereses nacionales y políticos no lo estorban. En conjunto, sin embargo, escrito de manera aburrida, precisamente por falta de toda visión de conjunto. El National es un mal historiador y Vaulabelle debe de ser amicus de Marrast.

Moisés ha desaparecido completamente. Entre los «ouvriers» con los que no «trato», promete dar conferencias, ¡se hace pasar por adversario de Grün y por íntimo mío! Dios sabe, y Moisés igualmente, que en nuestra segunda y última entrevista en el Passage Vivienne lo dejé con la boca abierta plantado

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para irme con el pintor K[Körner] a escoltar a dos chicas que este había pescado. Desde entonces solo me lo encontré el martes de Carnaval, cuando él arrastraba su yo hastiado de la vida, bajo la más espantosa lluvia y el más desierto aburrimiento, hacia la Bolsa. Ni siquiera nos reconocimos.

La carta para Bak[unin] se la haré llegar en cuanto esté seguro de su dirección —hasta ahora sigue siendo incierto.

A propósito: escríbele a Ev. acerca del folletillo y búrlate un poco de él; él presenta humildemente ambas posaderas y desea recibir golpes en ellas —tú conoces el asunto.

Así que escribe pronto y ocúpate de venir.

Tuyo

Martes, 9 de marzo. |