París, 15 de enero de 1847

Querido Marx:

Te habría escrito ya hace tiempo si B[ernay]s no me hubiera dejado plantado hasta ahora. El maldito Börnstein, ante quien me informé, entre otras cosas, también acerca de tu venida, nunca estaba localizable, de modo que le encargué el asunto a Bs, que ya el lunes quería traerme a la ciudad una carta para ti. En lugar de eso, ayer por la noche tarde recibí el adjunto papelucho que ese holgazán emborronó anteanoche en Sarcelles; y las aclaraciones que contiene no son, en verdad, de tal naturaleza que hubieran requerido 5 o 6 días de estudio. Pero así es este tipo. Por lo demás, yo mismo hablaré con Bstn, pues esta aclaración no me basta en modo alguno, y, francamente, a nadie creo menos bajo palabra que a Bs. Desde hace ya seis meses, este hombre me viene atronando los oídos con que podrías venirte con todos tus bártulos cualquier día, y cuando llega el momento de la verdad, monta una larga historia a cuenta de un pasaporte. ¡Como si necesitaras pasaporte! En la frontera nadie lo pregunta; también Moses ha llegado hasta aquí sin que se lo preguntaran, exactamente igual que yo, y si te alojas en mi casa, ya me gustaría saber quién podría preguntarlo. A lo sumo, un passeport pour l’intérieur belga para una eventual legitimación, o la conocida misiva del señor Leopoldo: Cabinet du Roi — eso basta para cualquier caso. Heine es por completo de la misma opinión, y en cuanto pueda pescar a Börnst., le preguntaré al respecto. — Bs también se había hecho todo un plan con la historia de Tolstoi o, mejor dicho, se la había dejado endilgar por Bstein, pues Bstein le endilga lo que quiere. Todas las diversas noticias que Bs nos escribía antes proceden de la misma fuente, y después de haber sido testigo varias veces de la infalibilidad con que Bstein le profetiza a Bs sus suposiciones, chismes e inventos propios, y de cómo Bs los toma por moneda contante y sonante, no creo ni una sola palabra de todas esas importantes noticias que antaño nos escribía [...] «de la mejor fuente».

Yo mismo he presenciado cómo Bstein, sólo con su afectada omnisciencia, hacía creer a Bs (y tú sabes con cuánto entusiasmo cree Bs, cuando una vez cree) que el National estaba vendido en cuerpo y alma, de pies a cabeza, a Thiers, al contado y en efectivo. El pequeño se habría dejado matar por ello. Es en esto incorregible, como en su talante que salta del júbilo más exaltado a la tristeza de muerte. Pendant le cours de la dernière quinzaine il a été seize fois au bord du désespoir.

Cela entre nous. Así pues, volveré a preguntarle a Bst acerca de tu venida; Heine, como te digo, sostiene que puedes venir sin reparo. ¿O quieres acudir al enviado francés y pedir un pasaporte sobre la base de tu certificado prusiano de emigración?

Me alegró mucho que me anunciaras a Mosen. El noble vino a verme, no me encontró; le escribí que me diera una cita. Ayer ésta tuvo lugar. El hombre ha cambiado mucho. Rizos juveniles le coronan la cabeza, un bigotito gracioso confiere cierta gracia a su barbilla afilada, un sonrojo virginal cubría sus mejillas, pero la grandeur déchue se pintaba en sus bellos ojos, y una extraña modestia se había apoderado de él. Yo me he acostumbrado aquí en París a un tono muy desvergonzado, pues el cascabeleo forma parte del oficio y con él se consigue algo con las damiselas. Pero este exterior violado del otrora tan conmocionador superhombre Heß casi me habría desarmado. No obstante, las hazañas de los verdaderos socialistas, sus discípulos (de lo que abajo trataré) y su propio núcleo inalterado me devolvieron el valor. En fin, lo he tratado con tanta frialdad y sorna que no le quedarán ganas de volver. Lo único que hice por él fue darle algún buen consejo para la gonorrea que se ha traído de Alemania. También con algunos pintores alemanes, a los que en parte conocía de antes, ha hecho un completo fiasco. Sólo Gustav Adolf Köttgen le ha permanecido fiel.

En todo caso, es preferible el de Bremen al suizo. No puedo escribir al suizo, 1) porque he olvidado su dirección, 2) porque no quiero proponer a ese tipo unos honorarios por pliego más bajos que los que tú propones al de Bremen. [...] envíame, pues, tus propuestas para el de Bremen y, a la vez, la dirección de ese tipo. A Bs le ha pagado bien su mal folleto sobre Rothsch[ild], pero ha estafado a Püt[tmann], imprimiendo para él pero, so pretexto de tener comprometidos sus fondos, posponiendo el pago de los honorarios hasta el infinito.

Muy bien que escribas en francés contra Proudhon. Espero que el folleto esté ya terminado de escribir cuando llegue ésta. Que por mí puedes adelantar de nuestra publicación lo que quieras, se sobreentiende. Que la Asociación de Pr. desemboca en el plan de Bray, también lo creo. Había olvidado por completo al buen Bray.

Acaso hayas leído en la Trierschen Z. acerca de la nueva revista socialista de Leipzig, titulada «Veilchen», ¡¡Hojas para la inofensiva crítica moderna!!, en la que el señor Semmig brama como Sarastro: En estos sagrados salones no se conoce la venganza, en estos sagrados muros no puede acechar ningún traidor, luego camina, de la mano de Freu-eu-eu-eu-eundes, contento y alegre hacia la tierra mejor — pero, por desgracia, no tiene bajo como antaño Reichel. Sarastro-Semmig sacrifica aquí a las 3 divinidades: 1) Heß —2) Stirner —3) Rüge — todo en un mismo aliento. Los dos primeros han sondeado las profundidades de la ciencia. Este periodicucho o Veilchen es lo más disparatado que jamás he leído. Una tal locura, callada y a la vez desvergonzada, sólo es posible en Sajonia. ¡Si pudiéramos refaccionar el capítulo sobre el verdadero socialismo una vez más, ahora que se han desarrollado en todas direcciones, que la escuela westfaliana, la escuela sajona, la escuela berlinesa, etc., junto con las estrellas solitarias Püttmann, etc., se han constituido particularmente! Podría clasificárseles según las constelaciones celestes. Püttmann, la Osa Mayor, y Semmig, la Osa Menor; o Püttmann, el Toro, y las Pléyades, sus 8 niños. Cuernos se los merece, aunque no los tenga, por lo demás. Grün, Acuario, etc. A propósito de Grün — voy a rehacer el artículo sobre el Goethe de Grün, reducirlo a 1/2 pliego y adecuarlo para nuestra publicación, si te parece bien, sobre lo cual deberás escribirme pronto. El libro es demasiado característico; Gr. ensalza todas las filisteísmos de Goethe como humanos, convierte al Goethe de Frankfurt y funcionario en el «hombre verdadero», mientras pasa por alto o incluso escupe sobre todo lo colosal y genial. De modo que este libro proporciona la prueba más brillante de que el hombre = el pequeño burgués alemán. Esto yo sólo lo había insinuado, pero podría desarrollarlo y suprimir buena parte del resto del artículo, ya que no encaja en lo nuestro. ¿Qué te parece?

Tuyo,
Engels.

Viernes 15 de enero de 47.

Monsieur Charles Marx
42 rue d’Orléans
Faubg. de Namur
Bruxelles.