Engels a Marx, 19 de noviembre de 1844.
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Engels a Marx « 19 de noviembre de 1844

derivar del individuo, no de sí mismas ni del aire à la Hegel. Son todas trivialidades que se comprenden de suyo, y que Feuerbach ya ha dicho por separado, y que no repetiría si Heß no — según me parece por vieja adhesión idealista — denigrara tan horriblemente el empirismo, particularmente a Feuerbach y ahora a Stirner. Heß tiene razón en mucho de lo que dice sobre Feuerbach, pero, por otra parte, parece tener aún algunas quimeras idealistas — cuando aborda cosas teóricas, procede siempre por categorías, y por eso tampoco puede escribir de manera popular, porque es demasiado abstracto. Por eso odia también todo egoísmo y predica el amor al prójimo, etc., lo que viene a parar de nuevo en el sacrificio cristiano. Pero si el individuo corpóreo es la verdadera base, el verdadero punto de partida para nuestro «hombre», entonces también es evidente que el egoísmo — naturalmente no sólo el egoísmo intelectual stirneriano, sino también el egoísmo del corazón — es punto de partida para nuestro amor al prójimo, de lo contrario éste flota en el aire. Como Heß vendrá pronto por aquí, podrás hablar tú mismo con él sobre esto. Por lo demás, toda esta cháchara teórica me aburre cada día más, y cada palabra que se haya de perder todavía sobre «el hombre», cada línea que se haya de escribir o leer contra la teología y la abstracción, así como contra el craso materialismo, me irrita. Es algo muy distinto ocuparse, en lugar de todas estas quimeras — pues incluso el hombre aún no realizado sigue siendo una quimera hasta su realización —, de cosas reales, vivientes, de desarrollos y resultados históricos; es al menos lo mejor, mientras estemos || reducidos únicamente al uso de la pluma y no podamos realizar inmediatamente nuestros pensamientos con las manos o, si es necesario, con los puños.  

El libro de Stirner muestra, por otra parte, cuán hondamente arraigada está la abstracción en el ser berlinés. Stirner tiene, evidentemente, entre los Libres, el mayor talento, independencia y diligencia, pero con todo ello se precipita desde la abstracción idealista a la materialista y no llega a nada. Oímos hablar de progresos del socialismo en todas partes de Alemania, pero de Berlín ni rastro. Estos listísimos berlineses establecerán aún una démocratie pacifique en la Hasenheide cuando toda Alemania haya abolido la propiedad; de seguro que esos tipos no pasan de ahí. Estate atento, que pronto se levantará en la Uckermark un nuevo Mesías que amañe a Fourier según Hegel, construya el falansterio a partir de las categorías eternas y lo presente como una ley eterna de la idea que llega a sí misma, según la cual capital, talento y trabajo participan en porciones determinadas del producto. Ése será el nuevo testamento de la hegelianía, el viejo Hegel será el antiguo testamento, el «Estado», la ley será un «pedagogo  

Engels a Marx - 19 de noviembre de 1844

para Cristo», y el falansterio, en el que las letrinas estarán emplazadas según necesidad lógica, será el «nuevo cielo» y la «nueva tierra», la nueva Jerusalén que desciende del cielo ataviada como una novia, tal como todo esto podrá leerse con detalle en el nuevo Apocalipsis. Y cuando todo esto se haya consumado, vendrá entonces la Crítica crítica, declarará que ella es todo en todo, que ella reúne en su cabeza capital, talento y trabajo, que todo lo producido ha sido producido por ella y no por la masa impotente — y lo confiscará todo para sí. Ése será el fin de la [democracia pacífica] hegeliana berlinesa.

Cuando la Crítica crítica esté lista, envíame un par de ejemplares, [co]nvertidos y sellados, por la vía del comercio librero — po[drían] ser confiscados. Para el caso de que no hubieras rec[ibido] mi última carta, repito de nuevo que puedes escribirme a: F. E. junior, Barmen, o por conducto de F. W. Strücker y Cía., Elberfeld. Esta carta te llega por un rodeo.  

Pero escribe pronto — hace más de dos meses que no sé nada de ti —, ¿qué hace el Vorwärts? Saluda a toda la gente.  

Tuyo  
Barmen, 19 de nov. de 1844.  

|A Monsieur Charles Marx  
Rue Vanneau Nº 38,  
Faubg. St. Germain  

París]