CARTA AL PADRE Tréveris l21 Berlín, 10 de noviembre de 1837.

Querido padre: Hay en la vida momentos que son como hitos que señalaran una época ya transcurrida, pero que, al mismo tiempo, parecen apuntar decididamente en una nueva dirección. En estos momentos de transición nos sentimos impulsados a contemplar, con la mirada de águila del pensamiento, el pasado y el presente, para adquirir una conciencia clara de nuestra situación real. Hasta la mirada universal parece gustar de estas miradas retrospectivas y pararse a reflexionar, lo que crea, muchas veces, la apariencia de que se detiene o marcha hacia atrás, cuando, en realidad, no hace más que reclinarse en su sillón para tratar de ver claro y penetrar espiritualmente en su propia carrera, en la carrera del espíritu.

Pero, en esos momentos, el individuo se deja llevar de un sentimiento Hrico, pues toda metamorfosis tiene algo del canto del cisne y es, al mismo tiempo, como la obertura de un gran poema que se inicia y que trata de cobrar forma en confusos y brillantes colores; y, sin embargo, en estos momentos, querríamos levantar un monumento a lo que ya hemos vivido y recuperar en la sensación el tiempo perdido para actuar, ¿y dónde encontrar un lugar más sagrado para ello que en el corazón de nuestros padres, que son el más benévolo de los jueces, el copartícipe más íntimo, el sol del amor cuyo fuego calienta el centro más recón. dito de nuestras aspiraciones? ¿Cómo podrían encontrar reparación y perdón más completos las muchas cosas poco gratas o censurables en que se haya podido incurrir que viéndolas como las manifestaciones de un estado de cosas necesario y esencial? ¿Dónde encontrar, por lo menos, un camino mejor para sustraer a los reproches de un corazón irritado al juego, no pocas veces hostil, del azar, de los extravíos del espíritu? Por eso, si ahora, al final de un afio pasado aquí, echo la vista hacia atrás, para evocar lo que he hecho durante este afio, contestando, así, queridísimo padre, a tu muy amada carta de Ems, debes permitirme que me pare un poco a contemplar cómo veo yo la vida, como la expresión de un afán espiritual que cobra forma en todas las direcciones, en los campos de la ciencia, del arte y de los asuntos privados. Cuando os dejé, se había abierto para mí un mundo nuevo, el mundo del amor, que era, en sus comienzos, un mundo embriagado de nostalgias y un amor sin esperanza. Hasta el viaje a Berlín, que siempre [ 5]

CARTA AL PADRE me había encantado y exaltado, ineitándome a la intuición de la naturaleza e inflamando mi goce de la vida, me dejó esta vez frío y hasta visiblemente disgustado, pues las rocas que veía no eran más sombrías ni más abruptas que los sentirr.ientos de mi alma, las animadas ciudades no pulsaban con tanta fuerza como mi misma sangre, ni las mesas de las hosterías aparecían tan recargadas de manjares más indigeribles que los de mi fantasía. Y el arte, por último, no igualaba ni de lejos en belleza a mi Jenny. * Al llegar a Berlín, rompí todas las relaciones que hasta entonces había cultivado y me dediqué con desgano a visitar lugares raros, tratando de hundirme en la ciencia y en el arte.

Dado mi estado de espíritu, en aquellos días, tenía que ser la poesía lírica, necesariamente, el primer recurso a que acudiera o, por lo menos, el más agradable y el más inmediato, pero, como correspondía a mi situación y a toda mi evolución anterior, puramente idealista. Mi cielo y mi arte eran un más allá tan inasequible como mi propio amor. Todo lo real se esfuma y los contornos borrosos no encuentran límite alguno; ataques a la realidad presente, sentimientos que palpitan a todo lo ancho y de un modo informe, nada natural, todo construido como en la luna, lo diametralmente opuesto a cuanto existe y a cuanto debiera ser; reflexiones retóricas en vez de pensamientos poéticos, pero tal vez ~mbién cierto calor sentimental y la pugna por alcanzar cierto brío: he ahí todo lo que yo creo que se contiene en los primeros tres volúmenes de poemas que he enviado a Jenny. Toda la profundidad insondable de un anhelo que no atalaya fronteras, late aquí bajo diversas formas, haciendo de la "poesía" un mundo sin horizontes ni confines.

Pero, claro está que la poesía no podía ser, para mí, más que un acompañamiento, pues tenía que estudiar jurisprudencia y sentía, ante todo, la necesidad de ocuparme de filosofía. Y combiné ambas cosas, leyendo en parte a Heineccius, Thibaut y las fuentes, sin el menor espíritu crítico, simplemente como un escolar, traduciendo, por ejemplo, al alemán los dos primeros libros de las Pandectas (sJ y tratando, al mismo tiempo, de construir una filosofía del derecho que abarcara todo el campo jurídico. Bosquejé como introducción unas cuantas tesis metafísicas e hice extensivo este desventurado opus al derecho público, en total un trabajo de cerca de trescientos pliegos41 Se manifestaba aquí, ante todo de un modo muy perturbador, la misma contradicción entre la realidad y el deber ser característica del idealismo y que sería la madre de la siguiente clasificación, desmañada y falsa. Ante todo, venía algo que yo, muy benévolamente, llamaba la metafísica del derecho, es decir, principios, reflexiones, definiciones de conceptos, al margen de todo derecho real y de toda forma real del derecho, como vemos en Fichte,IsJ sólo que en mí de un modo más modemo y más carente de contenido. En mi estudio, todo adoptaba la forma acientífica del dogmatismo matemático, en que el espíritu ronda • Jenny von Westphalen, que luego seria su esposa. __ j CARTA AL PADRE t'n torno a la cosa, razonando aquí y allá, sin que la cosa se encar. gue de desplegarse ella misma como algo rico y vivo, sino presentántándose de antemano como un obstáculo para comprender la verdad. El triángulo deja que el matemático lo construya y lo demuestre como una mera representación dentro del espacio, sin llegar a desarrollarse bajo otras formas, pues para que adquiera otras posiciones hay que relacionarlo con otras cosas, y entonces vemos cómo esto da distintos resul. lados como relación a lo ya expuesto y asume diferentes relaciones y verdades. Pero, en la expresión concreta de un mundo de pensamientos vivos como son el derecho, el Estado, la naturaleza, toda la filosofía, es necesario pararse a escuchar atentamente el objeto mismo en su desarro. llo, sin empeñarse en insertar en él clasificaciones arbitrarias, sino dejando que la razón misma de la cosa siga su curso contradictorio y en. cuentre en sí mismo su propia unidad.

Venía luego como segunda parte la filosofía del derecho, es decir, según mi concepción de entonces, el modo de considerar el desarrollo del pensamiento a través del derecho positivo romano, como si el de. recho positivo, en su desarrollo especulativo (no me refiero a sus normas puramente finitas) pudiera abarcar, sin embargo, la primera parte. Además, yo había dividido esta primera parte en la teoría del dere. cho formal y material, la primera de las cuales trataba de describir la forma pura del sistema en su desarrollo y en su concatenación, mientras que la segunda se proponía exponer, por el contrario, el contenido, la condensación en éste de la forma. Un error que yo comparto con el señor von Savigny, como más tarde he descubierto en su erudita obra sobre la posesión, aunque con la diferencia de que él llama definición formal del concepto a "encontrar el lugar que ocupa y la teoría que representa en el sistema romano (ficticio)", y definición material a "la teoría de lo positivo que los romanos atribuyen al concepto así fijado",[6J mientras que yo llamo forma a la arquitectónica necesaria de las estructuraciones del concepto y materia a la cualidad necesaria de éstas. El error estaba en que yo creía que lo uno podía y debía desarrollarse aparte de lo otro, lo que me llevaba a obtener, no una forma real, sino una especie de mesa de escritorio con cajones, en los que luego espolvorease la salvadera. El nexo de unión entre la forma y el contenido es, propiamente, el concepto. Por eso, en un desarrollo filosófico del derecho, lo uno tiene que brotar de lo otro: más aún, la forma no puede ser más que el des. arrollo del contenido. Llegaba por este camino a una división que el sujeto sólo puede esbozar, a lo sumo, a manera de clasificación somera y superficial, pero en la que el espíritu del derecho y su verdad desaparecen. Todo el derecho se dividía en dos partes: el derecho contrae. tual y el no contractual. Me permito resumir aquí, hasta llegar a la clasificación del jus publicum,• elaborado también en su parte formal, el esquema establecido por mí, para que puedas formarte una idea más clara de la cosa.

a Derecho público.

CARTA AL PADRE ¡us privatum b jus publicum l. jus privatum a) Del derecho privado contractual condicionado.

b) Del derecho privado contractual no condicionado. A) Del derecho privado contractual condicionado a) Derecho de las personas. b) Derecho de las cosas. e) Derechos reales de las personas.

a) Derecho de las personas I. Nacido de contratos onerosos, II. del contrato de aseguramiento, 111. del contrato de beneficencia.

l. Nacido de contratos onerosos 2. El contrato de sociedad (societas). 3. Contrato de arrendamiento (locatio conductio).

3. Locatio conductio l. Que versa propiamente sobre operae."

a) Locatio conductio propiamente dicha (que no es m el contrato romano de alquiler ni el de arriendo), b) mandatum d 2. Cuando versa sobre el usus rei.e a) Sobre la tierra: ususfructust (también en el sentido no romano de la palabra).

b) Sobre casas: habitatio.g II. Nacido del contrato de aseguramiento l. Contrato de transacción o arbitraje. 2. Contrato de seguro. III. Nacido del contrato de beneficencia 2. Contrato de ratificación l. fidejussio.h 2. negotiorum gestio.t b Derecho privado. e Servicios. d Mandato. e Uso de la cosa. f Usufructo. g Derecho de habitación. h Garantía personal. i Gestión de negocios. CARTA AL PADRE 3. Contrato de donación l. donatio J 2. gratiae promissum."

b) Derecho de las cosas l. Nacido de contratos onerosos 2. Permutatio stricte sic dicta.l l. Permutatio en sentido estricto. 2. mutuum m ( usurae). 3. emptio, venditio n 11. Nacido del contrato de aseguramiento pignuso III. Nacido del contrato de beneficencia 2. commodatum.P 3. depositum.q Pero, ¿a qué seguir llenando páginas con cosas que yo mismo he desechado? Todo aparece plagado de tricotomías y escrito con fatigosa prolijidad, violentando del modo más bárbaro las ideas romanas para hacerles encajar a la fuerza en mi sistema. Pero, por otra parte, ello me permitió, por lo menos en cierto modo, cobrar amor por la mate. ria y abarcarla en una mirada panorámica.

Al final del derecho material privado, me di cuenta de lo falso que era todo esto, un esquema fundamental que se asemejaba al de Kant,l71 pero que en su desarrollo difería totalmente de él, y de nuevo me hice cargo de que sin filosofía no era posible penetrar en los problemas. Ha. hiendo visto claro esto, podía ya volver a echarme en sus brazos con la conciencia tranquila, y me dediqué a escribir un nuevo sistema metafí. sico fundamental, al final del cual no tuve más remedio que convencerme una vez más de lo fallidas que resultaban todas las aspiraciones, las del sistema y las mías propias.

A todo esto, me había ido acostumbrando a hacer extractos de todos los libros que leía, como hice con el Laocoonte, de Lessing, con el Envin, de Solger, con la Historia del arte, de Winckelmann, con la llistoria de Alemania, de Luden, garrapateando al paso mis propias reflexiones. Traduje, además, la Germanía, de Tácito y los Libri tristium,r de Ovidio y comencé por mi cuenta, es decir, con ayuda de gramáticas, a estudiar el inglés y el italiano, sin haber logrado nada hasta ahora, y 111c dediqué a leer el Derecho penal, de Klein y sus Anales y lo más nuevo de la literatura, aunque esto en lugar secundario. Al final del semestre, volví a dedicarme a las danzas de las musas v .1 b música de los sátiros, y ya en este último cuaderno que os h~ l Donación. k Promesa de recompensa. 1 Permuta propiamente dicha. m Préstamo m11lno (con intereses). n Compraventa. o Prenda. P Comodato. q Depósito. r Poemas 111\ll'S.

CARTA AL PADRE enviado se ve al idealismo debatirse con un humorismo forzado (Scorpión y F~lix) y a través de un drama fantástico malogrado Oulanem • hasta que, a la postre, ese idealismo da un viraje completo y se convierte en un arte puramente formal, casi siempre sin ningún objeto que inflame el entusiasmo y sin brío alguno en la marcha de las ideas. Y, sin embargo, estos últimos poemas son los únicos en los que, de pronto, como con un toque de varita mágica -pero el toque, ¡ay!, fue al principio aplastante-, eL.teino de la verdadera poesía parecía brillar a lo lejos como un palacio de hadas, y todas mis creaciones se vieron reducidas a la nada.[sJ Como es natural, todas estas ocupaciones tan diversas mantenidas a lo largo del primer semestre, las muchas noches en vela, los muchos combates reñ.idos, la constante tensión interior y exterior hicieron que, al final, saliera de todo esto bastante maltrecho y que el médico me aconsejara dejarlo todo, la naturaleza, el arte, el mundo y los amigos, para salir por vez primera de las puertas de esta ancha ciudad y descansar algún tiempo en Stralow.t Pero no podía sospechar que, en pocos días, mi cuerpo, lánguido y pálido, se tornaria fuerte y robusto. Había caído el telón, mi santuario se había desmoronado y era necesario entronizar en los altares a nuevos dioses. Abandonado el idealismo que, dicho sea de paso, hab{a cotejado y nutrido con el de Kant y Fichte, me dediqué a buscar la idea en la realidad misma. Si antes los dioses moraban sobre la tierra, ahora se habían convertido en el centro de ella.

Había leído algunos fragmentos de la filosofía hegeliana, cuya grotesca melodía barroca no me agradaba. Quise sumirme una vez más en este mar proceloso, pero con la decidida intención de encontrar la naturaleza espiritual tan necesaria, tan concreta, tan claramente definida como la naturaleza física, sin dedicanne ya a las artes de la esgrima, sino haciendo brillar la perla pura a la luz del sol. Escribí un diálogo de unos veinticuatro pliegos titulado Cleantes, o del punto de partida y el desarrollo necesario de la filosofía. El arte y la ciencia, que hasta entonces habían marchado cada cual por su lado, se hermanaban hasta cierto punto aquí y me puse a andar como un vigoroso caminante, poniendo manos a la obra, que venía a ser un desarrollo dialéctico de la divinidad, tal como se manifiesta en cuanto concepto en sí y en cuanto religión, naturaleza e historia. Terminaba yo por donde comenzaba el sistema hegeliano, y este trabajo, para el que hube de familiarizarme hasta cierto punto con las ciencias naturales, con Schelling y con la historia, y que me causó infinitos quebraderos de cabeza, aparece [ ... ] u escrito de tal modo (ya que trataba de ser, propiamente, una nueva lógica) que todavía hoy no puedo imaginarme cómo esta obra, mi criatura predilecta, engendrada a la luz de la luna, pudo echarme como una pérfida sirena en brazos del enemigo. Pasé unos cuantos días sin acertar, de rabia, a conciliar mis pensamien- • Al parecer, anagrama de "Manuelo", uno de los personajes del drama. t Era, entonces, un suburbio de Berlín. v. Dos palabras ilegibles, en el manuscrito. CARTA AL PADRE tos, corriendo como un loco por los parques que bañan las sucias aguas del Spree, estas aguas "que lavan las almas y oscurecen el té" ,l'l me lancé incluso a una partida de caza con el dueiio de la casa en que me alojaba y, al volver a Berlin, loco de contento, recorría las calles de la ciudad y quería abrazar. todos los balcones.

A raíz de esto, me dediqué solamente a estudios positivos, estudié la Posesión, de Savigny, el Derecho penal, de Feuerbach y Grolmann, el De verborum significatione, de Cramer, el Sistema de Pandectas, de Wening-Ingenheim y la Doctrina (Jandectarum, de Mühlenbruch, en que todavía ando metido, y, por último, algunos títulos del Lauterbach, del Proceso civil y, sobre todo, del Derecho eclesiástico, habiendo llegado a leer y extractar casi totalmente, en el Corpus," la primera parte, la Concordia discorclantium canonum, de Graciano, así como también, en el Apéndice, las Instituciones, de Lancelotti. Luego, traduje una parte de la Retórica, de Aristóteles, leí el De augmentis scientiarum del famoso Bacon de Verulamio, me ocupé mucho de Reimarus, en cuyo libro Sobre los instintos superiores de los animales penetré con gran deleite; me dediqué también al derecho germánico, pero, fundamentalmente, sólo en la parte relacionada con las capitulares de los reyes francos y las bulas de los papas. Disgustado por la enfermedad de Jenny y por mis trabajos fallidos y malogrados sobre temas espirituales, consumido por la rabia de tener que convertir en ídolo una concepción que odiaba, cal enfermo, como ya en otra carta anterior te comunicaba, queridisimo padre. Una vez recobrada la salud, quemé todas mis poesías y esbozos de relatos literarios, etc., en la esperanza de que de aquí en adelante podré mantenerme apartado de estas cosas, sin que hasta ahora haya prueba alguna en contrario.

Durante mi enfermedad, estudié de cabo a rabo a Hegel y a la mayoría de sus discípulos. A través de algunos amigos con quienes me reuní en Stralow, fui a dar a un club de doctores, entre ellos algunos profesores de la universidad y el más intimo de mis amigos berlineses, el doctor Rutenberg. En las discusiones allí sostenidas se han ido revelando algunas concepciones polémicas, y me he ido sintiendo cada vez más encadenado a la actual filosofía del mundo a la que había creido poder sustraerme, pero todo lo ruidoso había enmudecido y me sentía asaltado por una verdadera furia irónica, al ver cómo podían suceder tantas cosas que antes había negado. Vino luego el silencio de Jenny y ya no pude descansar hasta convencerme, con algunas malas producciones, como lA visita l 101 de la modernidad y las posiciones de la concepción actual sobre la ciencia. Si acaso no te he explicado claramente lo que he hecho en este último semestre ni he entrado en todos los detalles, te ruego, querido pa. dre, que me perdones, achacándolo a mi ansia de hablar del presente. El sefior von Chamisso me ha enviado una nota perfectamente trivial en que me conmunica que "lamenta que el Almanaque l111 no pueda publicar mis colaboraciones, pues hace mucho que está impreso". Casi " Corpus Juris Canonici ("Cuerpo de Derecho canónico"). 1' CARTA AL PADRE me lo he comido de rabia. El librero Wigand ha enviado mi plan al doctor Schmidt, editor de la casa Wunder, firma comercial que trata en buenos quesos y en mala literatura. Te adjunto su carta; la persona en cuestión aún DO ha contestado . Sin embargo, no renuncio del todo a este plan. sobre todo teniendo en cuenta que todas las celebridades estéticas de la escuela hegeliana, por mediación del docente Bauer,s muy destacado entre ellas, y mi coadjutor, el doctor Rutenberg, han prome. tido cooperar.l111l Por lo que se refiere, querido padre, a la carrera en ciencias camera. les,l131 he conocido hace poco a un asesor llamado Schmidthlnner, quien me ha aconsejado que me pase a ella después de aprobar el tercer examen en ciencias jurldicas, lo que me agradaría más, puesto que realmente prefiero la jurisprudencia a la administración. Este señor me ha dicho que él mismo y muchos otros procedentes del Tribunal territo. rial superior de Münster, en W estfalia, han logrado llegar a asesor en tres años, lo que no es dificil, trabajando mucho por supuesto, ya que las etapas, allí, no están tan fijamente delimitadas como en Berlín y en otras partes. Y si, más tarde, se logra ser ascendido de asesor a doctor, es mucho más fácil la posibilidad de pasar en seguida a pro. fesor extraordinario, como logró por ejemplo, H. Gartner, en Bono, que ha escrito una obra bastante mediocre sobre los códigos provincia. les y del que, por lo demás, sólo se sabe aquí que se profesa partidario de la escuela jurldica hegeliana. Pero tal vez, mi queridísimo padre, el mejor de los padres, pudiera yo tratar esto personalmente contigo. El estado de Eduardo,7 los padecimientos de mi querida mamá y tu enfer. medad, aunque confío en que no se trate de nada grave, todo e11o me Ueva a desear y a considerar casi necesario el volar hacia vosotros. Y ya estarla ahí si no tuviera fundadas dudas acerca de que me des tu conformidad.

Créeme, queridísimo padre, que no me anima ninguna intención egoÍSta (aunque me sentirla feliz de volver a ver a Jenny), pero hay algo que me conturba y que no me atrevo a expresar. En cierto sentido, seria incluso un duro golpe para mí, pero, como escribe mi dulce, mi única Jenny, estas consideraciones son todas ellas secundarias, deben pasar a segundo plano ante el cumplimiento de deberes reputados como sagrados. Te ruego, querido padre, que, si estás de acuerdo con ello, no ense. ftes esta carta o, por lo menos, esta hoja, a mi madre angelical. Es posible que mi repentina llegada infundiera ánimos a esta grande y maravillosa mujer. La que he escrito a la mamá fue muy anterior a la llegada de la carta tan hermosa de Jenny, y ello Cllplica por qué en ella le hablo tal vez en exceso, sin darme cuenta, de cosas que no vienen al caso. En la esperanza de que, poco a poco, vayan disipándose las nubes que actualmente ensombrecen nuestra familia y de que pronto me sea dado sufrir y llorar con vosotros y daros pruebas, tal vez en vuestra presencia, de la profunda devoción y el inmenso amor que por s Bruno Bauer. 7 Hermano de Carlos Marx.

CARTA AL PADRE vosotros siento y que con tanta frecuencia he sabido expresar tao mal; confiando en que también tú, queridísimo y eternamente amado padre, haciéndote cargo de las emociones muchas veces cambiantes de mi ánimo, perdones los frecuentes yerros de mi corazón, cuando el espíritu batallador ahoga sus latidos, y deseando vivamente que pronto te escueotres restablecido, para que pueda estrecharte contra mi pecho y hablarte con el corazón en la mano, tu hijo, que te adora, CARLOS.

Perdóname, querido padre, la letra casi ilegible y el pobre estilo de esta carta. Son ya casi las cuatro de la mañana, y la vela se ha con. sumido y los ojos me arden. Se ha apoderado de mi una inquietud total, y no me sentiré de nuevo tranquilo hasta que no me vea de nuevo en vuestra amada presencia.

Te ruego que hagas llegar mis carifiosos saludos a mi dulce, incomparable Jenny. Doce veces he leído ya su carta y a cada lectura descubro en ella nuevos encantos. Es, en todos los sentidos, incluso en cuanto al estilo, la carta más hermosa que mujer alguna pudiera escribir.