en Londres 
Manchester, lunes 13 de noviembre de 1865

I 13 Nov 1865. 
Querido Mohr 

Simultáneamente con ésta recibirás una carta certificada con £15 — que 
preparé el viernes y encomendé a nuestro recadero. El domingo no recibí 
respuesta tuya, lo que me extrañó en cierta medida, y me llamó la atención 
que el muchacho no me hubiera entregado el resguardo de la carta el sábado 
por la mañana. Al indagar hoy, resultó que el bribón había andado remoloneando 
con todo el asunto y aún llevaba la carta en el bolsillo. Con esto colmó la 
medida de su desidia y fue despedido. Para mí es sumamente fastidioso, 
pues entre tanto habrás pensado que yo había embolsado tranquilamente tu 
última carta y dejado correr el asunto sin escribirte una sola palabra. 
Tuyo 
F. E. 

¿Se ha marchado Edgar? |

Theodor Metzner, Sigfrid Meyer y August Vogt 
a Karl Marx 
en Londres 
Berlín, lunes 13 de noviembre de 1865

I Berlín 13 de noviembre de 1865 
Estimadísimo señor: 

La conciencia de nuestra dependencia intelectual de los escritos de usted y de Engels 
—que, por cierto, solo conocemos en parte— nos alienta a describirle las actuales 
circunstancias de los obreros alemanes. 

El intento emprendido hace 2½ años de organizar el partido obrero alemán 
injertó el cesarismo sobre principios democráticos. Al combatir Lassalle, al 
mismo tiempo, el pensamiento independiente y el mero opinar individual, 
no se le ocurrió nada menos que señalar los límites de ambos. No dejó de 
guardar relación con esta antinatural unión el hecho de que, partiendo de la 
posibilidad de que una monarquía popular pudiera llevar a cabo sus propuestas, 
se abstuviera, declaradamente, de decir la última palabra. Poco a poco, el principio 
ya atenuado por Lassalle fue atenuado aún más y malentendido. La escuela liberal 
trató de hacer creer a los obreros poco desarrollados, a quienes 
difícil les resulta imaginarse fuera de los lazos de la sociedad actual, mediante 
la explotación de consignas mal elegidas, p. ej., el auxilio estatal, que ese principio 
tan desfigurado conducía al campo de la reacción. Esta, naturalmente, 
aprovechó la circunstancia y coqueteó con diversas personas del movimiento, las 
cuales, seducidas por la vanidad y sin conocimiento exacto del principio, 
se inclinaban hacia distintas direcciones. (Socialdemokrat.) 
A esta traición de los principios democráticos opusieron tenaz resistencia 
Liebknecht y el núcleo más desarrollado de los obreros de aquí. En tiempos 
más recientes, aquellos así llamados dirigentes de la Allgemeinen Deutschen 
Arbeitervereins, la cual marcha hacia su inevitable disolución, hicieron por 
ello amplias concesiones frente a estos obreros, entre otras cosas, desarrollaron 
la propuesta de nombrarlos presidente de honor y colocar junto a ellos un 
directorio de tres miembros. 

Consideramos necesaria una centralización del partido obrero en Alemania 
y esperamos que usted, estimado señor, mediante su comparecencia personal 
entre nosotros, dirija y apoye a las mejores fuerzas. Pues en Berlín, al que 
tenemos por el punto central del movimiento a pesar de las aguas residuales que 
flotan en la superficie, faltan fuerzas intelectuales desde la partida de Liebknecht, 
quien entendía de modo excelente cómo despertar el pensamiento revolucionario. 
Con cuán poderoso 

respeto se pronuncia su nombre incluso entre los malos elementos del partido, que 
a fin de cuentas no pueden prescindir de la ciencia, no necesita demostración. 
A ello se suma que, frente a las muchas calumnias todavía muy difundidas, 
su presencia nos proporcionaría una alta satisfacción, así como que sería sin duda 
muy importante para el efecto de su obra, que ahora aparece, la cual la prensa 
estará más que inclinada a silenciar otra vez. La importancia que en los tiempos 
más recientes empieza a concederse también en los círculos científicos a sus obras 
y la profunda veneración que por usted sentimos entre nosotros, le aseguran un 
fuerte apoyo. 

Sabemos que el proletariado tiene que separarse de la burguesía y esperamos 
lograr claridad del modo más fácil sobre los medios adecuados mediante una 
conversación oral con usted. Si contra toda espera estuviera usted impedido 
de acceder a nuestro ruego, le rogamos que, al menos temporalmente, nos apoye 
con su consejo. 

August Vogt, zapatero Con alta estima 
45 Ritterstraße, patio Th. Metzner 
izquierda, 2 escaleras Berlín. Sigfrid Meyer. 

August Vogt. I