en Londres
Manchester, lunes 7 de agosto de 1865

Manchester, 7 de agosto de 1865.

Querido Mohr:

Contra tu reumatismo tengo un remedio con el que Gumpert me curó una vez en 24 horas, y ello de un ataque mucho más violento.

Hazte coser dos grandes sacos de franela, tan grandes que cubran por completo la parte afectada y algo más; haz que te los llenen de salvado (bran) y los calienten alternativamente en el horno de cocer, tan calientes como puedas soportarlo, y te los aplicas alternativamente, cambiándolos tan a menudo como sea posible. Mientras tanto, te quedas tranquilo y abrigado en la cama, y pronto sentirás un alivio muy considerable, lo que sin embargo no debe impedirte proseguir con ello hasta que ya no sientas absolutamente nada (digamos 24-36 horas).

Eichhoff estuvo aquí ahora mismo; se ha hecho nombrar en Londres director de una limited company; de todo el asunto se me hace más claro que la luz del sol que va a ser nuevamente estafado de lo lindo, pero a ese tipo, con su manía de verlo todo couleur de rose, no hay absolutamente manera de ayudarle. ¡Ha llegado ya al extremo de creer que el negocio de la seda aquí en Inglaterra no puede ya en absoluto desenvolverse sin él!

De que el libro avance rápidamente me alegro mucho; de algunas expresiones en tu carta anterior había colegido realmente la sospecha de que te encontrabas de nuevo ante un punto de inflexión inesperado que pudiera retrasarlo todo hacia lo indeterminado. El día en que el manuscrito sea enviado, me emborracharé sin piedad alguna, a no ser que tú vengas al día siguiente y podamos celebrarlo juntos.

Muchas gracias por los Free Presses.

Nuestro bravo Liebknecht no puede nunca dejar de lado sus meteduras de pata y sus trapacerías de pluma. Siempre habrá que estar enfadado con él 10 meses de 12, tan pronto como está solo y tiene que actuar por cuenta propia. Pero, entre tanto, que veux-tu? es su naturaleza liebknechtiana y de nada le sirven todo el enfado y todos los gruñidos. Y al fin y al cabo || por el momento es la única conexión fiable que tenemos en Alemania.

Un congreso de trabajadores en Bruselas sería, en las actuales circunstancias, con seguridad una gran estupidez. Recuerda nuestras propias experiencias en ese diminuto país. Algo así solo es factible en Inglaterra, y los franceses deberían saberlo. Sería pura pérdida de dinero, tiempo y esfuerzo intentar algo así en Bélgica.

¿Tienes el panfleto de Schilling sobre B. Becker? Podrías enviármelo por unos días.

Si Strohn está en Hamburgo o en Bradford no lo sé; hace largo tiempo que no he vuelto a saber nada de él.

Los filisteos renanos parecen estar en una furia terrible contra Bismarck; es muy bueno que a esos asnos se les esté sirviendo en bandeja el «desarrollo histórico sobre el terreno de la legalidad». ¿Has visto la última artimaña de Bismarck para procurarse dinero? Ha malbaratado ante el ferrocarril de Colonia-Minden —que, a cambio de una garantía estatal de intereses, había concedido al Estado el derecho de recompra a la par (las acciones de 100 táleros están ahora por encima de los 200 táleros)— este derecho por 13 millones de táleros, y la Kölner Zeitung calcula que de aquí saca, incluyendo la venta de las acciones ya poseídas por el Estado, etc., 30 millones de táleros limpios. La cuestión es si el ferrocarril de C.-M. paga esto sin que las Cámaras aprueben el contrato. Si lo hace, entonces Bismarck tendrá otra vez vía libre por años y los filisteos quedarán terriblemente chasqueados. Eso se verá pronto.

Lizzy sostiene que Edgar no puede haberse puesto su sombrero tejano, pues de otro modo no hubiera podido resfriarse la nariz de ninguna manera.

Tuyo
F. E.