en Saint Louis
Manchester, viernes, 10 de marzo de 1865

Manchester, 10 de marzo de 1865.
Querido Weydemeyer:

Por fin me pongo a contestar tu carta del 20 de enero. Se la había enviado a Marx, quien la retuvo mucho tiempo —en parte por impedírselo su mal estado de salud—, de hecho no me la devolvió hasta hoy hace 8 días, de modo que ya no pude escribir para el vapor; el negocio me absorbía demasiado durante el día.

Muchísimas gracias por tu detallada respuesta a mis preguntas. Con los informes tan chapuceros de los periódicos de aquí sobre asuntos militares, se me había perdido el hilo de todas las operaciones «combinadas»; la expedición del Río Rojo se me había quedado completamente inexplicable, y la de Sherman desde Vicksburg hacia el este tampoco me quedaba sino muy oscura, ya que aquí jamás se habló del cuerpo sur procedente de Nueva Orleans. Estas operaciones combinadas con un punto de reunión no solo en la esfera del enemigo, sino incluso a espaldas de sus líneas, muestran precisamente cuán toscos fueron los conceptos de estrategia que tuvo que formarse una nación completamente inexperimentada en la guerra. Y sin embargo, si el noble Wrangel y el príncipe Friedrich Karl, en la guerra danesa, no hubieran estado 2 contra 1, habrían realizado maniobras muy semejantes. La historia de Missunde y las dos inexplicables «demostraciones» (para dar un nombre cualquiera a esa cosa innombrable) contra Düppel antes del asalto fueron más infantiles aún.

En cuanto a la conducta de Grant ante Richmond, trato de explicármela de otro modo. Soy completamente de tu opinión de que, estratégicamente, solo el ataque al lado oeste de Richmond era correcto. Sin embargo, me parece —hasta donde se puede juzgar a tanta distancia y con las noticias imprecisas— que Grant prefirió el lado este por dos razones: 1) porque allí podía aprovisionarse más fácilmente. Mientras que en el lado oeste solo disponía del ferrocarril de Fredericksburg y del de Tennessee (ambos conducen a regiones agotadas), en el lado este tenía el ferrocarril de Fredericksburg, y además el York River y el James River. Dada la dificultad del aprovisionamiento de grandes ejércitos, que tan importante papel ha desempeñado en toda la guerra, no quisiera condenar a Grant incondicionalmente hasta tener claridad sobre el asunto. Le reprochas haber vuelto la espalda al mar. Pero cuando se domina el mar y se tienen puntos seguros de embarque (Monroe y Norfolk), esto es una ventaja. Compárese con las campañas de Wellington en España y en Crimea, donde los aliados, vencedores en el Alma, huyeron positivamente solo para quedar cubiertos a retaguardia por el mar protector al sur de Sebastopol. Que la posesión del valle del Shenandoah era el mejor camino para asegurar Washington, es claro. ¿Pero? Aquí viene:

2) ¿Querían Grant (y Lincoln) tener Washington completamente asegurado? Me parece, por el contrario, que dada la laxa constitución federal y la, en algunas partes, tan grande indiferencia hacia la guerra en el Norte, Lincoln no quiso nunca seriamente expulsar a los confederados de Richmond, sino que, al contrario, precisamente quiso mantenerlos fijos en una posición que amenazaba en cierta medida a Washington, Pensilvania e incluso Nueva York. Creo que sin eso no habría obtenido ni los reclutas ni el dinero para llevar la guerra a su fin. Que a Grant le gustaría tomar Richmond desde hace 3 o 4 meses, lo creo bien, pero sus fuerzas no alcanzan para ello. Las estimo en 70.000-90.000 hombres, y las de Lee en 50.000-70.000. Si esta proporción es aproximadamente correcta, dado el ataque estratégico reconocidamente falso, es todo lo posible que haya conseguido impedir a Lee toda defensa ofensiva y cercar Richmond al menos por 3 lados de 4. Pues después de la brillante utilización de los contraataques ofensivos que ha distinguido precisamente a Lee, por encima de todos los generales del Norte y del Sur desde hace dos años, no puedo creer que renuncie a este tipo de lucha a no ser forzado. Pero el Norte ganó enormemente al conseguir mantener fija a la mejor armada del Sur mediante un infantil «point d'honneur» en Richmond, en una esquina del territorio sureño, durante tanto tiempo, hasta que todo el territorio de retaguardia fue cortado y militarmente desorganizado para el Sur, primero por la conquista del valle del Mississippi y luego, por segunda vez, por la campaña de Sherman; hasta que finalmente, lo que ahora parece ser el caso, todas las tropas disponibles de la Unión marchen sobre Richmond y un golpe decisivo pueda poner fin a todo el asunto.

Las últimas noticias que tenemos llegan hasta el 25 de febrero desde Nueva York, es decir, incluyen la toma de Charleston y Wilmington, y el avance de Sherman desde Columbia sobre Winnsborough. Este Sherman parece ser el único tipo en el Norte que sabe sacar éxitos de las piernas de sus soldados. Debe de tener, por lo demás, a unos muchachos famosos bajo su mando. Estoy ahora curioso por lo que sucederá. Si Lee juzga correctamente su situación desesperada, no le queda más que empaquetar y marchar hacia el sur. ¿Pero adónde? Solo le queda abierto el camino hacia Lynchburg y Tennessee; pero eso sería muy arriesgado, marchar hacia el estrecho valle montañoso con un solo ferrocarril, y con Knoxville y Chattanooga fortificadas al frente. Eso significaría, además, sacrificar probablemente directamente a Beauregard, Hardee y todas las demás tropas confederadas estacionadas en Carolina del Norte, y ofrecer el flanco a Sherman. ¿O desembocar desde Petersburg, arrojar al ala izquierda de Grant, y marchar directamente al sur contra Sherman? Arriesgado, pero mejor; el único camino para reunir consigo los restos de los ejércitos en fuga, contener a Grant mediante la destrucción de los ferrocarriles y puentes, y caer con fuerza superior sobre Sherman. Si este hace frente a la potencia total, será seguramente derrotado; si se retira hacia la costa, le abre a Lee el camino hacia Augusta, donde encuentra el primer punto de reposo. Pero entonces Sherman y Grant se unirán seguramente y con ello Lee quedará otra vez expuesto a la superioridad numérica, y esta vez prácticamente en campo abierto; pues no creo que los confederados puedan concentrar otra vez tanto artillería de plaza en punto alguno del interior como para organizar allí un nuevo Richmond. Y aun si eso ocurriera, no harían sino huir de una ratonera para meterse en otra. ¿O bien... una invasión del Norte? Para eso bien pudiera ser capaz Jeff. Davis, pero con ello todo habría terminado en 14 días.

Ahora bien, Lee puede también enviar solo una parte de sus fuerzas al sur para, en unión con Beauregard y consortes, detener a Sherman, y esto me parece lo más probable. En ese caso, Sherman probablemente les «zurrará» convenientemente, para hablar en alemán del sur, y entonces Lee se quedará realmente atrapado. Pero incluso si Sherman fuera derrotado, Lee solo habría logrado un aplazamiento de un mes, y las tropas que avanzan desde todos los lados de la costa —sin hablar de los éxitos de Grant en el ínterin contra la debilitada armada de Richmond— lo pondrían pronto de nuevo en la vieja y penosa situación. De todos modos, el asunto ha llegado a su fin y espero cada vapor con la máxima tensión; ahora llueven noticias apasionantes. Las especulaciones estratégicas de los numerosos simpatizantes sureños de aquí son de lo más cómico de oír; se resumen todas en la palabra del general polaco del Palatinado Sznayde, que en cada huida decía: «Lo hacemos exactamente como Kossuth».

Por lo demás, te estoy muy agradecido por tus aclaraciones sobre las instituciones militares de ahí; no había logrado, por muchos lados, hacerme una imagen clara de la guerra de allí hasta ahora. Los cañones Napoleón los conozco desde hace equis tiempo; los ingleses ya los habían abolido de nuevo (ligeros, lisos, de 12 libras, con carga de 1/6 del peso de la bala) cuando Luis Bonaparte los reinventó otra vez. Obuses prusianos podéis tener en masa, ya que ahora han sido todos abolidos y sustituidos por cañones rayados de 6 y de 4 libras (que disparan granadas pesadas de 13 y 9 libras). Que vuestros obuses solo tengan 5° de elevación no me extraña; los viejos obuses largos franceses (hasta 1856) no tenían tampoco más, y los ingleses, si no me equivoco, solo un poco más. El tiro curvo alto con obuses existía desde hace mucho tiempo, en general, solo entre los alemanes; la gran inseguridad, sobre todo en la dirección longitudinal, lo había hecho caer en descrédito.

Ahora pasemos a otras cosas.

Ciertamente, en Berlín se había establecido un abogado de Fráncfort, «von Schweitzer», con un periodiquillo: Der Sozialdemokrat, y nos había invitado a colaborar. Como Liebknecht, que está en Berlín, debía entrar en la redacción, aceptamos. Pero entonces surgió en el periodiquillo, por un lado, un insoportable culto a Lassalle, mientras que entre tanto supimos positivamente (la vieja Hatzfeldt se lo contó a Liebknecht y lo instó a obrar en ese sentido) que Lassalle estaba metido con Bismarck mucho más profundamente de lo que jamás habíamos sabido. Existía una alianza formal entre ambos, que había llegado tan lejos que Lassalle debía ir a Schleswig-Holstein y allí abogar por la anexión de los ducados a Prusia, mientras que Bismarck había hecho vagas promesas sobre la introducción de una especie de sufragio universal y otras más determinadas sobre el derecho de coalición y concesiones sociales, apoyo estatal para las asociaciones obreras, etc. El estúpido Lassalle no estaba cubierto por nada en absoluto frente a Bismarck; al contrario, habría sido sin contemplaciones metido en el agujero tan pronto como se hubiera vuelto incómodo. Los señores del Sozialdemokrat sabían esto y a pesar de todo continuaban con el culto a Lassalle cada vez con más vehemencia. Pero a esto se sumó que los tipos se dejaron amedrentar por las amenazas de parti de Wagner (de la Kreuzzeitung), cortejando a Bismarck, coqueteando con él, etc., etc. Entonces se acabó todo. Hicimos imprimir nuestra declaración y nos retiramos, retirándose también Liebknecht. El Sozialdemokrat declaró entonces que no pertenecíamos al partido socialdemócrata, con cuya excomunión nosotros, naturalmente, nos hemos quedado tranquilos. Toda la Asociación General de Trabajadores Alemanes lassalleana se ha despeñado por una pista tan falsa que no hay nada que hacer con ella; por lo demás, no durará mucho.

Se me había pedido que escribiera sobre la cuestión militar, lo cual hice, pero entre tanto surgieron estas tensiones y del artículo salió un folleto que he hecho imprimir por separado, y del cual te envío un ejemplar con este vapor. Según los periódicos que me llegan, la cosa parece causar mucho escándalo, sobre todo en Renania, y en cualquier caso perturbará mucho entre los obreros su momentánea adhesión a la reacción.

La Asociación Internacional de Londres avanza estupendamente. Sobre todo en París, y en Londres no menos. También en Suiza e Italia va bien. Solo los lassalleanos alemanes no quieren morder el anzuelo, y en las circunstancias actuales menos aún. De todos modos, recibimos de nuevo cartas y ofertas de Alemania por todos lados; la cosa ha girado decididamente, y el resto se hará.

A tu mujer, a su pregunta, solo puedo responderle que, ciertamente, aún no he contraído el santo vínculo del matrimonio.

Adjunto, fotografía de Lupus y mía; la mía algo demasiado oscura, pero ya no tengo otro ejemplar.

¡Schimmelfennig ha tomado Charleston — Hurrah!

Escribe pronto.

Tuyo
F. Engels