en Manchester 
Londres, sábado, 18 de febrero de 1865

Dear Fred,

Adjuntos 2 cartas de Liebknecht, 1 para ti, 1 para mí. Ítem una anterior de Schweitzer.

Mi opinión es la siguiente:

Puesto que Liebknecht ha presentado ya su dimisión, il faut en finir. Si hubiera aplazado el asunto, nosotros también podríamos aplazarlo, ya que tu folleto está en marcha.

Tengo a Schweitzer por incorregible (probablemente en inteligencia secreta con Bismarck).

Lo que me lo confirma es:
1) el pasaje señalado (por mí) en su carta adjunta del 15;
2) el momento en que apareció su Bismarck III.

Para valorar ambas cosas, te transcribo literalmente aquí un pasaje de mi carta a él del 13 de febrero:

«... puesto que la correspondencia de M. Heß en el n.º 21 que llega hoy ha dejado en parte anticuada nuestra declaración, demos el asunto por concluido. Sin embargo, nuestra declaración contenía también otro punto: el elogio de la actitud antibonapartista del proletariado parisino y una insinuación a los obreros alemanes para que imitaran ese modelo. Esto era para nosotros más importante que el ataque contra H[ess]. No obstante, expondremos detalladamente en otro lugar nuestra opinión sobre la relación de los obreros con el gobierno prusiano.

En su carta del 4 de febrero se dice que yo mismo he advertido a Liebknecht que no se desmandara, para que no lo echaran al diablo. Muy cierto. Pero le escribí al mismo tiempo que se puede decir todo, cuando se acierta con la forma adecuada. ¡Una forma de polémica contra el gobierno que sea «posible» incluso para el meridiano de Berlín es seguramente muy distinta de la coquetería o incluso del compromiso simulado con el gobierno! Yo mismo le he escrito que el Soc. Democ. debe evitar incluso esa apariencia.

Por su periódico veo que el ministerio se pronuncia sobre la abolición de las leyes de coalición de manera equívoca y ganando tiempo. En cambio, un telegrama del Times informa que ha dejado caer algo proteccionista sobre un apoyo a las sociedades cooperativas prometido por parte del Estado. ¡No me sorprendería en absoluto que el Times hubiera telegrafiado esta vez, excepcionalmente, de manera correcta!

Las coaliciones, con las trade unions que de ellas surgen, no solo son de la mayor importancia como medio de organización de la clase obrera para la lucha contra la burguesía —importancia que se muestra, entre otras cosas, en que ni siquiera los obreros de los Estados Unidos, a pesar del derecho al voto y de la república, pueden prescindir de ellas—, sino que en Prusia y en Alemania en general el derecho de coalición es, además, una ruptura de la dominación policial y del burocratismo, desgarra la ordenanza de la servidumbre y el régimen nobiliario en el campo; en suma, es una medida para la emancipación de los «súbditos», que el Partido del Progreso, es decir, cualquier partido burgués de oposición en Prusia, a no ser que esté loco, podría conceder cien veces antes que el gobierno prusiano y, con mayor razón, antes que el gobierno de un Bismarck. Por el contrario, el apoyo del real gobierno prusiano a las sociedades cooperativas —y cualquiera que conozca las condiciones prusianas conoce de antemano las necesarias dimensiones enanas— es, como medida económica, nulo, mientras que al mismo tiempo extiende el sistema de tutela, soborna a una parte de la clase obrera y castra al movimiento. Así como el partido burgués en Prusia se ha cubierto de ridículo y se ha acarreado su miseria actual, principalmente por haber creído seriamente que con la «Nueva Era» el gobierno le había caído en el regazo por gracia del Príncipe Regente, el partido obrero se cubrirá de un ridículo aún mayor si se imagina que, por la era Bismarck o por cualquier otra era prusiana, las manzanas de oro le van a caer en la boca por la gracia real. Que la desilusión sobre la infausta ilusión de Lassalle acerca de una intervención socialista de un gobierno prusiano llegará, está fuera de toda duda. La lógica de las cosas hablará. Pero el honor del partido obrero exige que rechace tales quimeras, incluso antes de que su vaciedad haya estallado con la experiencia. La clase obrera es revolucionaria o no es nada.»

Well! A esta carta mía del 13 me contesta con su carta del 15, en la que exige, en todas las cuestiones «prácticas», mi subordinación a su táctica, ¡y me contesta con Bismarck III como nueva prueba de esa táctica! Y ahora me parece, en efecto, que la manera insolente con que, con ocasión de la declaración contra Heß, planteó la cuestión de confianza, no se debió a la ternura por Moses, sino a la firme resolución de no dar cabida bajo ninguna circunstancia en el Soc. Dem. a nuestra insinuación a los obreros alemanes.

Puesto que, pues, hay que romper de todos modos con ese sujeto, mejor ahora mismo. En cuanto a los zoquetes alemanes, que griten cuanto quieran. La parte aprovechable de entre ellos tendrá que agruparse, tarde o temprano, en torno a nosotros. Si te parece bien la declaración de abajo, cópiala, fírmala y envíamela. Modifica lo que te parezca inadecuado, pues está bosquejada deprisa, o hazla completamente nueva, como quieras.

Tuyo, K. M.

Te devuelvo mañana el Weydemeyer. ¡Qué dices de la «confederación» a lo Freiligrath-Blind!

Desde hace un par de días tengo un carbunco en el mismísimo trasero y un forúnculo en la ijada izquierda. Muy agradable también.