en Manchester  
Londres, lunes, 6 de febrero de 1865  

16 Feb.  
Querido Engels,  

En el «Soc. Dem.» que ha llegado hoy se encuentra, por fortuna, en el folletín, detrás de mi artículo, donde incluso se condena todo «compromiso aparente», tu llamamiento a matar a golpes a la nobleza.  

Considero ahora mejor, en vez de la declaración que originalmente había proyectado, enviar las pocas líneas que van más abajo. Darán, sin falta, motivo para una declaración ulterior. Pero esta última, me parecía según mi sentimiento «estético» —tras ulterior reflexión— no estar inmediatamente en su lugar, porque vendría demasiado pronto después del Appeal de Becker. En cambio, estas pocas líneas provocarán con toda seguridad una escaramuza entre Schweitzer y Rothbecker, etc., en la que nosotros podremos entonces intervenir y explicar nuestra política de manera breve, contundente y sin ningún juego de escondite.  

Adjunto incluyo carta del desdichado Liebknecht y un escrito a él de parte de la vieja Hatzfeldt, que aún no tiene suficiente de «Lassalle» en el periódico.  

En cuanto a Klings, no le contesto en absoluto. Deja que esos tipos se las compongan entre ellos.  

Acabo de recibir carta de Schily (sólo podré enviártela dentro de un par de días), de la que se desprende:  
1) que las insinuaciones de Moses eran puro invento sacado de la nada,  
2) que nuestro plan en París tendrá un éxito «enorme» y que los obreros de allí no tienen la menor consideración por la «L'Association», en la que el señor A. Horn, Lob Sonnemann y otras gentes de esa calaña se dan importancia.  

Si te parece bien la declaración que sigue, cópiala y fírmala. Envíamela luego. Yo pondré también mi nombre debajo y haré llegar el asunto a Berlín.  

A propósito. La respuesta de Lincoln a nosotros aparece hoy en el Times.  

La dirección privada de Liebknecht es: «13, Neuenburger Strasse, Berlín». (Puedes, en cuanto quieras escribirle en privado, enviar la carta a la señora de Liebknecht a esa dirección. El pobre W. Lieb[ knecht] se halla evidentemente en una situación de lo más penosa. Hay que decirle que ha de doblarse o quebrarse. En este último caso, creo que podría, con seguridad, ganarse honradamente el pan como maestro de escuela en Manchester.)