Marx a Engels

en Manchester

[Londres] 4 de noviembre de 1864

Querido Frederick:

Me ha alegrado mucho tener noticias tuyas de nuevo.

Por aquí todo bien. Así he estado desde que te marchaste de aquí — hasta anteayer, en que me ha aparecido un nuevo carbunco debajo del pecho derecho. Esta vez, si la cosa no pasa rápido y no se queda aislada, voy a recurrir al tratamiento de arsénico de Gumpert.

Tus runas «rüm hart», etc., las traduciría desde el punto de vista holandés-frisón como «corazón vasto, horizonte claro». Pero me temo que detrás se esconde algo muy distinto, de modo que renuncio al enigma.

Tienes que devolverme todos los papeles adjuntos en cuanto los hayas leído. Aún los necesito. Para no olvidar nada de lo que quería comunicarte, lo enumero.

1. Lassalle y la condesa Hatzfeldt.

El voluminoso documento es copia de una circular que la mujer de Herwegh (¡honny soit qui mal y pense!), Emma, escribió a Berlín inmediatamente después de la catástrofe, con el fin de que se publicaran extractos en los periódicos. Verás ahí con qué habilidad Emma sabe colocarse a sí misma y a su desmadejado Georg al principio, en medio y al final del relato; cómo la narración escamotea dos puntos importantes: primero, un encuentro de Rüstow con Dönniges y su hija, en el cual esta última tuvo que haberle dado calabazas a Lassalle antes de que se produjese la escena que Emma relata. Segundo: cómo se llegó al duelo. Lassalle escribió la carta insultante. Pero después ocurrió algo que no se cuenta y que llevó directamente al duelo.

La omisión de dos puntos de inflexión tan importantes despierta serias dudas sobre la fidelidad del relato.

Carta de la Hatzfeldt. Yo le había hecho llegar, por medio de Liebknecht, una breve nota de pésame mía a su llegada a Berlín. Liebknecht me escribió que ella se quejaba de que «yo había dejado en la estacada a Lassalle», como si yo hubiera podido prestarle a ese hombre un servicio mejor que callarme la boca y dejarlo hacer. (En su último discurso ante las Assises de Düsseldorf hizo el papel del Marqués de Posa con el hermoso Guillermo como Felipe II, a quien pretendía llevar a la abolición de la constitución actual, a la proclamación del sufragio universal directo y a la alianza con el proletariado.) Ya ves lo que se esconde detrás de su carta y lo que quiere de mí. Le he respondido de manera muy amable, pero a la vez diplomáticamente evasiva. ¡El redentor moderno! La persona y los sicofantes que la rodean están locos.

A propósito. Por casualidad volvieron a caer en mis manos un par de números de las «Notes to the People» de E. Jones (1851, 1852), que, en lo que se refiere a los artículos económicos, fueron escritos en los puntos principales directamente bajo mi dirección y, en parte, también con mi colaboración directa. ¡Bueno! ¿Qué encuentro en ellos? Que entonces nosotros llevábamos contra el movimiento cooperativo, en la medida en que pretendía hacerse pasar como algo definitivo en su actual forma estrecha, la misma polémica —sólo que mejor— que Lassalle llevó contra Sch[ulze]-Delitzsch diez o doce años más tarde en Alemania.

Lassalle ha designado testamentariamente a Bernhard Becker —el desdichado sujeto que durante un tiempo fue redactor del «Hermann» de Juch—, «testamentariamente» (como un príncipe reinante), como su sucesor en la presidencia de la Asociación General de Trabajadores Alemanes. El congreso de la asociación se reúne este mes en Düsseldorf y, según se dice, se avecina una gran oposición contra esa «disposición» testamentaria.

Adjunta va también una carta de un obrero de Solingen, Klings, el dirigente secreto, de hecho, de los trabajadores renanos (antiguo miembro de la Liga). No me devuelvas esta carta, pero guárdala en el archivo.

2. Asociación Internacional de los Trabajadores.

Hace algún tiempo, los obreros de Londres enviaron a los obreros de París un mensaje a propósito de Polonia, exhortándolos a una acción común en este asunto.

Los parisinos enviaron, a su vez, una diputación, encabezada por un obrero llamado Tolain, el auténtico candidato obrero en las últimas elecciones de París, un muchacho muy majo. (También sus compagnons eran muchachos muy simpáticos.) Para el 28 de septiembre de 1864 se convocó un mitin público en St. Martin’s Hall, a cargo de Odger (zapatero, presidente del Consejo de todos los Trade Unions de Londres y, en particular, también de la Trade Unions Suffrage Agitation Society, que está en relación con Bright) y de Cremer, masón y secretario del Mason’s Union. (Estas dos personas habían organizado el gran mitin de los Trade Unions bajo la batuta de Bright en favor de Norteamérica en St. James’ Hall, así como las manifestaciones en pro de Garibaldi.) Cierto Le Lubez fue enviado a verme para saber si yo quería tomar parte pour les ouvriers allemands, especialmente proporcionar un obrero alemán como orador para el mitin, etc. Yo proporcioné a Eccarius, que se batió de manera espléndida, y asistí asimismo como figura muda en la plataforma. Yo sabía que esta vez tanto del lado londinense como del parisino figuraban auténticas «potencias», y por eso decidí apartarme de mi regla habitual de to decline any such invitations.

(Le Lubez es un joven francés, es decir, de unos treinta y tantos años, pero que se ha criado en Jersey y en Londres, habla un inglés excelente y es un muy buen intermediario entre los obreros franceses e ingleses.) (Profesor de música y Leçons of French.)

En el mitin, que estaba abarrotado hasta la asfixia (pues there is now evidently a revival of the working classes taking place), representó el mayor Wolff (Thurn-Taxis, ayudante de Garibaldi) a la London Italian Workingmen’s Society. Se acordó la fundación de una «Workingmen’s International Association», cuyo Consejo General residiría en Londres y «mediaría» entre las sociedades obreras de Alemania, Italia, Francia e Inglaterra. Asimismo, se decidió convocar para 1865 un Congreso Obrero General en Bélgica. En el mitin se nombró un Comité Provisional, con Odger, Cremer y muchos otros, en parte viejos cartistas, viejos owenistas, etc., por Inglaterra; el mayor Wolff, Fontana y otros italianos, por Italia; Le Lubez, etc., por Francia; Eccarius y yo, por Alemania. El comité fue facultado para cooptar a cuanta gente quisiera.

So far so good. Asistí a la primera sesión del comité. Se nombró un Subcomité (en el que también estoy yo) para redactar una Declaración de Principios y unos estatutos provisionales. Una indisposición me impidió asistir a la sesión del subcomité y a la siguiente del comité en pleno.

En estas dos sesiones —la del subcomité y la siguiente del comité en pleno—, de las que estuve ausente, ocurrió lo siguiente:

El comandante Wolff había presentado el reglamento (estatutos) de las asociaciones obreras italianas (que poseen una organización central, pero que, como luego resultó, son fundamentalmente sociedades de socorros mutuos federadas) para que se utilizara en la nueva asociación. Vi el material más tarde. Era evidently un engendro de Mazzini, y ya sabes de antemano con qué espíritu y con qué fraseología se trataba la verdadera cuestión, la cuestión obrera. Y también cómo se colaban las nationalities.

Además, un viejo owenista, Weston —ahora él mismo fabricante, un hombre muy afable y excelente— había redactado un programa lleno de la mayor confusión y de una extensión indecible.

La consiguiente sesión general del comité encargó al subcomité que remodelara el programa de Weston, así como los reglamentos de Wolff. El propio Wolff se marchó para asistir al Congreso de las Italian Workingmen’s Associations en Nápoles, a fin de convencerlas de que se adhirieran a la asociación central de Londres.

Nueva sesión del subcomité, a la que tampoco asistí, porque me enteré demasiado tarde de su rendez-vous. Allí Le Lubez presentó «une déclaration des principes» y una refundición de los estatutos de Wolff, y el subcomité los aceptó para someterlos al comité en pleno. Este comité en pleno se reunió el 18 de octubre. Como Eccarius me había escrito que periculum in mora, me presenté y quedé auténticamente horrorizado al oír al bueno de Le Lubez leer un preámbulo espantosamente fraseológico, mal escrito y completamente inmaduro, pretending to be a declaration of principles, por el que se transparentaba por todas partes Mazzini, recubierto con los jirones más vagos del socialismo francés. Además, en líneas generales se había adoptado el reglamento italiano, que, prescindiendo de todos los demás defectos, apuntaba en realidad a algo totalmente imposible: una especie de gobierno central (con Mazzini al fondo, naturalmente) de las clases obreras europeas. Yo hice una oposición moderada y, después de un largo debate, Eccarius propuso que el subcomité sometiera de nuevo el asunto a su «redacción». En cambio, se votaron los «sentiments» contenidos en la declaración de Lubez.

Dos días después, el 20 de octubre, se reunieron en mi casa Cremer por los ingleses, Fontana (Italia) y Le Lubez. (Weston estaba impedido.) Hasta ese momento no había tenido en mis manos los papeles (los de Wolff y los de Le Lubez), de modo que no pude preparar nada; pero estaba firmemente decidido a que, en lo posible, not one single line de aquel material quedara en pie. Para ganar tiempo, propuse: antes de «redactar» el preámbulo, debíamos «discutir» las rules. Así se hizo. Era la una de la madrugada cuando quedó aprobada la primera de las 40 reglas. Cremer dijo (y eso era lo que yo pretendía): no tenemos nada que presentar al comité que se reunirá el 25 de octubre. Tenemos que aplazar la sesión hasta el 1 de noviembre. En cambio, el subcomité puede reunirse el 27 de octubre e intentar alcanzar un resultado definitivo. Se aceptó y los «papeles» me fueron «dejados» para mi examen.

Me di cuenta de que era imposible sacar algo de aquel material. Para justificar la manera sumamente singular en que me proponía «redactar» los ya votados «sentiments», escribí un An Address to the Working Classes (lo que no entraba en el plan original; una especie de revista de las peripecias de las clases trabajadoras desde 1845); con el pretexto de que todo lo fáctico estaba contenido en ese «manifiesto» y que no podíamos decir tres veces las mismas cosas, modifiqué todo el preámbulo, arrojé por la borda la déclaration des principes y, finalmente, puse 10 reglas en lugar de las 40. En lo que en el «manifiesto» se refiere a la política internacional, hablo de countries, no de nationalities, y denuncio a Rusia, no a las minores gentium. Todas mis propuestas fueron aceptadas por el subcomité. Sólo se me obligó a incluir en el preámbulo de los estatutos dos frases sobre «duty» y «right», así como sobre «truth, morality and justice», pero colocadas de tal modo que no pueden hacer daño.

En la sesión del Comité General, mi «Address» etc. fue aceptada con gran entusiasmo (unanimously). El debate sobre la forma de impresión, etc., tendrá lugar el próximo martes. Le Lubez ha recibido una copia del «Address» para traducirla al francés, y Fontana otra para traducirla al italiano. (Por de pronto, es un semanario llamado «Bee-Hive», redactado por el Potter de los Trade Unions, una especie de «Moniteur»). Yo mismo debo traducir el material al alemán.

Fue muy difícil llevar la cosa de manera que nuestra concepción apareciese en una forma que la hiciera acceptable para el actual nivel del movimiento obrero. Esas mismas personas celebrarán dentro de unas semanas mítines con Bright y Cobden a favor del derecho de voto. Hace falta tiempo hasta que el movimiento renacido permita la antigua audacia del lenguaje. Necesario fortiter in re, suaviter in modo. Tan pronto como el material esté impreso, lo recibirás.

3. Bakunin te manda saludos. Hoy ha partido hacia Italia, donde reside (Florencia). Ayer lo vi por primera vez después de 16 años. Debo decir que me ha gustado mucho y mejor que antes. Dice, con referencia al movimiento polaco: el gobierno ruso ha utilizado el movimiento para mantener tranquila a la propia Rusia, pero de ningún modo contaba con una lucha de 18 meses. Por eso provocó los sucesos en Polonia. Polonia ha fracasado por dos cosas: por la influencia de Bonaparte y, en segundo lugar, por la vacilación de la aristocracia polaca en proclamar desde el principio, abierta e inequívocamente, el socialismo campesino. Él (B[akunin]) en adelante —después del fracaso de los sucesos polacos— sólo participará en el movimiento socialista.

En conjunto, es una de las pocas personas a las que encuentro, después de 16 años, no en retroceso, sino en desarrollo progresivo. También hablé con él de las denuncias urquhartianas. (A propósito: ¡la Asociación Internacional seguramente me llevará a la ruptura con esos amigos!) Se informó con mucho interés sobre ti y sobre Lupus. Cuando le comuniqué la muerte de este último, dijo enseguida que el movimiento había perdido a un hombre insustituible.

4. Crisis. En el continente aún dista mucho de haberse extinguido (espec. Francia). Por lo demás, las crisis sustituyen ahora en frecuencia lo que les falta en intensidad.

Salud.

Tuyo,
K. M.