en Manchester  
Londres, miércoles, 7 de septiembre de 1864  

17 de Sept. de 1864.  
Estimado Frederick:  

La desgracia de Lassalle me ha estado rondando malditamente por la cabeza estos días. Era, después de todo, uno de la vieja cepa y enemigo de nuestros enemigos. Además, la cosa ocurrió tan de improviso que cuesta creer que un hombre tan ruidoso, tan stirring, pushing, esté ahora muerto como un ratón y tenga que callar el pico por completo. En cuanto al pretexto de su muerte, tienes toda la razón. Es una de las muchas faltas de tacto que cometió en su vida. With all that, me apena que en los últimos años la relación estuviera enturbiada, ciertamente por culpa suya. Por otra parte, me alegra mucho haber resistido las incitaciones de diversos lados y no haberle atacado nunca durante su «año jubilar».  

El diablo sabrá por qué, el montón se hace cada vez más pequeño y no llega nada nuevo. Por lo demás, estoy convencido de que si L. no hubiera estado en Suiza rodeado de military adventurers y révolutionnaires en gants jaunes, jamás se habría llegado a esta catástrofe. Pero fatalement se sentía atraído una y otra vez hacia ese Coblenza de la revolución europea.  

I La «hija del ministro de Baviera» no es otra que la hija del berlinés Dönniges, condiscípulo demagogo universitario de Rutenberg y consortes, perteneciente en su origen a los jeunes gens, o mejor dicho, ya que no eran gentlemen, a los jeunes gens del pequeño duendecillo Ranke, a los que hacía editar los espantosos viejos anales de los emperadores alemanes, etc. Lo que el bailarín hombrecillo-raíz Ranke consideraba espíritu —el anecdoteo lúdico y la reducción de todos los grandes acontecimientos a pequeñeces y miserias— les estaba estrictamente prohibido a estos young men from the country. Debían atenerse a lo «objetivo» y dejar el espíritu a su maestro. Nuestro amigo Dönniges pasaba en cierto modo por rebelde, porque le discutía a Ranke el monopolio del espíritu, al menos de facto, y en diversas ocasiones mostraba ad oculos que él era tan buen «camarero» nato de la «historia» como el propio Ranke.  

Ahora me pregunto con curiosidad qué será de la organización que L. había reunido. Herwegh, ese amigo platónico del «trabajo» y amigo práctico de las «musas», no es el hombre. En general, todo lo que había en ella de subalternos es rubbish. Liebknecht me escribe que la asociación Schultze-Delitzsch en Berlín cuenta ya solo con 40 members. Por el estado general de las cosas allí, queda claro que nuestro Wilhelm Liebkn. es a consequential political personage. Si la muerte de L. indujese a tipos como Schulze etc. a insolencia contra el difunto, no hay sino desear que el séquito oficial de L. se comporte de tal modo que se pueda saltar a la palestra, if necessary. Ahora tengo que indagar quién tiene su legado epistolar. Voy a interponer inmediatamente una injunction —ya que la chusma carroñera de las memorias, la Ludmilla, etc., pulula muy de cerca alrededor de ese legado— para que no se imprima ni una sola línea mía o tuya. En Prusia, llegado el caso, puede exigirse judicialmente.  

En lo que respecta a América, considero, entre nous, que el momento actual es muy crítico. Si Grant sufre una gran derrota o Sherman obtiene una gran victoria, entonces all right. Peligrosa es una serie crónica de pequeños checks, justamente ahora en período electoral. Comparto enteramente tu opinión de que hasta ahora la reelección de Lincoln es bastante segura, todavía 100 contra 1. Pero este período electoral está, en el país modelo del farsanteo democrático, lleno de casualidades que pueden golpear en pleno rostro, de forma enteramente inesperada, a la razón de los acontecimientos (expresión que Magnus Urquhartus considera tan descabellada como «the justice of a locomotive»). Un armisticio parece ser muy necesario para el Sur, para salvarlo del agotamiento total. No solo en sus órganos del Norte, sino directamente en los órganos de Richmond, han lanzado primero ese cry, aunque el Richmond Examiner ahora, cuando ha encontrado eco en Nueva York, se lo devuelve a los yanquis con escarnio. Que el Sr. Davis se haya decidido a tratar a los soldados negros como «prisioneros de guerra» —última orden oficial de su secretario de guerra— es muy característico.  

Lincoln tiene en sus manos grandes medios para imponer la elección. (Propuestas de paz por su parte, por supuesto, mero humbug.) La elección de un candidato opositor conduciría probablemente a una revolución de verdad. Pero, con todo, no se puede desconocer que en las próximas 8 semanas, en las que la cosa se decide de momento, mucho depende de la casualidad militar. Desde el comienzo de la guerra, este es, sin duda, el punto más crítico. Si este se salva, el viejo Lincoln puede seguir blunder on a su antojo. Por lo demás, es imposible que el viejo «haga» generales. Ya podría elegir mejor ministros. Sin embargo, los periódicos confederados atacan a sus ministros exactamente igual que los yanquis a los de Washington. Si Lincoln sale esta vez —como es muy probable—, será sobre una plataforma mucho más radical y bajo circunstancias completamente changed. El viejo encontrará entonces, conforme a su manera jurídica, compatible con su conciencia recurrir a medios más radicales.  

Espero verte mañana. Saludos a Mad. Liz.  
Adjunto fotograma de Laura. El de Jenny, que espero de un momento a otro, por desgracia aún no ha llegado.  
Salut old boy  
Tuyo  
KM/