en Londres  
Manchester, viernes, 2 de septiembre de 1864  

I Mehr 2 Sept 1864.  
Querido Mohr:  

Creía, según tu última carta, que estabas metido hasta el cuello en los pantanos holandeses, y de ahí mi obstinado silencio, pues no podía encontrar tu dirección en Holanda. El 6 de agosto mandé a tu mujer el reloj y la cadena por correo en una caja certificada, y espero que hayan llegado bien.  

El próximo jueves 8 o sábado 10 de septiembre pienso ir de Hull a Hamburgo y echar un vistazo a nuestra nueva propiedad en Schleswig y Holstein, y, si no hay dificultades de pasaporte, también de Lübeck a Copenhague. No regresaré antes de fines de septiembre y, si de algún modo es posible, me detendré un día en Londres a la vuelta.  

El asunto de la partnership está por fin arreglado, los contratos firmados, y así espero tener paz por ese lado durante 5 años.  

Hemos dejado nuestra casa de Tennant Street y desde hace unos 14 días nos hemos mudado como a 500 pasos, a una casa algo mayor, con dos cuartos de estar abajo; nos hemos mejorado casi en la misma forma que tú con tu último traslado. La dirección es: 86 Mornington Street, Stockport Road. Las cartas se dirigen a mi nombre, como siempre.  

La dirección de Jones es: 52 Cross Street, Manchester.  

Los daneses creen, o más bien temen, que todavía se restablezca la unión personal, y como los redactores Bille, del Dagbladet, y Ploug, del Faedrelandet, son ambos diputados y seguramente tienen buenas fuentes, y los ministros actuales son buenos rusos, estoy convencido de que Rusia mueve fuertes intrigas en ese sentido. Monsieur Bismarck, sin embargo, tiene sin duda otros planes, y para obtener ventajas positivas, es decir, para mediatizar Schleswig-Holstein, necesita, según creo, bastante forzosamente al Augustemburgués. Lo que es seguro es que la política prusiana fundada en las tribus, con la división de Alemania a lo largo de la línea del Meno, nunca ha sido predicada con tanto descaro, y la piara liberal parece trabar amistad del todo con eso. Si así es —y lo comprobaré en Alemania— la burguesía prusiana nos proporciona un enorme asidero para el próximo encontronazo. Por lo demás, estoy convencido de que Eisner tiene razón y de que, por lo menos en las viejas provincias, la embriaguez de la victoria es insoportable; yo también me cuidaré de ir allí. Incluso en el Rin será ya bastante malo.  

Que Monsieur Bonaparte tiene las mayores ganas de ingresar en la Santa Alianza, se lo dije al bueno de Gottfried el primer día en que se conoció la historia, para su gran espanto. Con ese tipo esto acabará, sin embargo, mal. Ese eterno devanarse los sesos con el «negocio» envejece mucho, como veo en Gottfried, que tiene en el comercio aproximadamente la misma orientación mental que B. en la política, y también un curso de pensamiento semejante. Con los años llega el deseo de poder retirarse, y si eso no se logra, la salud sufre. N’est pas Palmerston qui veut. Ce cher B. me parece estar muy en declive. Tanto mejor; cuando ése empiece a aflojar, irá deprisa con él.  

Afectuosos saludos a las muchachas. Pero, ¿por qué no me escribiste dos líneas diciendo que no ibas a Holanda y que tu mujer estaba enferma?  
Tuyo,  
F. E.