en Manchester
Londres, martes 7 de junio de 1864

17 de junio de 1864
Querido Frederick,

He recibido tu fotograma, y asimismo los de Lupus. De este último necesito todavía al menos 4 copias. Tu foto, muy buena. Los niños dicen que en ella apareces como un «simpático objeto». Jennychen, dado que aún no se han materializado los 5 nuevos fotogramas proyectados, te envió ayer la cosa de vidrio. Recibido el «Dagbladet» con agradecimiento.

La carta adjunta de Liebknecht, que recibí ayer, te interesará en más de un aspecto. Tienes que incorporarla, como las demás cartas de este tipo que te envío, al archivo. He contestado a L. de inmediato, elogiándolo en general por su actitud; sólo lo he reprendido por la absurda condición —nuestra colaboración— que ponía para la eventual publicación del papelucho de Lassalle, ahora felizmente abandonado. Le he explicado que, aunque consideramos políticamente acertado dejar por el momento a L. que actúe sin ser molestado, no podemos en modo alguno identificarnos con él… Le enviaré (a Liebknecht) algún dinero en el curso de esta semana. Parece que al pobre diablo le va condenadamente mal. Se ha portado con valentía y su permanencia continuada en Berlín es muy importante para nosotros.

Borkheim me enseñó carta del gran Orges, actualmente en Viena. O. anuncia que «el reblandecimiento cerebral» ha «triunfado» en la A.A.Z., que el «particularismo» domina el periódico en lugar de «lo alemán», que un propietario de una cuarta parte de la A.A.Z. lo habría «insultado casi personalmente», que desde hace mucho tiempo tenía las manos atadas y que por fin ha dimitido, etc. Se lo tiene bien merecido Orges. El tipo se comportó de manera ordinaria con nosotros en la historia de Vogt.

Borkheim me ha comunicado detalles escritos muy precisos, autenticados en el lugar mismo, sobre el avance del Canal de Suez. Haré llegar nota de ello a Daud Pasha. |

I En lo que respecta a la historia danesa, la posición de los rusos es muy difícil. Ellos han empujado a Prusia a la guerra bajo las más grandes promesas y, como equivalente a la siempre continuada ayuda prusiana en la historia polaca, han abierto grandes perspectivas sobre Schleswig-Holstein. El bello Guillermo, ahora que se ve a sí mismo como William the Conqueror, no puede ser despachado, naturalmente, del mismo modo que su genial predecesor. Palmerston, por su parte, tiene las manos atadas por la reina. Bonaparte, a quien los rusos y su Pam querían empujar como chivo expiatorio contra los alemanes, has reasons of his own para hacerse el sordomudo. Por lo demás, a los rusos, dejando aparte quizá un tratado secreto con Prusia, les importa ahora ante todo obtener «simpatías alemanas». Bajo tales circunstancias es, por tanto, posible que «sacrifiquen» Schleswig-Holstein del mismo modo que Catalina II declaró, como un gran sacrificio de su parte, el haber dejado en el tercer tratado de reparto a los prusianos el actual Reino de Polonia, naturalmente con la reserva de retirar el sacrificio en el momento oportuno. El enorme paso que los rusos han dado ahora en el Cáucaso, y que Europa contempla con idiota indiferencia, casi los obliga, y también les facilita, cerrar un ojo en otro lado. Estos dos asuntos, la represión de la insurrección polaca y la toma de posesión del Cáucaso, los considero los dos acontecimientos europeos más importantes desde 1815. Pam y Bonaparte pueden decir ahora que no han gobernado en vano y, si la guerra de Schleswig-Holstein sólo ha servido para echar arena a los ojos de Alemania y Francia sobre esos grandes acontecimientos, ha cumplido plenamente lo suyo para los rusos, cualquiera que sea el resultado de la Conferencia de Londres. Por la carta de L. ves cuán cobardes son los periódicos liberales prusianos para ni siquiera consignar la continua entrega de los refugiados polacos por parte de Prusia. Bismarck los ha reducido al silencio absoluto con la historia de Schleswig-Holstein.

Las noticias americanas me parecen muy buenas y me ha divertido especialmente el leader de hoy en el Times, en el que demuestra que Grant es batido continuamente y que, posiblemente como consecuencia de sus derrotas, es castigado —con la toma de Richmond.
Salud
El Moro. |