en Londres  
Mánchester, lunes, 2 de mayo de 1864  

I Mánchester, 2 de mayo de 1864.  
Querido Mohr:  

Las perspectivas en cuanto a Lupus se tornan cada día peores. La enajenación mental en que se halla se vuelve más y más crónica. Aún reconoce bastante bien a las gentes que vienen a verlo, pero entre tanto divaga por completo, y sólo tiene momentos lúcidos cuando ha tomado en cantidad suficiente estimulantes. También estos momentos se van haciendo cada vez más borrosos y más breves. Gumpert apenas alberga ya esperanza; su diagnóstico es reblandecimiento cerebral a consecuencia de los persistentes dolores de cabeza producidos por hiperemia cerebral y del insomnio resultante. De la meningitis de Borchardt ya no se habla para nada; éste ha adoptado el diagnóstico de G. y hace en general todo lo que G. propone, sólo que parece tener ideas muy confusas acerca del origen de los dolores de cabeza.  

Cada día que Lupus pasa en este aturdimiento, sin que los excitantes consigan arrancarlo de él, empeora naturalmente la situación, y si los próximos tres o cuatro días no traen mejoría, el pobre diablo sucumbirá o por debilidad o por apoplejía, o bien, si sale adelante, quedará idiota. Esta alternativa —muerte o imbecilidad— es demasiado horrible. Gumpert se expresa, naturalmente, con la mayor cautela acerca del colega, mas para mí es cosa segura que a L. se le habría podido salvar si el dolor de cabeza se hubiera tratado correctamente y, sobre todo, si se hubiera procurado que L. conciliara el sueño. Pero apenas el jueves pasado, tras seis semanas de insomnio, B. le dio algo de opio. Además, las sangrías del miércoles. Siempre y siempre lo ha tratado por gota, nada más que cólquico y cosas por el estilo. Sólo la aparición de la enajenación mental parece haberlo hecho preocuparse.  

Mañana temprano, a las 9, hay otra consulta, a la que yo también iré a ver qué hace. B. quiere conseguirle hoy un enfermero. ¡Si el pobre diablo saliera adelante!  

Tuyo,  
F. E.