Londres, 14 de abril de 1864  
1 Modena Villas,  
Haverstock Hill, N.W.

Querido tío,

Espero que la tos haya seguido el camino de toda carne. En cuanto a mí, desde hace unos días no hay ni rastro de ruruncie, y mi médico cree que ya me he librado de ellas para siempre. Y ya era hora. Parece que al fin el sol se abre paso. Pero todavía sopla un viento desagradable del este. La tos de Eleanor ha desaparecido. Sin embargo, su hermana Jenny tiene una tos muy persistente, que solo desaparecerá con un cambio de viento.

Conradi me había escrito ya antes de que yo recibiera tu carta, y le contesté que podía enviar el dinero directamente aquí.

¡En el Museo he estado echando un vistazo al *De arithmetica* de Boecio (escribió en la época de las migraciones de los pueblos) sobre la división romana (no conocía, por supuesto, ninguna otra). A partir de esta y de otras obras con las que lo he comparado, veo que los cálculos moderadamente simples, como las cuentas domésticas y comerciales, nunca se hacían con cifras, sino con guijarros y fichas semejantes en un ábaco. En este ábaco se trazaban varias líneas paralelas y aquello que se utilizase, ya fueran guijarros u otros signos visuales, denotaba unidades en la primera línea, decenas en la segunda, centenas en la tercera, millares en la cuarta, etc. Tales ábacos estuvieron en uso durante casi toda la Edad Media y aún los emplean hoy los chinos. En cuanto a los cálculos matemáticos más complejos, en la época en que estos se encuentran entre los romanos, estos ya tenían la tabla de multiplicar —la de Pitágoras— que, sin embargo, era todavía muy torpe y engorrosa, pues consistía en parte en caracteres propios, en parte en letras del alfabeto griego (más tarde romano). Pero como la división se reduce simplemente al análisis del dividendo en factores y las tablas en cuestión llegaban a cifras bastante altas, esto debía bastar para la reducción de expresiones como MDXL, etc. Cada número, por ejemplo M, se reducía por separado a los factores que formaba con el divisor, tras lo cual se sumaban los cocientes. Así, por ejemplo, M dividido por dos = D (500), D dividido por 2 = 250, etc. Que el método antiguo oponía dificultades insuperables a los cálculos muy complejos lo ponen de manifiesto los artificios a los que tuvo que recurrir aquel eminente matemático Arquímedes.

En cuanto a la «oscuridad del espacio exterior», esta se sigue necesariamente de la teoría de la luz. Puesto que los colores solo aparecen cuando las ondas luminosas son reflejadas por sólidos y, en los intervalos entre los cuerpos celestes, no hay atmósfera ni ninguna otra clase de sólido, esos intervalos tienen que ser completamente negros. Dejan pasar todo el rayo de luz, lo que es simplemente otra manera de decir que son oscuros. Además, el espacio fuera de la atmósfera de los planetas, etc., está condenado a ser terriblemente «koud en kil», ya que los rayos solo generan calor cuando chocan con un sólido, razón por la cual, tanto en verano como en invierno, en las capas altas de nuestra atmósfera hace un frío glacial —es decir, debido a la delgadez y, por tanto, a la relativa inconsistencia de esas capas. Pero

¿Ought this affliction to afflict us  
Since it but adds to our delight?

¿Y de qué sirven la luz y el calor si NO HAY OJO QUE VEA LA UNA, NI MATERIA ORGÁNICA QUE SIENTA EL OTRO? Hace ya tiempo, el digno Epicuro tuvo la sensata idea de desterrar a los dioses a los intermundos (es decir, los espacios vacíos del universo), y, en verdad, los «perfect curs» de R. son habitantes muy apropiados para ese frío, gélido, completamente oscuro, «stoffelooze wereldruimte».

Puedes ver qué buen holandés me he vuelto por el hecho de que la pequeña Jenny ya ha leído la mitad de la *Camera obscura* y Laura, *me docente*, buena parte del primer volumen de la *Aardrijkskunde*, mientras que incluso Eleanor sabe de memoria «Dans Nonneken dans» y «Klompertjen en zijn wijfjen».

Mis mejores recuerdos de parte de toda la familia para ti, y para Karl, sin olvidar a *madame la générale*. Con un tiempo tan bueno, ¡seguro que no tendrás que esperar mucho para tu propio *beau jour*!

Tu sobrino que te quiere,  
Karl Marx