en Manchester  
Zaltbommel, miércoles, 20 de enero de 1864  

I Zalt Bommel. 20 enero, 1864.  
Querido Frederick,

Ves que sigo todavía aquí y, «le diré más», estoy de hecho otra vez incapable to move about. Es ésta una enfermedad cristianamente pérfida. Cuando recibí tu carta me congratulé por la curación de las viejas heridas, pero esa misma noche volvió a brotar un gran furúnculo sobre mi pecho izquierdo, debajo del cuello, y un antípoda del mismo en la espalda. Aunque molesto, al menos no me estorbaba para andar, y de hecho fui a pie, en compañía de tío y prima, a pasear por el Rin (Waal). Pero un par de días después apareció de nuevo un carbunclo en la pierna derecha, justo debajo del lugar del que Goethe dice: Y si no tiene trasero, ¿cómo ha de sentarse el noble? Ésta es ahora la úlcera más dolorosa y embarazosa que he tenido hasta hoy, y espero que al fin cierre la serie. Por ahora no puedo ni andar, ni estar de pie, ni sentarme, e incluso el estar echado se me hace condenadamente difícil. Ya ves, mon cher, cómo me castiga la sabiduría de la Naturaleza. ¿No sería más razonable que enviase estas pruebas de paciencia a un buen cristiano, a gentes del corte de Silvio Pellico? Fuera del carbunclo debajo del trasero, has de saber que me ha salido un nuevo furúnculo en la espalda, y el del pecho apenas empieza a cicatrizar, de modo que estoy como un verdadero Lázaro (alias Lassalle), golpeado en todas partes a la vez. A propósito de Lázaro, me viene a la memoria el «Leben Jesus» de Renan, que en muchos respectos es una mera novela, llena de nebulosidad místico-panteísta. Sin embargo, el libro tiene también algunas ventajas sobre sus predecesores alemanes, y como no es grueso, debes leerlo. Es, naturalmente, un resultado de las cosas alemanas. Sumamente curioso. Aquí en Holanda la corriente crítico-teológica alemana está tan a la orden del día, que los curas la confiesan abiertamente desde los púlpitos.

En lo que respecta al asunto de Schleswig-Holstein, espero que conduzca a colisiones en la propia Alemania. Hasta qué punto conoce Rusia a los suyos, austríacos y prusianos, se ve por el cool impudence con que en este momento hace imprimir en el Petersburger Journal el Protocolo de Varsovia.

Los pequeños príncipes alemanes toman muy en serio la apariencia del movimiento de Schleswig-Holstein. Creen, en efecto, que Germania no puede tener bastantes de ellos y que por eso se empeña en entronizar un trigésimo quinto.

Te escribo sólo estas pocas líneas, e incluso esto me cuesta un gran esfuerzo, pues estar sentado me atormenta. Pero espero respuesta tuya a vuelta de correo; me reanima ver tu letra.

No olvides adjuntar tu fotografía. Se lo he prometido a mi prima, y ¿cómo va a creer en nuestra hermandad de Orestes y Pílades si ni siquiera puedo moverte a que envíes una fotografía? Dir. como antes, al cuidado del Sr. L. Philips. Salud para ti y lupus.