¡Querido Mohr!

Las muchas juergas navideñas, unidas a la consiguiente ineptitud general para los negocios, me han dejado totalmente imposibilitado para contestarte antes. Pero el asunto ha pasado felizmente ya. 

A tu mujer le envío lo consabido. Por lo demás, me alegro mucho de que te hayan operado del segundo carbunco y que con ello hayas superado esta última crisis. Habrás adelgazado terriblemente con esta aburrida historia. 

El asunto de Schleswig-Holstein vuelve a estar terriblemente embrollado. Si estalla la guerra en primavera, como creo, tendremos en contra a Dinamarca, Suecia, Francia e Italia, y posiblemente a Inglaterra. En Hungría y Polonia florece plenamente el plonplonismo, como ya ha comenzado Kossuth. Ante esto, solo veo dos salidas: 1) o bien una revolución en Berlín tan pronto como las tropas se hayan marchado, y en Viena un movimiento correspondiente con concesiones de suficiente envergadura a Hungría y quizás también a Polonia. Eso sería lo más favorable, y en ese caso no habría nada que temer. Pero, en medio de la confusión reinante, es también lo más improbable. O bien 2) una restauración de la Santa Alianza, para lo cual, como siempre, el reparto de Polonia proporciona el cemento (Rusia tiene más interés en Polonia que en Dinamarca y, además, la posibilidad de tener en el bolsillo a Austria y Prusia al concertarse la paz, y de poder así imponer sus propias condiciones). — Entonces los rusos relevarían a los prusianos en Berlín y harían de policías, y entonces estaríamos perdidos y Bonaparte sería el gallo del corral. 

La guerra ficticia en Schleswig a las órdenes de Wrangel no puede durar mucho. En primer lugar, las fortificaciones danesas harán que los primeros combates sean muy sangrientos, y luego Bustrapa necesita demasiado una guerra popular para no aprovechar esta oportunidad. ¿Qué más podría desear que la restauración de la Santa Alianza y una guerra por el Rin y por Polonia al mismo tiempo, contando además con Inglaterra, Italia y todos los pequeños Estados de Europa a su lado? 

A propósito. Nuestro valiente Faucher, que en la Cámara se presenta como furibundo schleswig-holsteiniano, partidario de los Augustenburg de Sonderburg, escribe al mismo tiempo en el Manchester Guardian artículos antialemanes, rastreros hasta el punto de arrastrarse ante los perros del Times inglés. ¿No habría que hacer algo para desenmascarar a este canalla? 

Si los perros de la Cámara prusiana tuvieran ahora coraje, en seis semanas podrían poner sus asuntos en orden. La respuesta del hermoso Wilhelm demuestra lo firmemente atrapado que está el gobierno. Ya nadie presta dinero, ni siquiera el valiente von der Heydt, y bien saben que no conseguirán dinero a la fuerza. 

Acaba de venir Lupus a buscarme y te envía los mejores saludos. Que te mejores y próspero año nuevo. 

Tuyo
F. E.