Querido Moor,

Adjunto un billete de 5 libras del Banco de Inglaterra, R/X 46271, 31 de enero de 1862, Manchester; y otro billete de 5 libras, V/ & / S/R 92394, 14 de octubre de 1862, Londres, con el cual espero apaciguar al carnicero. Como no puedo echar yo mismo la carta al correo, sería mejor que acusaras recibo de ella.

Me tenía muy preocupado tu largo silencio, pero entre tanto he sabido que no te encontrabas bien y espero que ya estés restablecido. ¿Cómo está la tos de la pequeña Jenny?

Últimamente, las cosas no parecen ir muy bien en Polonia. El movimiento en Lituania y en la Pequeña Rusia es evidentemente débil, y los insurrectos en Polonia tampoco parecen progresar. Todos los jefes o han muerto en combate o han sido capturados y fusilados, lo cual parece indicar que han de exponerse mucho para azuzar a sus hombres. Cualitativamente, los insurrectos ya no son lo que eran en marzo y abril; los mejores elementos han sido gastados. Sin embargo, estos polacos son siempre incógnitas, y la situación podría dar un giro favorable, aunque las probabilidades en contra aumentan. Si resisten, todavía podrían convertirse en parte de un movimiento europeo general que los salvaría; por el contrario, si las cosas salen mal, Polonia estará acabada para los próximos diez años, pues una insurrección como ésta agota el potencial combativo de un pueblo por muchos años venideros.

Yo diría que las probabilidades de un movimiento europeo son buenas, porque el ciudadano de a pie ha vuelto a perder todo miedo a los comunistas e incluso podría, llegado el caso, actuar junto con ellos. Las elecciones francesas lo demuestran tan claramente como lo que viene ocurriendo en Prusia desde las últimas elecciones. Sin embargo, no creo que un movimiento de este tipo pueda originarse en Francia. Los resultados electorales en París fueron demasiado burgueses; allí donde los obreros presentaron candidatos propios, perdieron, y tampoco tuvieron fuerza para obligar a la burguesía a presentar radicales. Además, Bonaparte sabe cómo mantener a raya a las grandes ciudades.

En Prusia aún seguirían charlando y charlando si el buen Bismarck no hubiera puesto fin a ello. Sea cual fuere el rumbo que tomen las cosas allí, el progreso constitucional pacífico ha terminado y tu filisteo ha de prepararse para la refriega. Y con eso ya hay bastante por ahora. Aunque en poco estimo el valor de nuestros viejos amigos los demócratas, creo, no obstante, que aquí, más que en ninguna otra parte, se acumula material combustible, y como apenas cabe que los Hohenzollern dejen de cometer los peores desatinos en política exterior, bien podría suceder que, con la mitad de las tropas desplegadas en la frontera polaca y la otra mitad en el Rin, Berlín quedase libre y se produjera un golpe. Mal cariz tendría para Alemania y Europa si Berlín se pusiera a la cabeza del movimiento.

Lo que más me sorprende es que no haya surgido un movimiento campesino en la Gran Rusia. En este caso, la insurrección polaca parece haber surtido un efecto decididamente desfavorable.

En América las cosas andan de mal en peor. La fanfarronada de Fighting Joe lo ha hecho quedar en ridículo; Rosecrans dormita y sólo Grant actúa bien. Su movimiento contra Vicksburg del suroeste al nordeste, el aislamiento del ejército de socorro, el rechazo del mismo, el rápido avance sobre Vicksburg e incluso los asaltos enérgicos aunque infructuosos son todos de primera categoría. No creo que se pueda reunir a tiempo un número suficiente de tropas de socorro. Por otra parte, tantas veces hemos visto a los generales norteamericanos actuar de repente bien durante un par de semanas y volver luego a la chapucería más espantosa, que es del todo imposible prever cuáles serán sus próximos movimientos.

Ya conocía el poema de Lassalle (genitivus objectivus) por un folleto que me envió Siebel y que probablemente tú también tendrás. Muy divertido. El tío ya está actuando pura y simplemente al servicio de Bismarck y, uno de estos días, cuando el señor B. se canse de él, bien podría verse entre rejas, haciendo así conocimiento del derecho común prusiano, que siempre parece confundir con el Código. Por cierto, es bonito que, tras la postura que adoptó en lo de Vogtibus, ahora se encuentre bajo la égida no sólo de la Augsburger, sino también de la Kreuz-Zeitung.

Estoy leyendo ahora a Kinglake y cada vez me convenzo más de que en algún lugar del cerebro de todo inglés hay clavada una tabla más allá de la cual nada penetra.

Tuyo,
F. E.