Querido Moor,

Es difícil saber qué hacer con Lassalle; après tout, yo habría supuesto que estaba por debajo de la dignidad del gran Izzy responder a semejantes habladurías a lo Meyen con la artillería pesada de un desmentido formal. Que el muchacho resuelva sus propios líos; si vale algo, no necesita que tú le expidas certificados, y ¿por qué habrías de comprometerte, ahora que le has dicho que no puede ir de la mano con nosotros, ni nosotros de la mano con él? En cualquier caso, ¿qué estupidez más supina la de meterse en los asuntos de los palurdos** de Schulze-Delitzsch e intentar formarse un partido propio, precisamente con eso, sobre la base de nuestros primeros trabajos? El mero empeño de S.-D. y demás chusma por elevar, en estos tiempos burgueses, el horizonte de los palurdos al nivel burgués, tiene que sernos bienvenido, pues de lo contrario tendríamos que ocuparnos de ese asunto durante la revolución, y en Alemania, donde el sistema de los pequeños Estados complica tanto las cosas, podríamos encontrarnos con esa nadería como algo nuevo y práctico. Eso ya está despachado, y tenemos a los adversarios donde los queremos; el palurdo ha alcanzado la autoconciencia y, con ello, se encuentra en las filas de los demócratas pequeñoburgueses. Pero considerar a estos tipos como representantes del proletariado…, eso sólo se le podía ocurrir a Izzy.

A Lupus y a mí nos divirtió mucho el cómico cuento acerca del estudiante Blind. Lupus ha tenido otro fuerte ataque de gota, agravado por su obstinada manía de salir a dar lecciones sin haberse repuesto del todo, y de no llamar al médico hasta que ya es demasiado tarde y ha agotado todas sus medicinas. Pero de nada sirve reconvenirle: «¡Voy!».

Últimamente he estado leyendo la historia de Rusia en orden inverso, es decir, primero Catalina y la repartición de Polonia, luego Pedro I. He de decir que habría que ser un zoquete para entusiasmarse con los polacos de 1772. Después de todo, en la mayor parte de Europa, en aquella época la aristocracia se derrumbaba con decoro, cuando no con esprit, aun cuando su máxima general consistiera en que el materialismo reside en lo que se come, se bebe, se jode, se gana en el juego o se cobra a cambio de las propias bribonadas; pero ninguna aristocracia, salvo la polaca, adoptó un método tan estúpido como el de venderse a los rusos. Por lo demás, la general venalidad de los gentilshommes* en toda Europa ofrecía un espectáculo muy divertido. Otra cosa que me interesó sobremanera fue el asunto del señor Patkul. Este individuo fue, en efecto, el padre fundador de la diplomacia rusa en general, y ya poseía todas sus astucias in nuce. Si no has podido conseguir sus informes al gobierno ruso, publicados en Berlín en 1795, procuraremos hacernos con un ejemplar poniendo un anuncio en el Buchhändlerbörsenblatt. ¡Cuán magras fueron, dicho sea de paso, las aportaciones de sus sucesores! Siempre las mismas expresiones, siempre el mismo modo de abordar, cualquiera que fuese el país. Un ingrediente necesario, por cierto, es la objetividad de tus livonios*, cuyos intereses, lejos de ser nacionales, son a lo sumo locales y privados. Un ruso jamás sería capaz de tales cosas.

Otro asunto muy bonito es el golpe de Estado que Catalina II dio contra Pedro III. Fue aquí donde Boustrapa aprendió sus lecciones más importantes; la ordinariez rusa le sirvió de modelo hasta en los más mínimos detalles. Resulta ridículo cómo todas esas sucias maniobras se repiten invariablemente hasta en los detalles.

Por el momento no tengo oporto, ni se puede conseguir nada bueno en ese ramo ASÍ, DE BUENAS A PRIMERAS. Sin embargo, buscaré algo y, mientras tanto, bajaré a la bodega para subir un poco de vino del Rin y de clarete (el primero para los sanos, el segundo para los enfermos). Por todo lo cual cierro ahora esta carta, incluyendo unas estampillas para la pequeña Tussy.

Tuyo
F. E.

Hay duplicados de algunas de las estampillas. Aquí pueden usarse para intercambios. Puedo proporcionar grandes cantidades de estampillas italianas, suizas, noruegas y de ciertos Estados alemanes.