en Londres  
Manchester, miércoles, 8 de abril de 1863  

Manchester, 8 de abril de 1863.  
Querido Mohr  

Desde hace 6 días estoy en vías de escribirte y siempre he sido interrumpido. Sobre todo por el buen Eichhoff. El pobre diablo se ha dejado estafar tan por completo en Liverpool por tenientes prusianos huidos y por estafadores comerciales, que ha salido con unas 100 libras esterlinas de deudas, over and above el capital que no ha sido malversado por él, sino por su socio. Viene aquí, dice que se quedará algún tiempo, aceptará cualquier puesto que se le ofrezca, hace mucho misterio de lo que hace aquí, etc. Pronto, sin embargo, se ve que, en vez de buscar empleo, se dedica a toda clase de misteriosos asuntos de agencia, y ahora me consta que aquí trabaja para el pequeño Dronke, que se ha metido muy a fondo en este ramo: hace el blockade-running business to the Confederate States. Por eso todo el secreto que, a pesar de la greenness de nuestro amigo (que sobrepasa realmente todos los límites), se filtra a cada momento. Enfin, el tipo tiene ahora poco que hacer y me cae encima todas las tardes a cada instante. Como no me pone las cartas sobre la mesa, naturalmente no puedo ni siquiera esforzarme por él, excepto en casos concretos en que me pide consejo.  

Me temo que el asunto polaco va por mal camino. En el Reino [de Polonia] parece que la derrota de Langiewicz se siente con fuerza, y si el movimiento en Lituania, que es con mucho el más importante, porque 1) va más allá de los límites de la Polonia del Congreso y 2) porque en él participan más los campesinos y hacia Curlandia la cuestión se torna directamente agraria —si este movimiento no tiene muy buen éxito y no reanima el movimiento en el Reino, entonces no creo que haya muchas posibilidades. La conducta de Langiewicz me parece muy dudosa. Será difícil determinar qué parte rompió primero el contrato de alianza incondicionalmente necesario para el éxito del levantamiento. Pero sería interesante saber hasta qué punto son ciertos los rumores que por un lado alían a Mieroslawski y por otro a Koscielski con Plön Plön. Branitzki era, si no me equivoco, ya desde hace tiempo plonplonista.  

El buen Kugelmann parece ciertamente abrigar contigo intenciones admirablemente nobles. Que las personas de genio también tengan que comer, beber, tener vivienda e incluso pagar por ello, es un pensamiento demasiado prosaico para estos honrados alemanes, casi rayano en un insulto. Me gustaría saber quién ha sido el listo que le ha asegurado que yo reniego de mi libro. Supongo que tú mismo sacarás de su error al buen hombre. En cuanto a la nueva edición (que, según las premisas, sería anything but zeitgemäß), el momento no es, desde luego, oportuno, cuando toda la energía revolucionaria se ha evaporado casi por completo del proletariado inglés, y el proletariado inglés se ha declarado plenamente de acuerdo con la dominación de la burguesía.  

He leído los nuevos trabajos de Lyell y Huxley, ambos muy interesantes y muy buenos. Lyell tiene aún más frase, pero también algunas bromas finas, por ejemplo, cuando, tras citar en vano a todos los naturalistas para comprobar una diferencia cualitativa entre el hombre y el mono, cita por fin al arzobispo de Canterbury, quien sostiene que el hombre se distingue del animal por la religión. Por lo demás, aquí menudean ahora de lo lindo los ataques contra la vieja fe, y por todos los lados. Pronto se verá uno obligado, para proteger la religión, a fabricar un insípido sistema de racionalismo. En el Edinburgh Review, Owen hace que alguien responda a Huxley; la respuesta concede todos los puntos esenciales de la cuestión, y sólo discute sobre expresiones.  

El pequeño Dronke parecía considerar algo enormemente heroico que quisiera levantar 250 £ sobre mi aceptación con su banquero, e incluso cargar con los costes e intereses, que ascienden a menos de 15 £. Que, frente a tal heroísmo, yo no quisiera comprometerme a conseguir las 250 £ en un año —tú sabes mejor que nadie por qué no pude hacerlo— le pareció el colmo de la mezquindad por mi parte. Te aseguro que, de no haber sido por ti, le habría dado al pequeño Lumpacius una patada en el trasero. De rabia me emborraché y, en la borrachera, te escribí una carta furiosa al respecto; vaya usted a saber qué cosas bonitas diría, porque no tengo absolutamente ningún recuerdo de lo que escribí. Pero para que veas la verdadera relación, te he mencionado ahora mismo el asunto.  

Vale  
Tuyo  
F.E.I.