en Manchester  
Londres, jueves, 8 de enero de 1863  

8 de enero de 1863.  
Querido Engels,  

La noticia de la muerte de Mary me ha sorprendido tanto como consternado. Era muy bondadosa, ingeniosa y te estaba profundamente unida.  

Sabe el diablo que ahora no ocurre más que desgracias en nuestros círculos. Yo mismo ya no sé absolutamente dónde tengo la cabeza. Mis intentos de conseguir dinero en Francia y Alemania han fracasado, y de antemano se podía ver que con 15 libras solo podía contener la avalancha un par de semanas. Aparte de que ya no recibimos nada fiado, salvo del carnicero y del panadero, cosa que también cesará al final de esta semana, me han acosado por la escuela, por el alquiler y toda la pandilla. Los pocos que recibieron un par de libras a cuenta se las embolsaron astutamente para caer sobre mí con fuerza redoblada. Además, los niños no tienen ropa ni zapatos para salir. En suma, el diablo anda suelto, como claramente lo preveía cuando fui a Manchester y, como último golpe de desesperación, envié a mi mujer a París. Si no consigo obtener una suma mayor mediante una sociedad de préstamos o un seguro de vida (y no veo perspectivas de ello; con la primera sociedad lo he intentado todo en vano. Exigen fiadores y que se les presenten los recibos de la renta y de los impuestos, cosa que no puedo hacer), esta economía apenas durará dos semanas más.  

Es terriblemente egoísta de mi parte contarte estos horrores en este momento. Pero el remedio es homeopático. Una desdicha disipa a la otra. Y, a fin de cuentas, ¿qué debo hacer? En todo Londres no hay una sola persona con quien pueda siquiera desahogarme libremente, y en mi propia casa hago el papel de estoico silencioso para contrapesar los estallidos del otro lado. Pero trabajar en semejantes circunstancias se hace completamente imposible. ¿No podría en lugar de Mary haber sido mi || madre, que de todos modos está ahora llena de achaques corporales y ha vivido su vida cumplidamente...? Ya ves a qué extraños pensamientos llegan los «civilizados» bajo la presión de ciertas circunstancias.  

Salut  
D  
KM  

¿Cómo vas a arreglar ahora tu establecimiento? Es extraordinariamente duro para ti, pues con Mary tenías un hogar, libre y retirado de toda la porquería humana, cuantas veces te placía. |