en Manchester 
Londres, lunes, 17 de noviembre de 1862 

Querido Engels,

Muchas gracias por las £. 5. 
Me parece que miras demasiado una sola cara de los pleitos norteamericanos. En el American Coffee House he examinado una cantidad de periódicos sureños y he visto por ellos que la Confederación se halla en un gran aprieto. Los periódicos ingleses han silenciado la batalla de «Corinth». Los periódicos del Sur la describen como la más extraordinaria desgracia que les ha ocurrido desde el levantamiento. 
El estado de Georgia ha declarado nula y sin efecto la ley confederada de «Conscripción». Virginia, en la persona de Floyd the thief, ha disputado a las «criaturas (literalmente) de Jefferson Davis» el derecho de seguir reclutando en su estado. Oldham, representante de Texas en el Congreso de Richmond, ha protestado contra el traslado de las «tropas selectas» del Sudoeste al Este, es decir, a Virginia. De todas estas disputes se desprenden dos cosas completamente innegables:

Que el gobierno confederado ha tensado demasiado el arco en sus esfuerzos violentos por llenar las filas del ejército;

que los states hacen valer los «state rights» contra la Confederación, del mismo modo que ésta los había convertido en pretexto contra la Unión.

Considero las victorias de los demócratas en el Norte como una reacción que a este elemento conservador y blackleg le fue facilitada por la mala conducción de la guerra y los financial blunders del gobierno federal. Por lo demás, una suerte de reacción que se da en todo movimiento revolucionario y que, por ejemplo, en tiempos de la Convención fue tan intensa que se consideraba contrarrevolucionario querer someter la muerte del rey al suffrage universel, y bajo el Directorio tan intensa que el Sr. Bonaparte I tuvo que cañonear París.

Por otra parte, las elecciones anteriores al 4 de diciembre de 1864 no influyen en la composición del Congreso; por tanto, solo sirven de aguijón para el gobierno republicano, sobre cuya cabeza pende la espada. Y en todo caso, la Cámara de Representantes republicana aprovechará mejor la vida que le queda, ya por odio al partido contrario.

En cuanto a M’Clellan, tiene en su propio ejército a Hooker y a otros republicanos que cada día pueden arrestarlo por orden del gobierno. A ello se suma el intento de intervención francés, que provocará una reacción contra la reacción.

Así pues, no veo las cosas tan mal. Lo que más bien podría perjudicar mis opiniones es la actitud ovejuna de los obreros en Lancashire. Such a thing has never been heard of in the world. Tanto más cuanto que la canalla fabril ni siquiera finge «hacer sacrificios», sino que deja al resto de Inglaterra el honor de mantenerles en pie a sus pobres; es decir, carga al resto de Inglaterra los costes de sostenimiento de su capital variable.

Inglaterra se ha cubierto de más vergüenza durante este último tiempo que any other country, los obreros con su naturaleza de esclavos cristianos, los burgueses y aristócratas con su entusiasmo por la esclavitud in its most direct form. Pero ambas manifestaciones se complementan.

En cuanto a nuestro «Schön Wilhelm», el sujeto es, in fact, regocijante. Por lo demás, el ministerio Bismarck no es en absoluto más que el piadoso deseo realizado de los progresistas pequeño-alemanes. Ellos soñaban con Luis Bonaparte, el «hombre del progreso». Ahora ven lo que significa un ministerio «bonapartista» en Prusia. Y, en cierto modo, Bismarck ha sido nombrado por Bonaparte (y por Rusia).

Te buscaré la «Presse».

Salud (también a las damas)
Tuyo, K. M.