en Londres  
Mánchester, sábado 15 de noviembre de 1862  

Manchester, 15 de nov. de 1862.  
Querido Mohr  

Tienes razón, estoy muy pelado y me ocupo intensamente en «ahorros», como el gobierno prusiano. Con la esperanza de cubrir este déficit mediante la vida doméstica en Hyde Road, te envío adjunta la nota de las cinco libras O/L 28076, Manchester, 28 de enero de 62. Al mismo tiempo sale para ti una cesta de vino por Chaplin & Hörne, en la cual hay una docena de Burdeos y 2 botellas de vino del Rin añejo de 1846 para Jennychen, y el resto completado con vino del Rin de 1857. En total, 24 botellas.  

Espero con impaciencia el vapor que trae las noticias sobre las elecciones de Nueva York. Si los demócratas triunfan en el estado de Nueva York, ya no sé qué pensar de los yanquis. Que un pueblo, colocado en un gran dilema histórico, en el que está en juego además su propia existencia, tras dieciocho meses de lucha pueda volverse reaccionario en su masa y votar por ceder en lo pequeño, es algo que realmente me supera el entendimiento. Tan bueno como es, por un lado, que la república burguesa se haya desacreditado también en América a fondo, de modo que en el futuro nunca más pueda ser predicada por sus propios méritos, sino sólo como medio y forma de transición hacia la revolución social, por otro lado irrita que una miserable oligarquía de sólo la mitad del número de habitantes se muestre tan fuerte como la torpe, grande e impotente democracia. Si, además, triunfan los demócratas, entonces el valiente McClellan y los Westpointers tendrán la sartén por el mango, y la gloria pronto habrá terminado. Estos tipos son capaces de hacer la paz si el Sur vuelve a la Unión a condición de que el presidente sea siempre un sureño y el Congreso esté compuesto siempre por igual número de sureños y norteños. Son incluso capaces de proclamar inmediatamente a Jeff. Davis presidente de los EE. UU. y sacrificar incluso todos los estados fronterizos si no hay otra manera de lograr la paz. Entonces, adiós América.  

De la emancipación de Lincoln no se ve hasta ahora otro efecto que el de que el Noroeste, por miedo a una inundación de negros, ha votado demócrata.  

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180. Engels a Marx • 15 de noviembre de 1862  

Para descender de lo más grande a lo más pequeño, ¿qué me dices del bueno de Wilhelm? El tipo ha vuelto por fin a ser él mismo; ha hecho penitencia por sus pecados liberales y le ha dicho a la coja Elisabeth: mater peccavi. A cambio, el Señor le ha pertrechado con poder para golpear a la chusma escrofulosa de los liberales, y para ello –dice Wilhelm– «para ello necesito al ejército». El tipo está tan rabioso que ya ni Bismarck es bastante reaccionario para él. Que eres tonto, Schapper, lo sabemos nosotros y lo sabes tú mismo, pero tan tonto, etc., etc. La cosa marcha brillantemente, y no podía llegar de manera más hermosa que el liberalismo burgués, catorce años después de 1848, se vea empujado al más extremo dilema revolucionario por unos miserables seis millones de táleros, es decir, 850 000 libras esterlinas. ¡Si al menos el viejo burro no vuelva a acobardarse! Está ciertamente en el mejor de los impulsos, pero con estos prusianos no se puede uno fiar de nada, ni siquiera de su estupidez. Si esto sigue así, el alboroto es del todo inevitable, y si las cosas llegan al extremo, entonces Wilhelm se asombrará de la manera en que «el ejército» mete baza, a saber, los soldados rasos, que se cuidarán muy mucho de batirse por tres años de servicio contra dos.  

Saludos cordiales a tu mujer y a las chicas.  

Tuyo  
FE.  

A propósito.  
Envíame los cuatro últimos ejemplares del Freepress; aquí nunca puedo conseguirlos si no voy precisamente el día mismo, cosa que siempre olvido. |  

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