...En lo que ek a Norteamérica también creo, desde luego, que en Maryland los confederados han recibido un inesperado golpe moral de gran significación. También cstoy convencido de que la pose- sión definida de loy Estados limítrofes decidirá el resultado de la guerra. Pero en modo alguno estoy seguro de que la cosa haya de proceder a lo largo de las lineys clásicas, como tú pareces ercer. A pesar de todos los chillidos de los yanquis, todavía no hay indicio alguno de que el pueblo considere] este pequeño asunto como verdadero problema de cxistencia nacional. Por el contrario, esas victorias electorales de los demócratas prugban más bien que está creciendo el partido que está harto de la guérra. Si hubiera apenas alguna prueba o indicio de que las masas del ¡Norte estuvieran empezando a levantarse como lo hicieron en Francia en;1792 y 1793, todo sería entonces muy lindo. Pero la única revolución que pudiera esperarse parece ser más bien una contrarrevo- lución democrática y una paz podrida que incluya la partición de los Estados limítrofes. Te concedo que a la larga esto no sería el fin del asunto. Peret, por el momento sería el fin. Debo decir que no puedo alentar ningún estusiasmo por un pueblo que en una ocasión tan colosal, se deje derrotar continuamente por una cuarta parte de su propia pabla-

ción, y que después de dieciocho meses de guerra no ha llegado a otra cosa que al descubrimiento de que todos sus generales son burros y todos sus oficiales bribones y traidores. Después de todo, la cosa debe ocurrir de modo diferente, incluso en una república burguesa, si no ha de ter- minar en un espantoso fracaso. Concuerdo por entero con lo que dices acerca de la bajeza de la posición inglesa en el asunto. ..