en Londres  
Mánchester, jueves, 16 de octubre de 1862  

Mánchester, 16 de oct. de 1862.  
Querido Mohr:  

Durante toda la semana pasada y esta me he estado preparando a diario para escribirte, pero los malditos asuntos del algodón me lo han impedido. *Ces messieurs*, naturalmente, durante mi ausencia habían dejado de lado todo cuanto era posible, de modo que me vi con las manos llenas.  

Lupus manda decir que ha recibido las cosas correctamente. El caso es sumamente divertido. ¡Estos pobres prusianos mentirosos que siempre se ponen en ridículo en cuanto sueltan algo por escrito!  

Habrás recibido el billete de £10 que te envié el día de mi partida, ¿verdad? Me quedé pegado otra vez demasiado tiempo en Barmen y Engelskirchen, porque anduve vagueando durante 14 días por el Mosela, el Rin y Turingia. Fui directamente, vía Bruselas y Luxemburgo, a Tréveris, desde allí a pie hasta Kochern, etc. No estuve en Colonia en absoluto.  

El nombramiento de Bismarck fue recibido por los burgueses con sonoras carcajadas. En general, esos tipos estaban extraordinariamente seguros de sí mismos y, en cierto modo, temerarios. Por fin tienen agarrado al bueno de Guillermo por una cuestión de dinero y saben que a la larga tendrá que cederles; pero se imaginan el curso del asunto de un modo curiosamente idílico y creen que con solo dejar al mozo patalear un tiempo, ya tendrá que venir él solito a ellos. Ya se van a llevar una sorpresa. En todo caso, hacia la primavera la cosa tiene que llegar a la crisis. Por lo demás, es para morirse de risa el entusiasmo que una cuestión de dinero como esta despierta en los filisteos. Schultze-Delitsch y consortes se ponen verdaderamente ocurrentes, y solo Virchow permanece «serio, es serio el hombre»; ah, pero no, a su lado Heinrich Bürgers se comporta también con la dignidad que corresponde en Weimar, dando la tabarra con la Constitución imperial del año de marras. Debo decir que Schultze-Delitsch, que siempre fue y quiso ser solo un miserable pequeñoburgués, ese hombrecillo de las cajas de ahorro, me parece casi respetable cuando lo comparo con esos perros como Bürgers y el gran Miquel, que en Weimar salvan la patria mediante la punta prusiana.  

Acerca de Kinkel ya lo tengo claro. Es la caricatura exacta de un tapicero de Coblenza que es todo un renano de muestra único en su género, con todos los prejuicios y estrecheces de miras de la raza, que maldice a los prusianos, odia a los franceses, simpatiza con Austria, y es católico y demócrata en un mismo aliento, pero sabe marchar de maravilla; ese sujeto anduvo conmigo a pie por el monte Kochemer; si Kinkel viese a ese mozo, del cual su persona es una copia simiesca de arriba abajo, se caería de culo del susto.  

¿Qué opinas de América? El *crash* financiero que no puede dejar de producirse con estas estúpidas medidas de papel moneda parece cercano. En lo militar, el Norte probablemente conseguirá ahora ponerse un poco en pie. ¿Qué tal la pequeña Jenny?  

Muchos saludos a tu mujer y a las chicas.  

Tuyo,  
F. E.