. « .Itzig [Lassalle] también me dijo que quizá publicaría un diario si volviese en setiembre. Le dije que con buena paga yo sería su corresponsal inglés sin tomar, de ninguna manera, ninguna otra responsabilidad o participación política, ya que en política no estamos de acuerdo en nada, a excepción de algunos distantes objetivos finales.

No comparto por entero tus opiniones sobre la guerra civil norte- americana. No creo que todo esté terminado. Los del Norte han sido dominados desde el principio por los representantes de los Estados escla- vistas limítrofes, quienes también lo encumbraron a Mec Clellan, es: viejo partidario de Breckinridge. En cambio, los del Sur actuaron desde un principio como un solo hombre. El propio Norte ha trasformado a los esclavos en una fuerza militar de parte de los sudistas, en ligar de volverla contra ellos. El Sur deja el trabajo productivo a los esclavos y. por consiguiente, podía emplear toda su fuerza de combate sin incon- venientes. El Sur tenía una dirección militar unificada, el Norte no. Que no existía plan estratégico, se evidenció ya en todas las maniobras del ejército de Kentucky después de la conquista de Tennessee. En mi opi- nión, todo esto tomará otro giro. Al final el Norte hará la guerra cn serio, adoptará métodos revolucionarios y derrocará el dominio de los estadistas de las regiones esclavistas limítrofes. Un solo regimiento de morenos tendría un notable efecto sobre los nervios de los sudistas.

La dificultad de conseguir los 300.000 hombres me parece puramente política. El Noroeste y la Nueva Inglaterra desean obligar al gobierno, y lo obligarán, a abandonar el método diplomático de conducir la guerra que ha empleado hasta ahora, y están estipulando las condiciones cn las

cuales serán puestos cn pie de guerra los 300.C00 hombres. Si Lincoln no cede (cosa que hará, sin embargo) habrá una revolución.

En cuanto a la falta de talento militar, el método que ha prevalecido hasta ahora, de seleccionar los generales por consideraciones puramente diplomáticas e intrigas de partido, difícilmente llevará talent:s al frente. El general Pope, sin embargo, me parece ser un hombre enérgico.

Respecto a las medidas financieras, son chapuceras, y están desti- nadas a un país en que hasta ahora no existían impuestos para' todo el Estado; pero no son ni de lejos tan imbéciles como las medidas adoptadas por Pitt y Cía. La actual depreciación de la moneda no creo que se deba a razones económicas, sino puramente políticas: a la desconfianza. Cam- biará, en consecuencia, con una política diferente.

Me parece que el meollo del asunto es que una guerra de esta clase debe conducirse sobre líneas revolucionarias, mientras que los yanquis, hasta ahora, han estado tratando de librarla constitucionalmente.,

* Después de haber sido electo Abraham Lincoln presidente de Esta- os Unidos, en 1860, ocasión en que el poder político principal pasó a los capitalistas industriales del Norte, los esclavistas del Sur, que no estaban en posición de competir con la industria basada sobre el trabajo asalariado, decidieron organizar su propio Estado, cl que garantizaría la posesión del poder político principal a la clase “de los propietarios de esclavos.

A comienzos de 1861, el Sur esclavista anunció su secesión de la Unión y estableció su propia Confederación (de aquí que las tropas de los Estados del Sur fueran conocidas con el nombre de confederados, y las de los Estados del Norte con el de federalistas). Jefferson Davis fuc electo presidente de la Confederación del Sur. La guerra civil que

estalló entonces entre cl Sur esclavista y Norte industrial duró unos cinco años, de 1861 a 1865.

Los Estados del Sur se habían preparado para la guerra de ante- mano y contaban con cierto número de gencrales, soldados de profesión: Bcauregard, Bragg, Johnston, Jackson, Lee, etc. El gobierno federal del Norte, en cambio, no estaba preparado/para la guerra y trató de resolver el conflicto pacíficamente, por da constitucionales. Además, entre los norteños había elementos de los Estados limítrofes que simpatizaban con los sudistas, y dificultaban, naturalmente, la actividad del gobierno federal. Los primeros encuentros (£l asalto de Fort Sumter y la batalla de Bull Run) fueron desfavorables, para el Norte.

Los norteños sólo pudieron dar a su ejército una instrucción apurada y en extremo inadecuada, y variás veces se vieron obligados a cambiar de comandante en jefe: Me Dowell, Mic Clellan, Burnside. Pera fueron capaces de organizar refuerzos constantemente nuevos, hasta que el ejército adquirió experiencia en la batalla y por último el Norte indus- trial salió victorioso. Hacia el fin de la guerra cl Norte tenía generales

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excelentes, como Grant y Sherman. Muchos emigrantes alemanes que habían tomado parte en la revolución de 1848 y habían tenido expe- riencia militar, combatían del lado del Norte. Ambas fracciones de la Liga Comunista —Willich, Weydemeyer, Steffen, etc.—, también tomaron parte en la guerra del lado del Norte. |

Marx sostuvo siempre que el Norte ganaría. El 10 de setiembre de 1862, escribía a Engels:

“En cuanto a los yanquis, estoy tan seguro como siempre de que el Norte teminará por ganar... La forma en que el Norte está conduciendo la guerra es lo que podía esperarse de una república burguesa, en que el fraude ha estado entronizaclo largo tiempo. El Sur, una oligarquía, está mejor adaptado, esbecialmente por ser una oligarquía en que todo el trabajo productivo recae sobre los negros, y los cuatro millones de “canalla blanca” son filibusteros profesiona- les. De todas maneras, apostaría la cabeza a que estos tipos llevarán la peor parte, a pesar de Stonewall Jackson. Es posible. desde luego, que antes de esto las cosas puedan llegar a una especie de revolución en el propio Norte.”

En el prefacio de la primera edición de El capital (1867) escribió Marx:

“Del mismo modo que en el siglo xvii la guerra de la inde- pendencia de Estados Unidos fue la gran campanada que hizo er- guirse a la clase media europea, la guerra norteamericana de Sec:- sión es, en el siglo xtx, el toque de rebato que pone en pie a la clase obrera europea.”

PorE, John (1822-1592). General norteamericano. Puesto a la cabc- za de un ejército del Norte el 27 de junio de 1862, renunció después de las derrotas sufridas en agosto del mismo año.

Lincoln, Abraham (1809-1863). Decimoséptimo presidente de Estados Unidos, uno de los mejores representantes de la democracia burguesa.

Prrr, William (llamado el segundo y el joven) (1759-1806). Uno de los estadistas ingleses más reaccionarios. Primer ministro en la época de la revolución francesa, organizó la guerra intervencionista contrarrevolucionaria, y las guerras contra Napoleón J. Reprimió la rebelión irlandesa de 1798 y adoptó una serie de medidas reaccionarias contra el movimiento obrero.