en Manchester 
Londres, miércoles 30 de julio de 1862 

30 de julio. 
Querido Engels, 

De los adjuntos papelotes ves en parte cómo estoy bothered. El landlord se ha dejado calmar hasta ahora, tiene que recibir 25 libras. El vendedor del piano, que recibe pagos a plazos por el piano, debía haber recibido ya 6 libras a fines de junio, y es un zafio muy grosero. Notas de impuestos por 6 libras están en mi casa. La porquería de deudas de aproximadamente 10 libras afortunadamente la he pagado, ya que hago todo para ahorrar a los niños humillaciones directas. Al carnicero le he pagado 6 libras a cuenta (¡y ése fue el total de mis ingresos de un trimestre de la «Presse»!), pero el tipo me vuelve a pisotear, por no hablar del panadero, el teagrocer, el greengrocer, y como se llame toda esa endiablada canalla. 

El nigger judío Lassalle, que afortunadamente se va a finales de esta semana, ha perdido felizmente otros 5.000 táleros en una falsa especulación. El tipo preferiría tirar el dinero al lodo antes que prestárselo a un «amigo», aunque le garantizaran intereses y capital. Y partiendo de la idea de que ha de vivir como barón judío o judío baronizado (probablemente por la condesa). Figúrate que el tipo, que sabe lo de América, etc., o sea, conoce la crisis en que me encuentro, ha tenido la desfachatez de preguntarme si quería entregarle a una de mis hijas como «dama de compañía» de la Hatzfeldt, ¡y si él mismo debía procurarme la protección de Gerstenberg! ¡El tipo me ha costado tiempo y, según opinaba el animal, como ahora no tengo ningún «negocio», sino que sólo hago un «trabajo teórico», bien podía matar el tiempo con él! Para guardar ciertas apariencias frente a ese mozalbete, ¡mi mujer ha tenido que llevar a la casa de préstamos todo lo que no estaba clavado y remachado! 

Si no estuviera en esta posición asquerosa y no me irritara el golpear del parvenu sobre el saco de dinero, me habría divertido regiamente. Desde el año en que lo vi, se ha vuelto completamente loco. La estancia en Zúrich (con Rüstow, Herwegh, etc.) y el posterior viaje a Italia, luego su «Herr Julian Schmidt», etc., le han acabado de trastornar la cabeza. Ahora está totalmente convencido de que no sólo es el más grande sabio, el más profundo pensador, el más genial investigador, etc., sino además un Don Juan y un cardenal Richelieu revolucionario. ¡Y a esto se suma la cháchara incesante con su voz falsa y destemplada, los movimientos antiestéticamente demostrativos, el tono aleccionador! 

Como un profundo secreto, nos comunicó a mí y a mi mujer que él aconsejó a Garibaldi que no hiciera de Roma el objetivo del ataque, sino que se dirigiera a Nápoles, se erigiera allí en dictador (sin menoscabar a Víctor Manuel), convocara al ejército popular para la campaña contra Austria. Lassalle le hizo sacar del suelo 300.000 hombres, y el ejército piamontés se le uniría naturalmente. Y luego, según un plan aprobado por el señor Rüstow, según dice, un cuerpo destacado debía ir o más bien navegar a la costa adriática (Dalmacia) e insurreccionar Hungría, mientras el grueso del ejército bajo Garibaldi, sin hacer caso del Cuadrilátero, marchaba de Padua a Viena, donde la población se sublevaba de inmediato. Todo terminado en 6 semanas. Como palanca de la acción: la influencia política de Lassalle o su pluma en Berlín. Y Rüstow al frente de un cuerpo de francos alemanes unido a Garibaldi. Bonaparte quedaría paralizado por este coup d’éclat lassalleano. 

Ahora también había estado con Mazzini, y «también éste» aprobaba y «admiraba» su plan. 

Se presentó a esa gente como «representante de la clase obrera revolucionaria alemana» y dio por supuesto en ellos (¡literalmente!) el conocimiento de que él (Itzig) «mediante su folleto sobre la guerra de Italia impidió la intervención de Prusia» y, in fact, ha «dirigido la historia de los últimos 3 años». 

L. se enfureció muchísimo conmigo y con mi mujer porque nos burlábamos de sus planes, lo motejábamos de «bonapartista ilustrado», etc. Gritó, rabió, saltó y acabó por convencerse a fondo de que yo soy demasiado «abstracto» para entender de política. 

En cuanto a América, dice, eso es completamente sin interés. Los yanquis no tienen «idea». La «libertad individual» no es más que una «idea negativa», etc., y demás basura especulativa de ese viejo degenerado. 

Como ya he dicho, en otras circunstancias (y si no me hubiera estorbado en el trabajo) el tipo me habría divertido regiamente. 

Además, el bestial atiborrarse y la lascivia rijosa de este «idealista». 

Ahora me resulta del todo claro que él, como lo prueban también la conformación de su cabeza y el crecimiento de su cabello, desciende de los negros que se unieron a la marcha de Moisés desde Egipto (a menos que su madre o su abuela por parte de padre se cruzaran con un nigger). Pues bien, esta combinación de judaísmo y germanismo con la sustancia básica negroide tiene que producir un híbrido singular. La impertinencia del mozo es también niggerhaft. 

Si por cierto Herr Rüstow inventó la marcha de Padua a Viena, también ése a mí me parece que tiene un tornillo de más. 

Salut 
D 
K. M. 

Uno de los grandes descubrimientos de nuestro nigger —que él, sin embargo, sólo comunica a los «amigos más íntimos»— es que los pelasgos descienden de los semitas. Prueba principal: en el Libro de los Macabeos, los judíos envían embajadores a Grecia pidiendo ayuda, apelando al parentesco de estirpe. Además, se ha encontrado una inscripción etrusca en Perugia, y el consejero áulico Stücker en Berlín y un italiano la han descifrado simultáneamente, y han resuelto las letras etruscas, independientemente uno del otro, en hebreas. 

Para que no le sigamos viniendo con «Blue Books», ha comprado por 20 libras blue books (bajo la dirección de Bucher). 

Dice que ha convertido a Bucher al socialismo. Bucher es un hombrecillo muy sutil, aunque retorcido, y en todo caso no puedo creer que haya aceptado la «política exterior» de Lassalle. Bucher es la «Setzerweib» en el Julian Schmidt. 

Si tan sólo te hubieras venido unos días, habrías almacenado material de risa para un año. Por eso me habría gustado tanto tenerte aquí. Una ocasión como ésta no se presenta todos los días.