en Manchester 
Londres, miércoles, 18 de junio de 1862 

18 de junio de 1862 
Querido Engels: 

Me resulta sumamente repugnante importunarte de nuevo con mi miseria, 
pero que faire? Mi mujer me dice todos los días que desearía estar bajo tierra 
con los niños, y en verdad no puedo reprochárselo, pues las humillaciones, 
tormentos y horrores que hay que pasar en esta situación son realmente 
indescriptibles. Las 50 libras, como sabes, se han gastado en deudas, de las que 
no se ha podido pagar ni la mitad. Las 21 para el gas. El cochino dinero de Viena 
no llegará hasta fines de julio y será condenadamente poco, ya que esos perros no 
imprimen ahora ni siquiera diez artículos por semana. A ello se suman los nuevos 
gastos desde principios de mayo. No quiero hablar siquiera de la situación realmente 
peligrosa en Londres de estar sin un céntimo durante siete semanas, pues esto se repite 
crónicamente entre nosotros. Pero, como sabrás por experiencia propia, hay gastos 
corrientes constantes que han de pagarse al contado. Esto se hacía volviendo a empeñar 
las cosas rescatadas de la casa de empeños a finales de abril. Pero desde hace ya 
semanas esta fuente está tan agotada que mi mujer, hace una semana, hizo el intento 
«vano» de malvender libros míos. Los pobres niños me dan tanta más lástima cuanto 
que todo esto ocurre en esta temporada de la Exposición, en que sus conocidos se 
divierten y ellos no pasan más que horrores, temiendo que nadie los visite y descubra 
la porquería. 

Por lo demás, trabajo ahora a todo vapor y, cosa extraña, mi caletre funciona 
mejor en medio de toda esta miseria que desde hace años. Estoy expandiendo este 
volumen, porque los perros alemanes aprecian el valor de los libros por el volumen. 
Por cierto, por fin he aclarado también la mierda de la renta de la tierra (aunque 
no quiero insinuarla siquiera en esta parte). Hacía tiempo que tenía mis recelos 
sobre la entera corrección de la teoría de Ricardo || y por fin he desentrañado el 
engaño. Por demás, para lo que viene en este volumen, he descubierto algunas 
cosas bonitas y sorprendentes desde que no nos vimos. 

En cuanto a Darwin, que he vuelto a ojear, me divierte que diga que aplica la 
teoría «malthusiana» también a las plantas y a los animales, como si en el caso del 
señor Malthus la gracia no consistiera en que no se aplica a las plantas y a los animales, 
sino sólo a los hombres —con la progresión geométrica— en contraposición a las 
plantas y a los animales. Es curioso ver cómo Darwin reconoce entre las bestias y 
las plantas su sociedad inglesa con su división del trabajo, concurrencia, apertura 
de nuevos mercados, «invenciones» y la «lucha por la existencia» malthusiana. 
Es el bellum omnium contra omnes de Hobbes, y recuerda a Hegel en la Fenomenología, 
donde la sociedad burguesa aparece como «reino animal del espíritu», mientras que 
en Darwin el reino animal aparece como sociedad burguesa. 

Buckle le ha jugado a Ruge la mala pasada de morirse. Ruge había visto en su 
fantasía una biblioteca que B. escribiría y Ruge «negociaría» en alemán. ¡Pobre Ruge! 
Y pobre Buckle, calumniado hoy todavía por un «amigo» en el Times con un 
testimonium pietatis. 

¿Habéis recibido tú y Lupus los dos Julian Schmidt que os envié? 

A propos. Si puede hacerse con toda brevedad, sin tomarte molestias, desearía un 
paradigma (con explicación) de la teneduría de libros italiana. Sería útil para esclarecer 
el «Tableau Economique» del doctor Quesnay. 

Nadie me visita, y me alegro, pues la humanidad que hay por aquí puede... 
¡Bonita gentuza! 

Salut D KM I 

Lassalle me ha escrito. Quizá venga en julio. A fines de otoño comenzará 
la elaboración de su «Economía», que le costará empero «mucho tiempo». 
Se va a llevar una sorpresa. |