en Barmen  
Manchester, miércoles, 4 de junio de 1862  

Manchester, 4 de junio de 1862  

Querido Siebel:

Eres todo un buen tipo, pues a pesar de la manera con que yo respondo a tus cartas y envíos, me anuncias aún el nacimiento de tu niña, por lo que te felicito de todo corazón. Espero que te proporcione muchas alegrías. ¿Se encuentra bien tu mujer?

Aquí las cosas siguen su viejo curso rutinario. Poco a poco voy notando que esta tranquila vida burguesa me rebaja moralmente; se pierde toda la energía y uno se vuelve del todo flojo; en estos días he vuelto incluso a leer una novela.

La así llamada, con perdón, Schilleranstalt (también llamada Club de Jerusalén) se ha convertido en puro instituto de judíos, y entre las 7 y las 8 y entre las 2 y las 3 reina un estrépito tan grande que uno acaba por volverse loco. Yo casi no pongo ya el pie en ese noble instituto. Sucede como siempre con los judíos. Al principio dieron gracias a Dios por tener una Schilleranstalt, y apenas están dentro —como suele decirse— ya no les parece bastante buena y quieren construir una gran casa, un verdadero templo de Moisés adonde trasladar todo el asunto. Ése es, naturalmente, el camino más corto hacia la bancarrota. ¡Y para eso has tenido que escribir prólogos y hacer de director de escena! Y eso lo llaman un instituto nacional alemán. Estate atento: dentro de un par de años recibirás una circular: «Retomando el hilo de la quiebra de la perennizada Schilleranstalt», etcétera.

«Retomando el hilo» de tus cartas, quiero contestar, muy brevemente, lo siguiente. Respecto al asunto con Marx, ciertamente no se habría dirigido a ti de no haberse agotado ya mis recursos; pero así era, en efecto, el caso, y de momento no podía hacer nada. En cuanto al rojo Becker (cuyo folleto me resultó muy interesante, en parte por la retractación que contiene de sus anteriores opiniones «salvajes», así como por el gobierno prusiano que a toda costa ha vuelto a hacer del tipo una celebridad local y, con ello, diputado), este hombre no nos concierne en lo más mínimo. Nunca ha pertenecido a nuestro verdadero partido, siempre fue sólo demócrata, y si se vio envuelto en los asuntos comunistas de Colonia fue porque él consideraba la cosa como medio de agitación. En el proceso se separó por completo de los demás acusados y reivindicó para sí una posición especial. Desde entonces se ha convertido, por confesión propia, en demócrata real prusiano, se declara por la monarquía, etc. Políticamente, pues, estamos completamente desligados de ese hombre, lo que naturalmente no me impediría mantener con él una buena relación personal hasta que entrásemos en conflicto político directo con los suyos. Para la actual Cámara prusiana, siempre es bastante bueno.

Creo que te hablé en Barmen de una pequeña canción popular danesa que descubrí en los Kjämpeviser y que he traducido especialmente para ti en rimas alemanas. Te la adjunto. Por desgracia, no he sido capaz de reproducir ni siquiera a medias el tono ligero, desafiante y alegre del original; es lo más ligero que conozco. Pero tendrás que conformarte con la traducción (que, por lo demás, es casi literal). No creo que la cosa haya sido traducida antes al alemán.

Con mis mejores recuerdos y felicitaciones a tu mujer.

Tuyo

F. E.