en Manchester  
Londres, lunes, 9 de diciembre de 1861  

|9 Dic. 1861.  
Querido Engels,  

Por mi pertinaz silencio puedes ver con qué renuencia te escribo en absoluto. Ante los grandes esfuerzos – incluso por encima de tus fuerzas – que haces por mí, me resulta naturalmente repugnante aburrirte continuamente con noticias de Job.  

Con el último dinero que me enviaste, pagué, pidiendo prestada una libra, la factura del colegio, para no tenerla por partida doble en enero. El carnicero y el tendero me han obligado a librarles letras de cambio, una por 10 y la otra por 12 libras esterlinas, con vencimiento el 9 de enero. Aunque no sabía con qué pagarlas, no podía exponerme a ninguna reclamación sin que se me viniera abajo toda la casa. Debo al landlord 15 libras, y el 21 de enero. Ídem al verdulero, al panadero, al del periódico, al lechero y a toda esa canalla a la que había aplacado a mi regreso de Manchester con pagos a cuenta, y por último al vendedor a plazos, pues la llegada del invierno exigía la adquisición de las prendas de vestir más necesarias para el invierno, de modo que hubo que tomarlas a crédito.  

Lo que he de ingresar a fin de mes ascenderá a 30 libras a lo sumo, pues los miserables de la „Presse” no imprimen una parte de mis artículos. Naturalmente, primero tengo que acostumbrarme a actuar dentro de los „límites de la razón alemana”. (Dicho sea de paso, en su periódico hacen gran alharaca con mis colaboraciones.)  

Lo que tengo que pagar (incluidos los intereses de la casa de empeños, etc.) asciende a 100 libras. Es curioso cómo la falta de todo ingreso, junto con deudas nunca saldadas del todo, a pesar de toda ayuda menuda, hace aflorar una y otra vez la vieja porquería.  

Hoy he escrito a Dronke, porque todavía me debe dinero. Aunque solo recordándoselo suavemente, sin apremiarle; me he tomado la libertad de decirle que, si puede hacerme un adelanto, tú seguramente le saldrás fiador para la devolución.  

En cuanto salga de esta mierda, podré al menos vegetar de nuevo con Nueva York y Viena.  

Mi mujer ha tenido peligrosos estados nerviosos y el Dr. Allen se asustó mucho durante algunos días. Él sabe, o más bien sospecha, dónde aprieta el zapato, pero es demasiado delicado para decir algo improcedente. La pobre mujer sigue muy sufriente. Pero dada la energía de su naturaleza no dudo de que, al primer giro favorable, vuelva a ponerse en orden.  

Guerra, como declaré desde el primer día en la „Presse”, no habrá con América, y sólo lamento no haber tenido los medios para explotar la asnalidad de la Bolsa dominada por Reuter y el Times durante este período de necedades.  

De acuerdo con tus reparos a Itzig (quien me ha escrito desde Florencia que tuvo „un encuentro muy interesante” con Garibaldi, etc.). El 2º tomo es más interesante, ya por las citas latinas. El ideologismo lo recorre todo y el método dialéctico está mal aplicado. Hegel jamás ha llamado dialéctica a la subsunción de una masa de „cases” under a general principle.  

Mi escrito avanza, pero lentamente. En realidad no era posible despachar con rapidez semejantes cuestiones teóricas en estas condiciones. No obstante, resultará mucho más popular y el método mucho más oculto que en la Parte I.  

Salud  
Tuyo  
K. M.