en Manchester  
Londres, miércoles, 30 de octubre de 1861  

30 de octubre de 1861.  
Querido Engels:

Por fin las circunstancias se han despejado lo suficiente para que al menos vuelva a tener suelo firme bajo los pies y no flote ya puramente en el aire. Sabes que, poco después de mi regreso de Manchester, volví a escribir para la *Tribune*, en el momento que consideré favorable, una vez por semana. Con la semana pasada les había enviado 6 artículos. Con el último correo llegaron también de vuelta los 2 primeros artículos impresos, el primero (de 3 columnas, sobre los juicios ingleses acerca de los Estados Unidos) en lugar destacado, y en la cabecera del periódico especialmente mencionado. Así que este asunto está por ahora en orden, y con ello quedan aseguradas 2 libras por semana.

En segundo lugar, como sabes, ya desde Manchester escribí a la Wiener «Presse» pidiendo «información». Hace unas 3 semanas recibí respuesta, que para mí fue políticamente del todo satisfactoria. (El periódico ha modificado entretanto su posición schmerlingiana.) Al mismo tiempo, Friedländer (por causa de su propietario Zang) exigió 2 artículos de prueba. Ya los he entregado y recibí ayer por la mañana respuesta: 1) que los artículos han aparecido con la correspondiente propaganda en la cabecera del periódico, 2) que desde noviembre estoy contratado regularmente, 1 libra por artículo, 10 chelines por correspondencia.

En cuanto a la *Tribune*, tendré que encontrar primero un modo para el giro de letras, ya que difícilmente seguirá pasando por Freiligrath.

Por lo demás, con este doble compromiso queda asegurada la perspectiva de poner fin a la vida acosada de mi familia durante el último año, y también de terminar ahora el libro. Aunque gracias a ti estuve en condiciones de satisfacer a los canallas más apremiantes a principios de septiembre, el acoso siguió siendo bastante insoportable y durante octubre fue de nuevo *in crescendo*. Al mismo tiempo que esta carta, escribo a mi vieja para ver si se le puede sacar algo. Asimismo intento conseguir algo de una *loan society*. Naturalmente, ahora todo depende para mí de poner algo de orden en los asuntos, hasta que las sumas de Nueva York y Viena valgan la pena de ser giradas, y sobre todo de tener tranquilidad para trabajar durante el tiempo intermedio que aún ha de transcurrir. Mientras tanto, hemos empeñado todo lo que no estaba clavado con clavos, y lo que me resulta aún más fatal, mi mujer está gravemente enferma. La mera presión de las actuales vejaciones la soportó con valentía, pero la total falta de perspectivas la abatió. Las noticias favorables de Viena y Nueva York ya han producido entretanto una reacción favorable.

Con las «Stimmen der Zeit» de Kolatschek, Borkheim se había engañado a sí mismo y a mí de manera extraña. El número 39 trajo ciertamente un artículo de un pliego de extensión «K. Vogt y K. Marx», pero escrito por el «más ruin de los ruines» – el estudiante Abt, de ginebrina memoria. Después de haber reconocido en las 2 primeras páginas el contenido propiamente dicho de mi escrito, insulta en las otras 14 páginas del modo más furioso y ruin por lo de los «Bürstenheimer» contra mí, y especialmente contra Schily e Imandt. Al final declara: si no me retracto, me agarrará «por el único punto vulnerable que conoce» y me comprometerá de un modo «del que me arrepentiré». Naturalmente, no hago el menor caso del pelafustán. Pero el señor Kolatschek debe de estar en manos de ese Abt mediante historias muy particulares, pues, como dice Abt, ya había tenido su escrito desde enero y hasta septiembre se había negado a publicarlo.

Salud  
Tuyo  
K. M.

No dejes de informarme lo más detalladamente posible sobre el *status quo* en Manchester.