en Manchester
Londres, sábado, 20 de julio de 1861

120 Juli. 1861.
Querido Engels,

No creo que puedas dirigirte a la legación prusiana en Londres a causa
de un «certificado de buena conducta», sin poner en manos de esos
tipos un documento muy comprometedor de tu parte.

Ni según el derecho prusiano, ni según el internacional, es la legación
prusiana una autoridad supervisora que haya de expedir *testimonia*, ya
sea sobre la conducta de extranjeros o de prusianos. Solo en la medida
en que expide pasaportes ha de vigilar si alguien está constatado notoria-
mente como criminal, sea por sentencia judicial o por rumor público. Por
lo demás, se supone que no sabe nada acerca de los individuos particulares.
Lo que sabe, lo sabe por abuso, como institución de soplonería. Un certi-
ficado de buena conducta suyo equivale, pues, a un certificado de buena
conducta de la policía política secreta, contraria a la ley (y que, por tanto,
oficialmente no existe), bajo los auspicios del escribiente de legación
Alberts. Pero tú no puedes reconocer a semejante autoridad, y el director
de policía de Barmen se vería en un gran aprieto si le pidieras que te
indicara el párrafo del Código || legal prusiano en virtud del cual la lega-
ción prusiana en Londres posee atributos de ese tipo.

Otra cosa es el cónsul prusiano en Manchester. Los cónsules son repre-
sentantes comerciales, no políticos, de su Estado. Se supone, pues, que
conocen al comercio de su localidad, y en particular al perteneciente a su
propia nacionalidad. Pueden, por tanto, dar un certificado de que X. X.
vive y es conocido en Manchester desde hace 10 años como comerciante
respetable. La exigencia de otro certificado no tiene, en absoluto, derecho
a hacerla el gobierno prusiano, y se guardará de reclamarla oficialmente.
Pero esto sí puede exigirlo, puesto que tú, por la solicitud de renaturali-
zación, estás en el mismo plano que los extranjeros, a quienes en el mo-
mento de su

naturalización en Prusia pueden exigírseles tales certificados, etc.

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327. Marx a Engels – 20 de julio de 1861

Un certificado cualquiera sobre tu conducta política, el gobierno prusiano
tiene tan poco derecho a exigírtelo como, por ejemplo, una profesión de
fe política extendida por ti mismo.  \

| De Viena no he vuelto a saber nada, como tampoco de Dana,
aunque este último me envía la *Tribune* semanalmente.

Brockhaus quiere decidirse definitivamente solo después de que se le
haya enviado el manuscrito. Esta no es, en modo alguno, una condición
agradable, pues someterá allí el manuscrito al juicio de sus asnos de
consejeros literarios. Por lo demás, no avanzo tan rápido como quisiera,
debido a muchos contratiempos domésticos.

¿Has leído algo del libro de Lassalle? ¿Le has enviado el libro a
mi primo? Esto último es importante para mí, pues necesito mucho
los *bons offices* de este jovenzuelo.

Lassalle y la condesa están en un balneario cerca de Fráncfort del Meno.

Un emisario polaco —que me trajo, de parte de Schily, todo un paquete
de cartas de J. Ph. Becker que aún no he leído— estuvo en mi casa.
No me ha vuelto a visitar, probablemente porque el vino claro que le escancié
acerca de las malas perspectivas de cualquier conjura en Prusia en este
momento no || fue de su gusto. Recibirás los escritos de Becker tan pronto
como los haya leído; ídem una misiva de L. dirigida a mí, tan pronto
como la haya contestado.

¿No has sabido nada de Lupus?

Salud
D
K. M.

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