en Manchester  
Londres, viernes, 12 de julio de 1861  

I 12 julio. 1861.  

Querido Engels,  

He recibido tu última carta con el anexo, o más bien el anexo sin carta, con sumo agradecimiento.  

La gran tragicomedia con Gottfried Kinkel ha llegado a un final digno, y el pobre Gottfried ha sido derrotado por completo.  

Para resumir brevemente lo esencial, he aquí el verdadero curso de los acontecimientos: El 15 de junio, Gottfried y Cía., como ya informé, celebraron una sesión especial por su cuenta, en la que adoptaron los acuerdos que les resultaban agradables. El 18 de junio tuvo lugar una sesión extraordinaria bajo la presidencia de Heintzmann, en la que la gran cuestión litigiosa no figuraba en el orden del día, pues se seguía esperando la carta de respuesta de Coburgo.  

Finalmente, el 6 de julio tuvo lugar la sesión decisiva, una vez llegada entre tanto la respuesta del oráculo de Coburgo. Toda la fuerza combativa de ambos partidos estaba presente, incluidos los 35 miembros del Bund deutscher Männer comprados al contado por Gottfried. Sin embargo, antes del día de la sesión ya habían tenido lugar importantes agitaciones. Así, por ejemplo, el “Bund deutscher Männer” había sido arengado e informado por Heintzmann y consortes sobre las maquinaciones de Gottfried. El presidente de esta Liga, un agente de embarques de nombre Schmidt (hannoveriano), se había pasado naturalmente al bando “patriótico”.  

Heintzmann —dicho sea de paso— persigue naturalmente un doble interés: de un lado, hacerse grato al gobierno prusiano y, de otro, en la medida de lo posible, arrebatar por esta vía algún importante cargo de administrador fiduciario de dicho gobierno para la próxima Exposición Industrial. Según he oído, el tipo ha debido desempeñar su cargo de presidente en la más auténtica y grosera manera de procurador real prusiano de Elberfeld. Esto, ciertamente, es lo acertado frente al melodramático Gottfried.  

Así pues, abierta la sesión (el 6 de julio), Heintzmann hizo leer los protocolos del 8 y del 18 de junio. Ni Kinkel ni Zerffi se atrevieron siquiera a solicitar que se leyese su protocolo del 15. Con ello admitieron, pues, la ilegalidad de la sesión convocada por ellos en secreto.  
Luego, Heintzmann leyó la carta de Coburgo. El oráculo de allí escribía: Ciertamente, la expulsión de la Asociación sólo puede decidirla el Senado de Coburgo; en cambio, la expulsión del Comité (de la cual se trataba en el caso de Zerffi) es un asunto local, por lo que debe decidirse en Londres.  

Ahora bien, dio la casualidad de que el 8 de julio tenían lugar de todos modos nuevas elecciones de funcionarios del National-Verein de Londres. Por consiguiente, se aceptó la moción de Schmidt de pasar al orden del día y decidir el asunto mediante las propias nuevas elecciones.  

Gottfried pronunció un discurso muy largo y se comportó en general de la manera más melodramáticamente excitada. Los pocos pelos que tiene en la cabeza se le erizaban constantemente hacia el cielo. Gottfried se mostraba alternativamente amargo y amenazador, e incluso buscaba a trechos el terreno de la ironía, que le es tan completamente extraño. Mientras hablaba, se producía sin cesar el mayor tumulto. Silbidos. Y con frecuencia, sobre todo, el grito: «¡Gottfried!», que siempre le chocaba dolorosamente. Lo más singular de todo fue, según se dice, que, en el curso del debate, incluso cuando ya no tenía la palabra, Gottfried saltaba constantemente para interrumpir; pero entonces Heintzmann, con el brazo alzado en actitud amenazadora —por el mero gesto—, lo volvía a arrojar a su sillón.  

En la elección, Gottfried y toda su banda resultaron completamente derrotados. En la elección para presidente, Heintzmann obtuvo 133 votos, Gottfried 5. Así, pues, incluso los tipos comprados por él votaron en su mayoría contra él. Tan pronto como se proclamó este resultado, según cuentan, se exhibió de la manera más «digna» como una síntesis del «gladiador moribundo» y del «Cristo crucificado». ¿Es esto lo que Gottfried ha merecido por «su querida Alemania»?  

Pero, mientras tanto, el molusco Blind —quien naturalmente, como “republicano”, no es miembro del National-Verein—, mediante servilismos, fullerías y manejos de toda especie ha conseguido que en las dos sesiones del National-Verein del 15 de junio y del 8 de julio se le tributaran vivas como al valeroso y patriótico campeón de Schleswig-Holstein.  

Basta por ahora sobre esta guerra de ranas y ratones. Habrás visto que incluso el Kladderadatsch ha publicado un par de chistes contra el noble poeta.  

Salut  
DKMI