en Manchester
Londres, miércoles, 19 de junio de 1861

19 de junio de 1861.

Querido Frederick:

He pospuesto tanto tiempo la carta porque Weber (el relojero palatino) me había prometido un informe sobre la sesión de la National Verein londinense, en la que a Kinkel le ocurrió algo singular y a la que Weber asistió como oyente. Hasta hoy no recibo de él lo adjunto. Por el último Hermann habrás visto de qué se trata. La sesión definitiva ha sido aplazada para el sábado próximo dentro de ocho días. Mientras tanto, Juch, provisto de los fondos necesarios por un comerciante alemán de la City, ha partido hacia Coburg para conseguir que el comité central de la Asociación Nacional de allí expulse a Zerffi (y, por tanto, implícitamente a Kinkel). Es divino que Gottfried haya puesto a toda la burguesía liberal de la City en furia fanática con sus adulaciones serviles ante los ingleses. – También han llegado cartas de Bonn en las que se amenaza a Gottfried «con una paliza» a su regreso. El secreto de que Zerffi (quien probablemente actúa por encargo directo) y Gottfried intervengan a favor de MacDonald: Gottfried ha obtenido un empleo inglés como lector en el Museo de Kensington; el bueno de Zerffi, en una institución de Ashley (Shaftesbury). Los únicos aliados de Gottfried son los patanes de las sociedades corales «apolíticas» y otras sociedades de taberna. En la última semana, Gottfried (sin duda con dinero inglés) los ha comprado en masa para meterlos en la Asociación Nacional. (Pues cualquiera puede hacerse miembro de la cochina asociación comprando una tarjeta en Trübner, con una contribución mínima de 3 chelines.) Asimismo, Gottfried ha celebrado una reunión privada con sus partidarios y ha enviado una diputación a Heintzmann para que éste (por atentar contra la dignidad de Gottfried) deponga voluntariamente su cargo de presidente, o se presentará una moción con ese fin. – Por cierto, no debo olvidar que, cuando el escándalo estaba en marcha, mi amigo Rheinländer entró en la asociación (de acuerdo conmigo) e introdujo medio centenar de miembros (en su mayoría dependientes de comercio) de su sociedad coral de Islington, los cuales promovieron el escándalo principal contra Gottfried. –

Rheinländer me dice que el comercio alemán de la City nunca se ha entregado tan fanáticamente a una causa política. Sería impagable que Gottfried se viera obligado a salirse de la Asociación Nacional por haberse arrastrado ante un gobierno extranjero. Con ello su posición ante la gentuza de la clase media alemana tocaría a su fin, y ¿qué es él sin ella? Gottfried siente que aquí le va el ser o no ser, y por eso actúa a su manera. Lo que particularmente le mortifica es que ahora oye por todas partes: «Después de todo, “el pueblo” y “Marx” tenían razón frente a él». En casa de un conocido del impresor Hirschfeld comentó: «La banda de canallas dirigida por un invisible jefe está detrás de toda esta historia». ¿No es hermoso que nosotros, que no movemos un dedo, seamos dotados por nuestros enemigos de tan mística «energía»?

El segundo anexo que te envío (y que te ruego me devuelvas, porque he de contestar) es una carta de la Hatzfeldt. Me la quedaré como corresponsal privada en Berlín, pues ella tiene incomparablemente más entendimiento político (aparte de sus buenos recursos) que «el paso que lleva en sí mismo el principio sistemático de su andar» (Lassalle, Vol. II, pág. 545). (A propósito: ¿tú y Lupus habéis recibido la obra de L.?) Para aclararte dos pasajes de su carta, lo siguiente: En el asunto Blanqui le hice llegar una carta de Bruselas (de Denonville). Se trata, en primer lugar, de dinero para la impresión de un panfleto de D. sobre el –infame– proceso de Blanqui (debates, etc., y razonamiento al respecto). El propio Blanqui, a través de D., me ha hecho transmitir muy calurosamente las gracias, a mí y al parti prolétaire allemand (in partibus), por la simpatía. Considero muy bueno que volvamos a tener relaciones directas con el partido decididamente revolucionario de Francia.

Segundo punto: En la carta a L., en la que le anunciaba que de momento no hay nada que hacer con el periódico, he escrito, para endulzar la píldora, que tal vez vaya en invierno a Berlín.

El juicio de la Hatzfeldt sobre la democracia oficial berlinesa es muy acertado. Con el verdadero pueblo, naturalmente, ella no se codea y, por supuesto, desconoce el tono de las tabernas, que es mejor.

Muchas gracias por la carta sobre América. Si ocurriese algo importante (en lo militar), no dejes de escribirme siempre tu opinión al respecto. Por la imagen que me formé del general Scott –que ahora tiene además 76 años– a partir de la guerra mexicana (véase Ripley), espero de él los mayores desatinos si el viejo asno no es controlado por otros. Sobre todo, lentitud e indecisión. Por lo demás, por los hechos que comunica la Tribune veo que el Norte habla ya abiertamente de guerra de esclavitud y de destrucción de la esclavitud.

Lord Montagu presentó ayer en los Comunes, tal como ya había anunciado, y con motivo del asunto de Schleswig-Holstein, el Protocolo de Londres de 1850 de Palmerston (sobre la sucesión danesa), etc. El viejo recurrió a su medio habitual. Apenas había comenzado Montagu su discurso cuando se le puso un fin espantoso mediante un count out de la Cámara previamente ordenado.

El sábado 21 tengo que pagar impuestos, y me alegraría de que me los enviaras. A principios de julio recibiré de nuevo algún dinero. Que lo traído se haya ya agotado no te sorprenderá, pues a las deudas que motivaron mi viaje se han sumado casi otros cuatro meses –sin ningún ingreso–, ya que la escuela, junto con el médico, se tragaron por sí solos unas 401 libras.

¿Qué hay con lo de L. Simon, sobre lo cual también se dice algo al final de la carta de la Hatzfeldt? ¿Estuvo Simon en la Landwehr? En cualquier caso, tú has pecado más que Ludwig (que no estuvo en ninguna parte en el campo, etc.). No entiendo la cosa. Saludos a Lupus. –

Tu K. M.