en Berlín
Zaltbommel, jueves, 7 de marzo de 1861

17 de marzo de 1861.
Zalt-Bommel. Holanda.
(Dir. L. Philips.)
Querido Lassalle:

Me propongo, como ya te escribí antes, venir de aquí a Berlín para hablar contigo personalmente sobre posibles empresas literario-políticas comunes, pero, sobre todo, también para volver a verte.

Ahora bien, tienes que darme información de lo más precisa sobre el siguiente punto. No tengo pasaporte, salvo un antiguo pasaporte de expulsión francés de 1849. Acudir a la legación prusiana en Londres me resultaba repugnante. Hacerme naturalizar como inglés (como hicieron Freiligrath, Bucher, Zimmermann, etc.) y viajar con pasaporte inglés, tampoco quería. Se plantea lo siguiente: En 1845, cuando el gobierno prusiano me perseguía en Bélgica, obtuve, por mediación de mi cuñado, un certificado de emigración de Prusia. Con el pretexto de que yo había dejado de ser súbdito prusiano, fui, como es sabido, expulsado por el gobierno prusiano en 1849. Sin embargo, conforme a la ley, todos los refugiados que llevaran diez años fuera del país habrían dejado, igualmente, de ser “súbditos” prusianos. Yo nunca me he hecho naturalizar en el extranjero.

Además, según la resolución del Preparlamento de 1848 –resolución que fue admitida como prácticamente vigente por todos los gobiernos alemanes en las elecciones al Parlamento de Fráncfort– todos los refugiados, incluso si ya se habían naturalizado en el extranjero, como Vogt, etc., podían reivindicar de nuevo su ciudadanía alemana y ser elegidos miembros del parlamento en todas partes. Apoyándome en esto, en 1848 solicité ser reintegrado a mi ciudadanía prusiana. El ministerio prusiano de entonces lo denegó, pero solo se atrevió a tratarme como extranjero una vez que la revolución se convirtió en un fiasco.

Prácticamente, en este momento la cuestión solo tiene la importancia de si puedo ir a Berlín sin obstáculos. Si logro traspasar la frontera, nada temo en Berlín, pero en la periferia el asunto es más preocupante.

Sabes que aquí quiero poner en orden unas difíciles relaciones de dinero con mi tío (quien administra la fortuna de mi madre y en épocas anteriores me hizo a menudo importantes adelantos a cuenta de mi herencia). El hombre es tenaz, pero tiene mucha vanidad por mi condición de escritor. Por eso, en tu carta a mí tienes que hablar del éxito (lucus a non lucendo) de mi último escrito contra Vogt, de planes periodísticos comunes, etc., y, en general, disponer tu carta de tal modo que yo pueda conceder al señor tío “la confianza” de comunicársela. Para ello, no debes dejar de comunicar algo sobre política. Vous m’entendez, mon cher.

Con los mejores saludos para ti y la señora condesa.

Tuyo,
K. Marx.

(Zalt-Bommel está cerca de Nimega. No creo que el nombre te sea conocido. Sin embargo, se ha hecho notar a causa de las últimas inundaciones.)

La conspiración de silencio con que toda la prensa alemana ha acogido mi último escrito, exactamente igual que los anteriores, es en verdad muy halagüeña para mí, por mucho que perjudique la venta. Espero que tu estado haya mejorado.