en Barmen
Manchester, miércoles, 27 de febrero de 1861

Manchester, 27 de febr. de 1861.
Querida madre:

Te habría contestado en seguida con gusto a tu querida carta, pero con la presencia de Emil y con los negocios en curso he tenido tanto que hacer que me ha sido del todo imposible. Se marchó ayer por la mañana y espero que esta noche llegue a Engelskirchen. Querida madre, no te hagas ninguna preocupación de que yo pudiera guardar a mis hermanos algún rencor por el asunto del negocio; no pienso en ello. Me fue muy desagradable tener que ponerme yo mismo así fuera del negocio paterno, y no podía resultarme grato el que, respecto a algo que yo consideraba un derecho que me correspondía, se pasara por alto a la ligera con toda clase de razones que no rozaban siquiera ese derecho, y se exigiera mi consentimiento, por así decirlo, como algo que se sobreentiende de suyo. No quiero decir que el asunto no esté también así muy bien y acaso mejor de lo que habría sido posible hacerlo si se hubiera tenido en cuenta mi pretensión, pero precisamente eso es lo que nunca se tomaron la molestia de aclararme, y no puedes negar que, en esas circunstancias, era una exigencia un tanto fuerte para mí el firmar ese documento. Pero con eso el asunto queda también zanjado, y puedes estar segura de que no guardo a ninguno de mis hermanos el menor rencor por ello. Todavía nos necesitaremos mutuamente con bastante frecuencia y, además, sabes que no tengo la manía de hacerme el alma bella incomprendida. Emil, ciertamente, no me ha notado ningún mal humor, y menos aún enfado alguno contra él, y tampoco podía, pues ahora me he resignado por completo al asunto y no deseo sino que el negocio de Engelskirchen arroje muy buenos resultados para los cuatro. — Así que no te aflijas por ello, querida madre; para mí el asunto está tan completamente zanjado que incluso el penoso sentimiento con el que, ciertamente, me dirigí a firmar, está con ello zanjado, eliminado y olvidado. Pensé que, si para mí el asunto era desagradable por un lado, tú, durante las negociaciones, habías tenido que pasar momentos aún mucho más y mucho más desagradables, y me causó de nuevo alegría poder poner fin a todo eso con un trazo de pluma. Puedo conseguir otros cien negocios, pero nunca otra madre. Por lo demás, me va muy bien; Emil estuvo aquí muy contento y te escribió que con Gottfried estamos prácticamente listos, de modo que también este asunto queda ahora por fin en orden. Ahora, adiós, sigue estando bien de salud, cuídate mucho, y saluda muy cordialmente a los Hermann, los Rudolf, los Blank y los Bölling.

Con fiel amor,
tu hijo Friedrich.
| A Elise Engels, Barmen \