en Manchester 
Londres, jueves 14 de febrero de 1861 

14 de feb. de 1861. 
Querido Frederick: 

Has de disculparme mucho por no haber contestado en seguida a tu carta tan afectuosa. Entretanto ya habrás recibido carta del filisteo Freiligrath.3 

He tenido y tengo aún un sinnúmero de ajetreos. Pretendo, en efecto, ir a Holanda para poner en orden mis asuntos de aquí, que de lo contrario se me desbordan. Para ello necesito dos cosas: pasaporte y dinero, y ambas las conseguiré aquí probablemente de una manera u otra. (Quizá tenga que llegar hasta Aquisgrán.)10 

A Lassalle no le he escrito todavía. El asunto de un semanario sería sin duda lo mejor, pero, por otra parte, ¡cuánto se arriesga con la falta de tacto de nuestro amigo cuando está en el lugar mismo, lleva la redacción principal y se halla así en condiciones de meternos a todos en un lío! Él, naturalmente, presentaría la cosa en seguida como órgano del partido, y así uno se haría corresponsable de todas las tonterías y se malograría la posición en Alemania antes de haberla recuperado. Esto hay que meditarlo muy seriamente. 

La conspiration de silence de la prensa alemana perjudica esencialmente la venta de «Herr Vogt». El primer arranque feliz ha quedado así paralizado. La «Aug. Zeit.» parece casi decidida a no publicar tampoco la crítica de Bucher. Al menos esto se decidirá en un par de días, pues no puede aplazarlo mucho más si quiere publicarlo del todo. Kolatschek está seguro. 

Mi mujer te recomienda leer Hans Ibeles, de Johanna Mockel, donde Willich figura como Wildmann, etc., la señora de Brüning como Platonina y Lausekinkel como Don Juan. Yo mismo sólo sé de ese material lo que mi mujer me ha contado. Dice que el libro suministra la prueba plena de que Johann Mockel se arrojó por la ventana por penas de amor. (Por lo demás —by the by— mi mujer está aún lejos de tener el rostro terso, y eso durará probablemente aún un período más largo.) 

En todo caso, está bien por parte del cura Kinkel que saque dinero de las Confesiones del difunto Mockel, vendiéndolas a Cotta, para gastarlo con Minna Werner, que ya le ha dado un hijo. Los curas son la gente más lista. Ciertamente, Johanna Mockel era carne amarga y su aliento también era agrio, a pesar de todo el delirio musical. 

Recibida La Nazione. Muy bien. Ditto el Volunteer Journal. No, en cambio, tu folleto. 

Vogt nunca perdonará a Vincke que éste lo desbanque por completo. 

Por lo demás, los cerdosos prusianos se ponen en ridículo en todos los aspectos. Los lumpacii piden primero a Bonaparte que prolongue su intervención en Gaeta; en segundo lugar, los canallas se han declarado ahora con Bonaparte y Rusia a favor de la persistencia de la intervención francesa en Siria. Austria y, naturalmente, por aparentar, también Palmerston en contra. ¡Y ahora los manejos en el interior! Esa gentuza piojosa tiene que irse a pique. 

A Wilhelm Liebknecht lo han dejado casi en seco también las noticias de América. Uno de los periódicos para los que escribía fue saqueado en Nueva Orleans. 

Salut 
Tuyo 
D