en Barmen  
Manchester, miércoles 13 de febrero de 1861  

En Manchester, 13 de febrero de 1861.  
Querida madre:  

Adjunto los contratos, siete ejemplares; el octavo lo he retenido aquí, firmado, y lo devuelvo. Debo decir que, de no haber sido por ti, me habría costado mucho decidirme a ello. Me ha resultado muy duro, a mi parecer, sin ninguna razón ni pretexto válido, excluirme a mí mismo del único negocio paterno que nos queda y que es seguro. Creo que también tenía un derecho sobre él, y mis hermanos no tenían el derecho de exigirme que renunciara a ese derecho, sin más ni más y sin razón alguna, en su favor. Lo que pedía no era ciertamente desmesurado; además, presenté mi pretensión con tiempo suficiente para que fuera tenida en cuenta en el debate. Emil Blank me dio toda la razón cuando estuvo aquí. Pero a mí no se me ha comunicado nada más, y sólo cuando los demás lo han arreglado todo, vienen y me piden mi conformidad para renunciar a mi exigencia, apoyándose en razones —en la carta de Emil— que podrán ser muy propias de los negocios, pero que yo no habría querido hacer valer de ese modo frente a mis hermanos; y, como consuelo, me ofrecen la seguridad de Emil de que Gottfr. Ermen, según el convencimiento de Emil, no romperá su contrato conmigo. Por este convencimiento se puede poner en la balanza el de nuestro abogado, que ha dicho a Emil más de una vez que el contrato, en tanto que contrato, no me ofrece ninguna garantía legal. Ellos tienen el negocio de Engelskirchen y yo tengo el convencimiento de Emil.  

Querida madre, por ti he reprimido todo eso y muchas cosas más. No quisiera, por nada del mundo, contribuir en lo más mínimo a que tu ancianidad se vea amargada por disputas familiares sobre la herencia. Creo que tanto mi conducta cuando estuve con vosotros como mis cartas han dado suficiente testimonio de que estaba muy lejos de poner obstáculos a ningún arreglo; que, al contrario, de buena gana hacía sacrificios para disponerlo todo según tu deseo. Por eso también he firmado este asunto sin más, no quiero a ningún precio que sigas atormentándote con estas cosas y que te preocupes por ello. Tampoco guardaré rencor a mis hermanos por ello, y ni siquiera mencionaré el asunto en contra de ellos, a menos que me obliguen absolutamente a ello, pues está arreglado y no tengo ganas de darme importancia creyendo haber hecho un sacrificio. Pero considero mi deber decirte abiertamente cuáles fueron mis motivos en este asunto, y se entiende por sí mismo que ni remotamente pienso que tú hubieras podido arreglarlo de manera más favorable para mí. Sé, por el contrario, que durante toda la negociación has pensado siempre también en mí y has hecho cuanto has podido por mí.  

El asunto está ya arreglado y, con esto, punto final. Difícilmente volverás a oír de mí una palabra al respecto; y es natural que, cuando Emil venga, lo reciba tan fraternalmente como siempre; podremos haber tenido opiniones distintas en el asunto, pero no por ello deja de ser un buen muchacho que se ha preocupado mucho por mis intereses aquí.  

La bata está aquí y me sienta muy bien, pues vuelve a helar; pero las charreteras rojas resultan un tanto excesivas para el gusto de aquí. También se me ha colado un joven cazador de ratas que ahora me hace compañía en casa.  

Espero que te hayas curado felizmente de tu resfriado, y que la liberación de todas las preocupaciones por la herencia también te sea favorable. ¡Pero la Sieg debería comprarse a ser posible!  

Saluda cariñosamente a los Hermann, a los Rudolf, a los Blank y a los Boiling. Con fiel amor, tu hijo  
Friedrich.