en Manchester  
Londres, viernes, 18 de enero de 1861  

[Londres,] 18 de enero.  
Querido Frederick,  

Has de disculparme por no haberte acusado aún recibo de las £3. El lunes sufrí una recaída y, como el martes no mejoró, tuve que refugiarme de nuevo en casa de Allen, de modo que en este momento estoy bajo tratamiento médico. El agacharme que la escritura exige me causa dolores, así que no he hecho más que aplazarlo. Ya ves que estoy plagado de males como Job, aunque sin su temor de Dios.  

Siebel —cuyo tiempo parece muy preciado, pues no escribe ni una línea— me ha enviado dos “Kölner Anzeiger” que contienen dos breves reseñas favorables a mi libro. El anuncio de los libreros apareció en la A. A. Z., suplemento del 1.° de enero.  

Quisiera que me enviaras en inglés —pues, según prescripción de Allen, he de abstenerme de toda escritura al menos otra semana—, en inglés, una breve crítica de la amnistía prusiana para el Times, destacando en ella los siguientes puntos principales:  

1) que la amnistía es la más miserable que se ha promulgado en país alguno (sin excluir a Austria) desde 1849; (mezquina, auténticamente prusiana);  

2) que el estado de la “liberal” prensa prusiana ha de juzgarse por el hecho de que arroje loas a esta porquería;  

3) que en Prusia, cada nuevo advenimiento al gobierno, siempre se ha promulgado amnistía para ciertas faltas menores, desobediencia a los gendarmes, injurias a funcionarios, etc., y que la presente amnistía no es en realidad nada más que eso;  

4) De hecho, todos los refugiados —es decir, la revolución entera de 1848-49— están excluidos de la amnistía. A los refugiados “sobre los que pudieran recaer condenas de nuestros tribunales civiles” y a quienes “se permite la vuelta sin obstáculos” (¡como si no fuera “legalmente” libre cualquiera de regresar en todo momento!), se les ofrece la perspectiva de que el Ministerio de Justicia “presente de oficio solicitudes de gracia” por ellos. Con lo que en realidad nada se garantiza. Esta forma absurda supuestamente se ha elegido porque Prusia es un “Estado de derecho”, donde el rey no puede suspender investigaciones por encima de las constituciones. ¡Hermosa comedia de monos en un Estado donde, según testimonio de la pr. Gerichtszeitung (en Berlín), desde hace diez años no ha existido derecho! Aparte de que se podían dictar y anular de inmediato sentencias contumaciales. Muy digna de reconocimiento es esta coquetería “jurídica”, mientras Stieber, Greif, Goldheim siguen todavía paseándose libremente, ídem Simons, Manteuffel, etc.  

5) La mayor porquería es el § 4 de la amnistía, según el cual todos “los que en adelante pudieran ser condenados por los tribunales militares” tienen que “implorar primero la gracia” de Guillermo, quien entonces “adoptará la decisión ulterior a la vista del informe que haya de rendir Nuestro Departamento de Justicia Militar”.  

Aquí ha de considerarse que, con la constitución de la Landwehr prusiana, sólo por vía de rarísima excepción queda un refugiado prusiano fuera del “tribunal militar”; que el “implorar la gracia” está prescrito de modo categórico, y que por esta humillación ni siquiera se promete una contraprestación positiva; por último, que Guillermo necesita la “amnistía” más que refugiado alguno, pues él mismo, desde el punto de vista estrictamente legal, no tenía nada que hacer en Baden, etc.  

El Times acogerá sin duda una crítica así con el mayor placer. Yo se la enviaría simultáneamente a él y a otros periódicos, bajo la firma, naturalmente: “Un refugiado prusiano”. Al mismo tiempo, escribiría una carta privada a las redacciones.  

Es el único medio de valorar como merecen a los perros de Prusia y al suboficial que tienen a la cabeza.  

Tuyo  
K. M.