en Londres  
Manchester, lunes 7 de enero de 1861  

I Mehr 7 de enero de 1861.  
Querido Mohr  

Las revelaciones salen hoy o mañana franco de aquí para Petsch.  
El tipo este lo mejor es que pegue un papelito en la portada: London:  
5 A. Petsch & Co. 1861. Para que se sepa dónde se puede conseguir.  
¿Puedes procurarme el lamento de dolor de Toby?  
A Siebel le escribo.  
En los periódicos alemanes no encuentro, aparte de la Kölnische, ni siquiera  
un anuncio – es curioso, la verdad.  

10 Nuestros viejos enemigos no escapan a su merecido destino. El  
redactor jefe del difunto y bienaventurado «Straßburger Correspondent» era,  
según la «A.A.Z.», «un tal señor Wolfers, de Colonia» – el honorable Wolfers del  
periódico de Dumont –; ¿puedes hacérselo saber a Biscamp para que se lo  
comunique a la «A.A.Z.», y también que ese tipejo no es renano, sino un  

15 piojoso belga? Schwanbeck ha reventado de delirium tremens. El honorable Brüg-  
gemann, desaparecido y olvidado, y Wolfers abiertamente al || soldo bonapartista – ¿qué  
más quieres?  

El rey Guillermo I también se cubrirá ahora honrosamente de ridículo. Cuando  
dice a los berlineses que han ocurrido muchas cosas que no estaban bien, con eso  
20 se refiere probablemente al inevitable cese de Stieber. A propósito, Vo-  
gel Greif, otro amigo, se halla, según informa la «Neue Preußische Zeitung»,  
gravemente enfermo de apoplejía. Es buena señal que la  
tempestad castigue así a esos tipos en sus propios miembros. Que el cambio de trono  
vaya precisamente de la mano con la revolución austriaca, es es-  
25 magnífico. Hasta el semanario del Nationalverein declara ahora que si Prusia  
no se da mucha prisa, Austria tendrá que ponerse a la cabeza de Alemania. En  
Austria la cosa marcha de manera espléndida. Nada más favorable que este emperador Francisco José, tan tozudo como  
irresoluto. La cosa marcha espléndidamente; acabará por desbordar al señor Bonaparte lo mismo que al || Franzi.  

188. Engels a Marx – 7 de enero de 1861  

La cosa en Norteamérica también se pone divertida. Para los esclavos la situación debe ser bien asquerosa, si los sureños se juegan una carta tan arriesgada. El  
menor golpe de mano de tropas irregulares del Norte podría inflamarlo todo.  
En todo caso, parece que la esclavitud, de un modo u otro, toca a su fin rápidamente,  
y con ella, por tanto, la producción de algodón. Cómo reaccionará esto sobre 35  
Inglaterra, se verá bien pronto. Y con movimientos tan gigantescos, un asno como Bonaparte se cree capaz de  
pescar a la larga en aguas revueltas.  

Muchos saludos  
Tuyo  
F. E.