26 de diciembre de 1860.  
Dear Frederick,

El recorte adjunto del anuncio del «Herr Vogt» en la *Grenzpost* de Ginebra permite reconocer ya, por las enormes letters, el amor de Braß por Vogt. Por lo demás, en los últimos 5 números de la *Grenzpost* hay artículos muy buenos.

En Londres, según me ha comunicado Petsch ayer, se han colocado hasta ahora 80 ejemplares. En cambio, se queja de que en Manchester, sin embargo, «ni uno solo».

Por lo demás, en los periódicos alemanes, que yo sepa, no ha aparecido nada hasta ahora, salvo en la «Reform», que ha publicado una serie de notas (benevolentes) y ha prometido un largo artículo para la próxima semana. Con la *Allg. Augs. Zeit.*, la cosa es curiosa. Ha recibido 2 extensas críticas: la una de Schaises Biscamp, la otra, para el suplemento, del señor L. Bucher. Y todavía ni una palabra. But nous verrons.

Así pues:

1) L. Simon. El libro estaba casi terminado hasta la última página cuando, una tarde tardísimo, yendo corriendo a casa de Hirschfeld por la corrección, pasé antes un momento por la City a la oficina del amigo Rheinländer. Este me contó con cara de lo más fidel que el joven Höchster (hijo del abogado) había venido de París a Londres y allí había entrado en el negocio. Rheinländer conocía muy bien de París a Höchster, padre e hijo. El joven Höchster, a quien vi luego una vez en casa de R., es un muchacho inofensivo, carente de todo, no diré opiniones políticas, sino representaciones políticas. Había sido empleado en casa del banquero Königswärter o similar (de este conocido nombre bonapartista no estoy completamente seguro en este momento), donde L. Simon era el chief clerc. R. interrogó a Höchster sobre la suave Kunigunda. ¡Ah!, dijo este, no nos gusta tenerlo en la oficina. Aunque es el chief de los clercs, es tan temeroso que a cada paso le consulta al principal; tampoco entiende gran cosa del negocio, está de mal humor, y además ocupa una gran parte de su tiempo en la política. El célebre E. About está casi todas las tardes con él, trabajan juntos; yo mismo he visto cómo revisaban las correcciones de uno de sus escritos comunes. Bajo cross examination de R., resultó que «La Prusse en 1860» era ese trabajo común. En la oficina bonapartista de Königswärter, L. Simon se jactaba rather de su vinculación con E. About, y el joven Höchster, que en política es como un niño recién nacido, creyó estar comunicando a R., de quien naturalmente no sospecha en lo más mínimo, algo muy encomiástico acerca de L. S. Lo más singular es que luego, en la comida en casa de Zimmermann (a la que Höchster junior no fue invitado), R. preguntó muy cándidamente al viejo Höchster qué opinaba de mi denuncia contra L. S. Höchster ainé declaró que por principio no se había ocupado más de política desde hacía años, pues ya lo había arruinado dos veces. Sin embargo, la cosa le parecía increíble, pero R. insistió en que yo poseía una fuente muy «fidedigna».

2) Blind se ha vengado de manera espantosa. Ha rescindido su clientela a Petsch et Co. Esto es «la venganza del ciego». ¡Viejo Žižka!

3) Sobre Freiligrath —que hoy se relamerá con el emplasto que tú le has puesto en el hocico resfriado— y el fundamento material de su conexión con Blind ya te escribí antes, si no me equivoco. La cosa fue, con toda exactitud, así:

En la época de la celebración de Schiller (1859), el noble poeta, por medio de su agente Blind, ofreció la famosa cantata primero a la dirección del Crystal Palace. Ésta debía pagarle en cash contante, 40 £.St. down, por la autorización para imprimir la afamada cantata y venderla en el Crystal Palace el día de la celebración de Schiller. La restante distribución se la reservó el poeta mercantil. La dirección dio las más expresivas gracias por la bondad y rogó al señor F. que él mismo se fuera a pregonar su cantata.

Entonces el noble, supuestamente a sus propias expensas, hizo imprimir 20.000 ejemplares de esa mierda en Hirschfeld. Costes de producción: 40 £. Según el plan del noble poeta, la mitad del ingreso debía consagrarse a la institución Schiller, la otra mitad a sus *propriis laribus*, de manera que, deducidos los costes de producción (a 6 peniques el ejemplar, que era su precio), habría cleared 210 £.St. para sí y, encima, habría alardeado de su generosidad en Alemania.

Pero la cuenta se había hecho sin el posadero. Se vendieron acaso (en total) en toda Inglaterra unos pocos cientos de ejemplares, y ello solo mediante la más extremada violación por parte de particulares.

Así pues, Holland estaba en apuros. Blind trabajó entonces de la mañana a la noche y de la noche a la mañana para mover al comité Schiller de Londres a pagar los costes de impresión, lo que por fin, tras enconados debates, se logró. Hinc illae lacrimae.

Los muchos ejemplares almacenados los ha confiado Freiligrath a su ciego amigo para la distribución, y este incansable trapacero menudero intrigó todavía en noviembre último (1860) una celebración propia de Schiller en Londres, para liquidar la maculatura de F. Nada de extraño, pues, que F., como antes, esté «cerca» de su Blind. F. entiende de su provecho privado como ningún otro, y el shopinterest (la fama de poeta, por supuesto, incluida) avant tout.

Aún cabe mencionar, con esta ocasión, una drollery característica de Blind.

Sin informar al amigo Freiligrath ni al amigo Kinkel, el profundo Blind había hecho imprimir en el mayor secreto (con cargo al conocido fondo de los 1001) algo preliminar, o un algo preliminar, sobre Schiller y Blum. A las siete y media de la mañana, cuando nadie pensaba aún en maldades, apostó a la entrada del palacio una caja con su «hoja volante radical», vigilada por recaderos prestados del *Morning Advertiser*, que ponían el bodrio en la mano a cada visitante. Si alguien preguntaba cuánto costaba, se le cobraba, según su apariencia exterior, 6 peniques, 3 peniques o hasta 1 penique. Si no preguntaba, recibía el bodrio gratis. Y así, antes aún de que el discurso de Kinkel o la cantata de F. estuvieran en el lugar, el muy ladino badense les había tomado la delantera y había endilgado su bazofia a Dios y al mundo.

Salut. Los niños otra vez en casa. Saludos a lupus.

Tuyo  
/ Thanks for the article I