en Manchester  
Londres, miércoles, 28 de noviembre de 1860  

I 28 Nov 1860  
Querido Engels,

Mi mujer está ahora fuera de peligro. Díselo en seguida a lupo con mis mejores recuerdos. La cosa durará mucho y, en cuanto esté curada, según dice Allen, tendrá que irse de aquí por lo menos 4 semanas.

En lo que a mí respecta, he sido vacunado de nuevo ayer —ya que el peligro de contagio, contando desde ayer 10 días, es ahora mayor. Ídem Lehnchen. Una circunstancia que me ha sido muy útil fue un espantoso dolor de muelas. Anteayer me hice sacar la muela. El tipo (se llama Gabriel) me ha extraído, ciertamente, la raíz, tras grandes dolores físicos que me ha causado, pero ha dejado un fragmento de astilla clavado. Así, tengo todo el rostro dolorido e hinchado, y la garganta medio cerrada. Esta presión física fomenta mucho la incapacidad de pensar y, por tanto, la fuerza de abstracción, pues, como dice Hegel, el pensar puro o el ser puro o la nada son idénticos.

Durante estos 10 días, la severidad del aislamiento se ha incrementado.

Naturalmente, en este estado no puedo escribir, y como la letra de cambio de 50 libras sobre Dana, girada hace 2 meses y medio, de todos modos no ha sido debidamente saldada, ya que mi mujer ya antes de su enfermedad padecía toda clase de trastornos nerviosos, y así se produjeron toda clase de quebrantos —por lo cual me encuentro en un gran aprieto—, te ruego que me escribas con la mayor frecuencia posible al menos durante 2 semanas. En las actuales circunstancias parecería, al menos en apariencia, apropiado escribir a mi vieja. Pero desde que se casó con el suboficial prusiano metiéndolo en casa, todo trato ha cesado a raíz de algunas observaciones por mi parte. Los atropellos desde todos los lados han aumentado espantosamente. La mayor parte de las 101 libras la he ido regalando para apaciguar, por lo menos, algunas partes. A ti, que haces más de lo posible, no te escribiría nada de esto, pero ¿qué hacer? Pero ¿qué hacer? Además, no puedo actuar en ninguna parte, pues, cosa extraña (explicable seguramente por la mejoría), no puedo salir de casa, ya que mi mujer, precisamente ahora, cuando debo verla lo menos posible (cosa que, naturalmente, no debe decírsele), quiere tenerme constantemente a su alrededor.

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150. Marx a Engels – 28 de noviembre de 1860

Allen opina que, si no hubiera sido vacunada dos veces, no habría salido de ésta. Tal como están las cosas, él mismo considera la small pox como una suerte. Pues, me dijo ayer, su estado nervioso era tal que prefiere esta enfermedad a una fiebre nerviosa o algo similar, hacia lo cual habría derivado.

Los pobres niños se angustian mucho. Allen los vacuna a ellos y a toda la familia Liebknecht el viernes.

Supongo que recibirás el «Herr Vogt» el viernes. La semana pasada hubo cierta demora porque no pude hacer a tiempo la revisión de los últimos pliegos.

Muchas gracias por el vino. Allen ya me había prescrito vino antes de que llegara, junto con otras medicinas que no son tan agradables.

DKMI

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Jenny Marx (hija) a Karl Marx  
en Londres  
Londres, fines de noviembre/principios de diciembre de 1860  

I 3. Hoxburgh Tenace.  
Mi querido Challey,

Como el paso hacia el número 9 de Grafton Terrace está cerrado, tengo que enviarte estas líneas por correo. Había esperado, dando alguna excusa u otra, saltarme la fiesta de la señorita Hentzsch este año; pero ayer me enteré de que esta señora Seiler ha invitado a unas 30 personas para oírnos cantar el coro y, como sólo hay 3 chilladoras contraltos, clase de animales a la que pertenezco, no podemos de ninguna manera faltar. Los vestidos rosas no podemos ponérnoslos, los blancos aún no están hechos y Helen, estoy segura, anda con las manos llenas. El gran acontecimiento será dentro de quince días. Qué vergüenza tener que preocuparte con estas tonterías; suspiro por el momento en que Möhmchen vuelva a estar bien, es tan triste estar lejos cuando alguien está tan enfermo en casa. La pequeña Tussy se porta maravillosamente; al lado de esa Alice que chilla eternamente, es un ángel perfecto.

Como Ernestinchen está (después de haber reñido, como de costumbre, con la pobre Wilhelmchen) lista para acompañarme al infierno de torturas de casa de Craiggie, debo, con muchos besos de todos nosotros, despedirme y

soy, mi querido Challey, tu cariñosa  
Jenny. |

P.D. El vino y la tarta estaban deliciosos, nos pusimos bastante achispados; pero de verdad no deberías enviarnos tanto, pues estoy segura de que lo necesitas tú más que nadie después de todo el trabajo y las molestias que has tenido. ¿Cómo marcha el libro? |

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Jenny Marx (hija) a Marx, fines de noviembre/principios de diciembre de 1860  
Primera página

Jenny Marx (hija) a Marx, fines de noviembre/principios de diciembre de 1860  
Tercera página

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